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Después de un buen descanso nocturno, los niveles de azúcar (glucosa) en la sangre son muy bajos, dado que mientras duermes tu organismo ha estado sin recibir alimentos durante 6 o 10 horas, por lo que el cuerpo básicamente está vacío en la mañana, comentó la nutricionista Luz Haydée Herrera. De ahí que tomar un tiempo de 15 minutos para el desayuno, rompe el ayuno y repone los niveles de glucosa, la cual es la fuente de energía del cuerpo.

“Indispensable para el equilibrio alimenticio, la importancia del desayuno radica en que permite reconstituir las reservas para afrontar la jornada. No tomar un buen desayuno equivale a exponerse a un momento de debilidad y tener que comer necesariamente algo hacia las 11 de la mañana”, refirió la experta en nutrición. Entonces conviene tomar un buen desayuno que contenga un correcto índice glicémico.

Energía para el cerebro
El cerebro se alimenta de glucosa, pero no tiene la capacidad de almacenarla, comentó la especialista. Por ello, se tiene mayor y mejor concentración cuando se desayuna. De esta forma, si la persona tiene un trabajo importante que hacer en la mañana, debe asegurarse de comer bien para que su cerebro pueda tener un mejor desempeño.

Energía para los músculos
Cuando desayunas, la glucosa también alimenta los músculos, generando de esta forma que te sientas menos cansado y con más energía para trabajar. Según Herrera, es importante comer un desayuno nutritivo y saludable que contenga granos, pues su digestión es de forma uniforme y mantiene tus niveles de energía durante todo el día. En cambio, si optas por consumir productos azucarados, estos elevarán tu nivel de glucosa, provocándote luego una recaída, es decir un cansancio inmediato, además de ganar más peso.

Baja de peso
“El desayuno ideal debe proporcionar al organismo vitaminas procedentes de las frutas o de los cereales, así como una buena dosis de calcio, que se encuentra en los lácteos. Además en el caso de los niños, el desayuno les permite combatir la obesidad”, aseguró la especialista. Algunos estudios recientes han demostrado que las personas que no desayunan, suelen tener más sobrepeso que las personas que comen un desayuno nutritivo.

Así pues, desayunar reduce el hambre durante el día, por lo que es más fácil evitar comer en exceso. Pero cuando se omite el desayuno, la persona va a sentir hambre más tarde y querrá buscar una solución rápida: comer galletas, papas o cualquier otra cosa que encuentre a su disposición. Asimismo, el ayuno prolongado puede aumentar la respuesta del cuerpo a la insulina, provocando el almacenamiento de grasa y por ende el aumento de peso. De hecho, saltarse el desayuno aumenta el riesgo de obesidad.

Desayunar permite mantener los niveles nutricionales adecuados que, al complementarse con las otras dos comidas diarias, le ofrece a nuestro cuerpo las vitaminas, los minerales y nutrientes que requiere para funcionar correctamente.