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Bien sabido es que durante el embarazo, el cuerpo de la mujer cambia para permitir el desarrollo del feto en el útero, en cuya adaptación los órganos, tanto internos como externos, van ajustando también sus medidas, gracias a señales que son enviadas por las hormonas y factores de crecimiento que tienen su efecto en los órganos diana; así por ejemplo, si crece el pecho, las caderas también aumentarán su tamaño para brindarle al cuerpo la proporción que necesita, según explica la ginecóloga y obstetra Scarleth Solís. De igual forma, destaca que las embarazadas experimentan modificaciones cardiacas y que esos mismos factores de crecimiento actúan sobre otros órganos como el ojo. 

La visión

Pero para estar más claros sobre qué pasa con los ojos de la mujer cuando ella está en estado de embarazo, la oftalmóloga Belén Ramírez Sánchez explica que el ojo puede aumentar su tamaño, de forma que si este crece un milímetro de longitud antero-posterior, a la futura mamá probablemente le subirán 3 dioptrías de miopía, manifiesta. Según datos revelados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente a una de cada cinco mujeres se le modifica la refracción y se hace más miope. 

Otros cambios en la calidad de visión pueden deberse a modificaciones en la transparencia del cristalino o a cambios retinianos. Pero el embarazo, a parte de la satisfacción de traer un nuevo ser a este mundo, también produce cambios en la madre para proteger al feto de ciertas enfermedades. Por ejemplo, determinadas enfermedades autoinmunes (como la uveítis) suelen dar menos brotes durante el embarazo y la lactancia.

Eso sí, la especialista señala que una patología común es que la embarazada pueda experimentar sequedad ocular, y Ramírez expresa que esto es producto de los cambios hormonales propios de este proceso, pero que desaparecen después de dar a luz. Sin embargo, recomienda que para contrarrestar la sequedad del ojo se deba contar, como parte del uso diario, con gotas para los ojos, las cuales deben ser sugeridas por un médico. De igual forma aconseja el consumo de alimentos que contengan Omega 3, ya que estos le permitirán conservar la humedad del ojo.

Y si bien la oftalmóloga indicaba que las molestias en los ojos desaparecen con la finalización del embarazo, en algunos casos resulta preocupante que estas modificaciones puedan quedarse de forma permanente, al punto que la mamá requiera de utilizar gafas o lentes de contacto nuevos.

Una de cada cinco mujeres se le modifica la refracción y se hace más miope. Otros cambios en la calidad de visión pueden deberse a modificaciones en la transparencia del cristalino o a cambios retinianos. 

Revisiones

“Los chequeos oftalmológicos deben realizarse periódicamente, incluso en los pacientes sanos. Si hay factores de riesgo como antecedentes familiares de glaucoma o patologías oculares conocidas, estas deben ser seguidas de forma adecuada”, sugiere Ramírez. Y agrega que en las futuras mamás miopes se recomienda revisar el fondo del ojo para descartar lesiones de retinianas, ya que estas pacientes las tienen con más frecuencia y que por ello, las revisiones se deben hacer preferiblemente antes del embarazo, ya que los colirios que usan los oftalmólogos en los tratamientos pueden afectar al feto y al lactante.

Cuidados

1. Protegerse de posibles agentes tóxicos (contaminación industrial, agentes volátiles, humo del tabaco o agentes infecciosos).

2. Si es usuaria de lentes de contacto, debe limitar su uso a lo imprescindible o sencillamente usar las gafas. El riesgo de una infección asociada a estos lentes es mucho mayor y más difícil de tratar durante el embarazo.

3. Si la paciente es diabética, debe extremar el control de la enfermedad metabólica para que no haya descompensación, ni aumente el riesgo de patología ocular.