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Los trastornos adictivos abarcan un amplio espectro de problemas relacionados con sustancias tóxicas, pero además también existen las llamadas “adicciones sociales”, que son las que se producen por conductas y comportamientos de los que las sufren. 

“Cualquier actividad que sea muy gratificante para el que la haga, puede convertirse en adictiva, aunque siempre dependerá del modo en el que se lleve a cabo, así como de la presencia de algunos factores de riesgo”, afirma José Antonio Tamayo, psicólogo del Centro Activa Psicología.

Las compras “consumistas” no son una excepción a todo esto y pueden llegar a constituir un problema clínico de falta de control del impulso, además de ocasionar perjuicios en otras áreas de la vida de la persona.

La razón de ser de este potencial adictivo reside en el efecto que produce comprar en el estado emocional del ser humano. “Un adicto a las compras tiene el deseo intenso de hacerse con un artículo sin ser necesario, es decir, el llamado “capricho” y, en la mayoría de las veces, supera las posibilidades económicas. Esta actividad no se planifica, ya que se decide sobre la marcha y tiene carácter impulsivo”, explica el especialista.

Cuando se compra el objeto, se experimenta una gran excitación emocional. De hecho, cuanto mayor sea el tiempo de espera hasta que la persona se hace con el producto, más aumenta la intensidad del deseo.

Asimismo, hay otras circunstancias, como los conflictos familiares o laborales, o la simple monotonía, que pueden contribuir a reforzar el comportamiento consumista y a aliviar los estados desagradables como la ansiedad y la tristeza.

“A nivel neurobiológico, las sustancias adictivas activan un mecanismo mediado por la dopamina, que es la responsable de la sensación de placer. Es probable que este circuito esté implicado en algunas adicciones sociales, como las compras compulsivas”, señala.

No es un trastorno

“Resulta difícil delimitar cuándo el comportamiento de comprar entra dentro de lo normal, cuándo es excesivo o cuándo llega a ser patológico”. El grado de trastorno depende de lo que cada sociedad considere aceptable para sus miembros, que, a su vez, puede variar según las situaciones. Como asevera el especialista, el concepto de lo normal y lo patológico sigue siendo algo resbaladizo y difuso a la hora de aplicarlo al comportamiento humano.

“En nuestra sociedad se acepta este comportamiento. Es más, se alientan las compras en ciertas festividades o en el periodo de rebajas”

Es cierto que algunas prácticas o hábitos de compra son problemáticos para la persona que los realiza, aunque en diferentes grados. Sin embargo, no hay aún un acuerdo en sí sobre qué debe considerarse un trastorno como tal, un síntoma más de otra adicción asociada o un problema secundario que es consecuencia de otra patología psicológica.

Gastar por gastar

Vivimos en una sociedad del bienestar y comprar ya no es un medio para alcanzar otros fines, sino que se ha convertido en un fin en sí mismo. “No es anecdótico el hecho de que una afición que comparten muchos miembros de la población consiste en ir de compras”, subraya. Normalmente, se hace en compañía de otras personas. Esto además se confirma a la hora de decir que “nos vamos de compras” y no que “vamos a comprar…”, ya que no se planifica lo que se busca comprar, sino que se decide sobre la marcha.
Entre las razones que favorecen el consumismo, el especialista señala las siguientes:

Estar a la última

Las modas y el deseo de seguirlas para no quedarse desfasado.

Oportunidades

Las rebajas, ofertas y descuentos pueden inducir en el consumidor la idea de que no deben dejar pasar la ocasión. Después, racionalizan la compra como algo necesario o útil.
Socialización

Comprar puede ser pretexto para una situación social, como quedar con amigos o familiares. “De la misma forma que se come y se bebe con más personas aunque no se tenga hambre ni sed, también se puede comprar por comprar para pasar el rato con otros”.

Desconexión

Esta actividad puede servir como una vía de escape ante los problemas. Es un medio para levantar el ánimo o motivarse para hacer algo, como darse un capricho como premio.

¿Son ellas las grandes adictas?

La diferencia entre hombres y mujeres en este aspecto se encuentra en el tipo de productos que estos adquieren y no en la adicción a las compras, al contrario de lo que se suele pensar. Ellas se decantan más por la cosmética, la ropa o los accesorios, mientras que los varones se inclinan más por las nuevas tecnologías.

“La causa de que sea el sexo femenino el que disfrute, en muchas ocasiones, más de este hábito es que tiene una mayor preferencia por relacionarse con otras personas y lo hacen a través de las compras. Además, otra razón para esto podría ser que la sociedad no haya visto con buenos ojos esta actividad en los varones”, resalta José Antonio Tamayo.