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Hace unos días alguien me comentaba que lo más importante para ver resultados era la constancia en el ejercicio. Le di la razón porque es necesario ser constante en lo que sea que uno se proponga para tener éxito, pero más allá de la constancia uno debe de ser consistente en su accionar. ¿A qué me refiero? ¿No es la misma cosa? Por supuesto que no, ser constante, es ir al gimnasio 3 veces a la semana. Ser consistente es seguir un programa de entrenamiento durante un tiempo exacto antes de cambiarlo.

A cuántas personas no conocen que pasan de ciclismo, a artes marciales mixtas, a bootcamp, al gimnasio, a correr, solo por mencionar algunas de las prácticas de ejercicio que existen en el país, porque no logran los resultados que esperaban. ¿Cuál es el mayor problema de estas personas? Son personas que se distraen fácilmente, siempre andan buscando lo más nuevo, lo último, lo máximo, lo que está de moda y promete resultados rápidos. Lamentablemente se les olvida que para que una rutina de ejercicio sea efectiva necesita desempeñarse consistentemente por un periodo de tiempo. Y aunque es bueno que las personas realicen un esfuerzo por ejercitarse, el cambiar constantemente no permite al cuerpo adaptarse al estímulo físico y reduce las oportunidades de alcanzar esos resultados.

El ejercicio es un estrés físico aplicado al cuerpo. La aplicación repetida del estrés del ejercicio ocasiona adaptaciones fisiológicas para que el cuerpo pueda ser más efectivo en el manejo de dicho estrés. Este principio de adaptación específica a la demanda impuesta, establece que el cuerpo se adapta a la demanda fisiológica específica impuesta por el programa de ejercicio. De ahí los otros principios del ejercicio, diseño y progresión y sobrecarga, dictan que para ser efectivo, el ejercicio necesita retar al cuerpo para que trabaje más fuerte y gradualmente aumentar la intensidad o complejidad del estímulo. Para que esto tenga efecto, requerimos de seis a doce semanas con un nivel de intensidad adecuado acompañado de una buena alimentación para poder ver resultados.

Uno de los mayores problemas con las personas que no son consistentes es que cuando ocurre un problema (va a pasar indudablemente) y la persona deja de ver resultados, se les hace demasiado complicado diagnosticar por qué pasa lo que pasa y no se puede determinar un plan de acción que permita superarlo. No existe tal cosa como el fracaso sin motivo, ni en la vida ni en el mundo del ejercicio, pero debemos poder darnos la oportunidad de revisarnos y ajustar un programa en vez de desecharlo por completo y empezar de cero. Estos ajustes son todo parte del plan y si no nos permitimos identificar los problemas lo más seguro es que los errores se repitan.

Así que el éxito se alcanza con una buena combinación de consistencia, esfuerzo y constancia ya sea que tu meta sea fuerza, construir músculo, tonificar o reducir porcentaje de grasa. Te invito a evaluar lo que estás haciendo hoy en día y poder analizar con honestidad que está ocasionando que estés teniendo éxito y que puede estarte deteniendo. Si no estás siendo consistente, tal vez valga la pena entregarte nuevamente a ese programa de entrenamiento por un periodo adecuado cuidando mucho de tu alimentación antes de descartarlo por completo e intentar algo nuevo de lo que hay en el mercado. Posiblemente no sea la práctica que estás realizando la equivocada sino que no has dado tu mejor esfuerzo.