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En un inicio pensaba ser arquitecto, pero la tragedia del huracán Mitch le cambió la vida, pues trabajó con su papá ayudando a la población damnificada y ese fue motivo suficiente para decidir que deseaba estudiar medicina, hasta ser hoy en día uno de los neumólogos pediatras más jóvenes de Nicaragua.

Jorge Ernesto Alemán Zapata es nativo de León, donde cursó toda su educación básica y se graduó como médico general en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua UNAN-León. 

Comparte que insistió hasta el cansancio para lograr una visa en la embajada de México e ir a realizar  el examen de clasificación en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias del país azteca, prueba que aprobó y luego viajó para especializarse en esa rama de la medicina. Después de más de 15 años en las aulas universitarias, laboratorios, hospitales y  clínicas,  está de regreso en su natal León, donde atiende a la población en el Hospital-Escuela Oscar Danilo Rosales y en su clínica privada. 

El doctor Alemán Zapata atiende la mayoría de enfermedades respiratorias como tos crónica,  tuberculosis pulmonar, asma, discinesia ciliar, malformaciones congénitas, neumonías o enfermedades infecciosas propias del pulmón, enfermedades de la vía aérea superior, desde los  resfriados comunes hasta rinitis, otitis, amigdalitis, o enfermedades como trastornos del sueño, entre otras.

¿Cuál es su máxima aspiración? 

Siempre mantenerme con mi familia, mis  hijas son lo máximo para mí,  estar allí cerca de ellas. Quisiera montar una unidad de respiración neumológica, tengo unos amigos con los que hemos estado pensándola, montarla y quedar como un centro de referencia, ese es un sueño que tenemos entre nosotros y también para no estar saliendo del país, tener una subespecialización acá, porque aquí hay buenos recursos que se pueden utilizar, solo es cuestión de contar con algunos tipos de máquinas, ese es un proyecto a largo plazo.

¿Cómo recuerda su infancia?

Crecí con dos hermanos contemporáneos y siempre era la lucha con ellos, siempre fui como un niño, quieto, calmado, en ocasiones me salía de la casa y me iba a vagar a la calle, a veces nos íbamos varios del barrio a jugar beisbol, pasábamos desde la 11 de la mañana hasta las 5 de la tarde y regresábamos supersucios, después fue la fiebre del futbol y a mí me encantaba ser portero.

¿Qué es lo que más le gusta de su León natal?

León es bello, es bien bonito, es una ciudad muy tranquila, la seguridad que hay en León es factible para poder crecer, la forma de sus casas, caminar tranquilamente por sus calles con seguridad y confianza de que no te va a pasar nada, eso no lo hallás en otra parte, aquí no hay tanta contaminación como en México, aquí lo que hay es calor, pero eso se supera con el tiempo.

¿Qué es lo que más le gusta de la cultura leonesa? 

Los diciembres son bien bonitos, no se comparan con otras ciudades de Nicaragua, en León las griterías, las gigantonas salen, la gente se mantiene afuera, ir por la Calle Real cuando uno quiere, comprarse un taco, una carne asada, eso es delicioso, es lo mejor, creo que ese aire decembrino se siente en la mayoría de las personas y ver la gigantona trae recuerdos de  la infancia y  en ese sentido, el hecho de desarrollar gigantonas ayuda al desarrollo del coplismo y la poesía, esa siembra que ayuda mucho al romanticismo.

¿Qué opina de la mujer leonesa?

Creo que cada ciudad tiene su mujer bella, la mujer de León es una mujer muy de familia, muy conservadora, de principios, muy recta, no anda haciendo cosas locas.

¿Qué ha sacrificado para cumplir sus metas?

Mis hijas. Mi hija mayor tiene 10 años, ella nació el día que yo inicié mi internado, ese día tenía turno, yo pedí el permiso y me lo negaron para ver el nacimiento de mi hija, de todas formas fui, le dije a un amigo que me cubriera y se quedó, después nos hacían hacer turnos los sábados y me enviaron a otra ciudad, entonces no la miraba, solo la veía cada 15 o  20 días, después me separé en el servicio social, todo eso de la separación la afectó mucho a ella. Creo que lo que más me ha dolido de esta carrera es haberla sacrificado a ella.

¿Qué hace para compensar eso?

En la noche jugamos superchicas,  ‘ahora son dos hijas’ -aclara-, superchicas es que las cargo, damos vueltas en el cuarto, nos lanzamos en la cama, ese es superchicas, ellas me dicen ‘Juguemos superchica’ o vemos un programa de superchicas, que les encanta, me pongo con ellas a hacer las tareas y los fines de semana trato de  compensar, salimos a algún lugar,  no es tratar de darles todo lo que ellas desean, pero sí darles el tiempo que ellas necesitan con su papa, al final uno se separa, se casan y uno queda como extra.

¿Cómo se define en pocas palabras?

Creo que soy perseverante, esforzado,  cuando tuve problemas para irme a México a estudiar, muchos me decían, desistí, ya no sigás, pero yo me dije, no, porque me voy a quedar con los brazos atados, mejor sigo insistiendo, hubo un momento en que la señorita que atendía en la embajada mexicana me dijo ya no le vamos a dar la visa, entienda por favor. Eso me molestó,  que me dijeran que no podía hacerlo, la visa me la negaron 4 veces, no entendía por qué, volvía siempre, hasta que me la dieron para ir a estudiar, yo me había dicho,  me propuse una meta y mi meta no me la van a romper por algo que no entiendo las razones.