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  • EFE

En nuestro entorno la relación entre “alimentación” y “salud”, aunque parezca extraño, es bastante reciente. En épocas anteriores nuestros antepasados comían simplemente “lo que podían”, sin entrar en discriminaciones de ningún tipo y por supuesto sin relacionar la alimentación más que con una estrategia de supervivencia y no como un determinante de la salud presente y futura.

Es necesario por lo tanto, plantear la necesidad de adquirir conocimientos y recibir información sobre la alimentación y los alimentos. En definitiva: “Aprender a Comer”. Así podremos decidir con solvencia sobre los dos aspectos claves y transcendentes de nuestra gestión alimentaria y de ese modo orientar esta hacia la mejora de nuestra salud: qué comemos y en qué cantidad.

En estos dos aspectos se puede prácticamente resumir lo que es una alimentación sana, siendo el primero el que requiere lo que podría ser un aprendizaje y el segundo una adaptación o pequeño esfuerzo, y ambos conjuntamente, una atención y un “estar pendiente” como de tantas otras cosas en nuestra vida.

La complementariedad de los alimentos
Los nutrientes son aportados por la totalidad de los alimentos, no existiendo un alimento completo, y sí una complementariedad entre todos ellos. Precisamente esto hace que sea necesario ingerir de forma consciente y premeditada una variedad y combinación de los mismos que de forma equilibrada aporten todo lo necesario.

Independientemente de la función puramente energética los alimentos tiene una capacidad “funcional”, es decir, deben aportar algo más para que al consumirlos se provoquen mejoras en determinadas funciones y en nuestro organismo en general, llegando incluso a actuar como preventivos y a veces como tratamiento de diferentes enfermedades.

Los alimentos se clasifican en energéticos, plásticos y reguladores y atendiendo a estas propiedades los clasificamos en siete grupos: 1.- Lácteos (leche, queso, yogurt). 2.- Carnes, pescados, huevos. 3.- Patatas, legumbres, frutos secos. 4.- verduras y hortalizas. 5.- Frutas. 6.- Cereales y azúcares. 7.- Aceites y grasas.

Una alimentación sana y saludable en primer lugar debe combinar varios alimentos de cada uno de los 7 grupos en una determinada secuencia y sencilla organización que establece la clave “cualitativa” de la alimentación.

Una vez estructurado el componente cualitativo debemos tener presente el segundo aspecto: la cantidad que comemos. Y llegados a este punto hay que imponer una palabra sobre todas: moderación. El ser humano funciona mejor y vive más cuando come pocas cantidades.

La gastronomía ha sido y es esencial en nuestra evolución fisiológica y cultural. La forma de preparar los alimentos puede y debe ser variada y ahí debemos incluir todos nuestros conocimientos y habilidades en la cocina. Es perfectamente compatible toda la gama de sabores que aporta la riqueza gastronómica y culinaria que queramos aplicar si jugamos con las cantidades y las calidades como hemos descrito.

No se debe canalizar la ansiedad hacia la comida

Finalmente hay que tener cuidado con tus hábitos y tendencias y debemos frecuentemente analizarlos y reconsiderarlos. Es importante aprender a no canalizar la ansiedad y el aburrimiento hacia la comida. Procurar comer despacio y aprender a saborear los alimentos. Igualmente debemos saber dosificar nuestras excepciones. Tener mucho cuidado con el alcohol y los condimentos que aplicamos a nuestros platos y ser muy moderado en ambos aspectos.