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Existen múltiples elementos ambientales, como los rayos ultravioleta (UVA - UVB) y la luz visible, que pueden dañar la piel, siendo estos factores externos hasta cierto punto modificables, ya que están determinados por el entorno que nos rodea, por nuestra salud en general y por las opciones que elegimos en nuestro estilo de vida. Las temperaturas extremas y la velocidad de cambio entre ellos ejercen un impacto sobre la salud de la piel.

Hay quienes en su afán de cuidar la piel, cometen errores al utilizar productos agresivos de limpieza, además de darse duchas o baños frecuentes durante demasiado tiempo y con agua muy caliente. En opinión del doctor Luis Alberto Quintanilla, dermatólogo del Instituto Médico Ganna, una dieta equilibrada ayudará a conservar la salud de la piel, además de ciertos medicamentos y procedimientos médicos. También, el manejo del estrés, la práctica de ejercicio regular, la calidad del sueño y evitar fumar, son algunas de las recomendaciones que combaten los efectos causados por los factores ambientales en nuestra piel.

El sol

Permanecer fuera, en el sol directo, especialmente cuando alcanza su mayor intensidad, entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde, es la primera advertencia que nos indica el dermatólogo. También nos recuerda que tenemos que usar productos de protección solar en las partes expuestas del cuerpo y en la cara, como componentes de una pauta diaria de cuidado cutáneo. Asimismo, hay que tener en cuenta la protección solar incluso en días nublados. Debemos cubrirnos la piel expuesta con ropa, y la cabeza y el rostro con un sombrero de ala ancha. END

Frío y húmedad

“Es importante mantener la piel humectada, en el caso de estar en lugares fríos o secos, ya que la piel reacciona estrechando los vasos sanguíneos para proteger el cuerpo frente a la pérdida excesiva de calor”, según explica Quintanilla. Las temperaturas frías persistentes reducen la secreción de las glándulas sebáceas y causan la desecación de la piel. En condiciones de calor y humedad, las glándulas sudoríparas producen más sudor, dejando la piel húmeda y brillante y en algunos casos, la hace propensa al acné. Por lo tanto, hay que realizar lo contrario, hacer que disminuya la secreción de las glándulas sebáceas.

Limpiadores

La sobreexposición al agua, así como el uso de productos de limpieza agresivos puede resecar nuestra piel y debilitar su función de barrera. Las siguientes sugerencias de limpieza que nos brinda el experto, pueden contribuir a mantener la piel sana: disminuir la duración del baño y la temperatura del agua. El agua caliente y las duchas o baños prolongados eliminan los aceites de la piel. Elegir un limpiador suave sobre la piel. Lo mejor es secarse por medio de toques en lugar de frotar la piel para que esta retenga alguna humedad (los productos a base de aceite son más eficaces cuando se aplican sobre piel húmeda); e hidratarse bien la piel después de limpiarla.

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Fumador pasivo

“El humo del tabaco es una gran fuente de radicales libres que daña la piel. Fumar hace que con el tiempo, la piel luzca envejecida", manifiesta Quintanilla. Este hábito contribuye a la formación de arrugas, pues contrae los minúsculos, y los vasos sanguíneos de las capas inferiores de la piel; y con ello disminuye la circulación sanguínea y se agota el oxígeno y los nutrientes, como la vitamina A de la piel. Además se daña el colágeno y la elastina, las fibras que dan a la piel su resistencia y su elasticidad.

El médico concluye recordándonos que el uso de protector solar es esencial para evitar el envejecimiento prematuro, además que nos previene de otras enfermedades causadas por el sol, como el cáncer de piel.