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La búsqueda del compañero perfecto, la consolidación laboral y el sueño del techo propio son apenas algunas de las tantas razones por las que en la actualidad muchas jóvenes deciden poner en pausa el proyecto de ser madres. Está claro, para muchas la prioridad es otra. Pero, ¿qué sucede cuando el deseo de quedar embarazada se hace presente y se ha pasado la barrera de los 35 años de edad? 

Según un artículo expuesto en el sitio web Salud Femenina, en la mujer, desde la vida intrauterina, comienza una reducción sustancial de la reserva ovárica en términos de ovocitos. Desde el quinto mes de la vida intrauterina hasta el nacimiento, la gónada femenina pierde aproximadamente un 85% del contenido de ovocitos. Al momento del nacimiento, la niña presenta alrededor de mil millones de folículos. 

Luego estos mecanismos de apoptosis (muerte celular programada) se enlentecen y a la edad de la menarca los ovarios contienen de 300,000 a 400,000 folículos. De estos, no más de 400 ovularán durante la vida. A partir de la menarca, se pierden aproximadamente 1,000 folículos por cada ciclo menstrual y luego de los 35 años, esta pérdida se incrementa hasta su desaparición en la menopausia. 

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La realidad

La edad de plenitud biológica de la mujer sería la década de los veinte, con mejores índices de fertilidad y resultados obstétricos. Luego de la década de los treinta comienzan cambios endócrinos y reproductivos. Este largo período se denomina transición a la menopausia, cuando los cambios son inicialmente muy sutiles e imperceptibles. Esto se refleja en la disminución de las tasas de fertilidad, en el aumento de abortos espontáneos, simultáneamente aumento de complicaciones obstétricas y perinatales. 

Mucho ojo

Ante la imposibilidad o la demora de poder concebir un hijo de manera natural, muchas parejas recurren a diversos métodos de fertilización. Los factores que inciden en un problema de fertilidad son el estrés, ansiedad, mala alimentación, drogas, abortos recurrentes, ciclos irregulares, enfermedades crónicas ( diabetes, hipertensión, asma, endometriosis), cigarrillo y, por supuesto, la edad.