Paula Andrea Arce de Chamorro
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¿Habías oído hablar de la flora intestinal anteriormente? Este término hace referencia al conjunto de microorganismos vivos que habitan nuestro intestino (sobre todo el colon, que es la porción final del intestino). Estas bacterias estando ahí ejercen influencia sobre nuestro organismo y el funcionamiento intestinal.

Estas bacterias colonizan nuestro intestino en el momento del parto, la lactancia y posteriormente con el inicio de la alimentación del bebé y  a lo largo de la vida.

Las bacterias de la flora intestinal están en una cantidad sorprendente,  casi 10 veces más que la totalidad de las células de nuestro cuerpo y participan en ciertas funciones como:

Ayudar en el proceso digestivo.

Nutrir las células del intestino con ciertos productos y sustancias que producen.

Facilitar la absorción de algunos nutrientes como el calcio, hierro y magnesio.

Producir vitaminas y minerales como la biotina, ácido fólico, complejo B, vitamina K y E, indispensables para nuestra vida.

Mejorar las defensas de nuestro organismo haciéndolo más resistente a las infecciones.

Ayudar a metabolizar el colesterol y además participar en la regulación de los niveles de glucosa en sangre.

Impedir el crecimiento de otras bacterias que ocasionan trastornos de tipo digestivo.

Cuando la flora intestinal está alterada y desbalanceada se pierden todas estas funciones y además la digestión se hace más lenta, hay gases, flatulencia, heces fétidas y oscuras además estreñimiento y mucha colitis, también se puede presentar infecciones con más frecuencia y alergias sobre todo respiratorias y de la piel.

La flora intestinal se puede alterar y estar desbalanceada cuando hay una mala alimentación con un consumo pobre de fibra, frutas y vegetales o  luego de recibir tratamiento con antibióticos o con analgésicos, también  luego de tratamientos con medicamentos de quimioterapia o por recibir radioterapia.

Si quieres mantener sana la flora intestinal es necesario:

Establecer una dieta equilibrada con 2 a 3 porciones de frutas  y 3 a 4 tazas de  vegetales y verduras frescas en el día.

Consumir abundantes alimentos ricos en fibra soluble como cereales, productos integrales, semillas, panes integrales entre otros.

Tener un consumo regular de probióticos (son alimentos que contienen bacterias buenas que ejercen su función benéfica), como los que están en el yogurt.

Consumir abundante cantidad de agua de 1.5 a 2 litros al día.

Evitar el consumo de proteína animal ya que esta la prefieren las bacterias que no son tan buenas y se facilita que proliferen ocasionando síntomas molestos.

Implementar el consumo de proteína vegetal (frijol, lenteja, garbanzo).

Incrementar el consumo de probióticos que son sustancias que facilitan el crecimiento de las bacterias, como por ejemplo las ciruelas, la insulina, los frutos secos, las raíces entre otros.

Es necesario que entendamos que no todas las bacterias y microorganismos hacen daño a nuestra salud, por el contrario muchas de ellas ayudan a que mantengamos el balance y podemos funcionar adecuadamente, vale la pena modificar nuestros hábitos para mantener una flora intestinal saludable.