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Cuando Justo Alfredo Munguía Fichtner tenía 5 años, como todo niño,  en Navidad le pidió un regalo al Niño Dios, pero este regalo era diferente al de los demás niños de su edad: le pedía un maletincito de médico lleno de caramelos. Desde entonces nunca tuvo dudas que sería médico, vocación que reafirmó cuando su papá,  que hizo su especialidad en España, lo llevó a la clínica donde hacía prácticas de cirugía de instrucción en ojos de conejo, así se enamoró para siempre de la Oftalmología, de la cual es hoy uno de los mayores referentes en Nicaragua. 

Justo Alfredo Munguía Fichtner nació en la desaparecida mina de oro de El Jabalí, entre las montañas de La Libertad y Santo Domingo, Chontales, pero su afán de superación le llevó a Guatemala, donde estudió Medicina General. Después voló a Barcelona, España, a cursar la especialidad de Oftalmología en la Clínica Barraquer y allí se quedó a vivir 23 años, luego continuó capacitándose en México, Estados Unidos y Argentina, hasta que sintió el llamado del terruño natal y regresó a Nicaragua. En la actualidad, atiende en su Instituto Oftalmológico Munguía, en Managua, donde accedió a esta pequeña entrevista.

¿Cuál es el problema visual sobre el que más le consulta la población?

Lo normal, son problemas de anteojos, gente que dice que no ve bien y cosas así, y  algo  que va en aumento es el problema ocupacional, que deriva de las computadoras, de la pantalla: la resequedad.  Acá vienen muchachos que pasan todo el día pegados a la computadora, si no es la compu es el teléfono, si no la tablet,  todo el día estar viendo algo  en la pantalla hace que parpadee menos y se reseque el ojo, por eso  tienen que estar usando lágrimas artificiales, que los desinflama.

¿Esto puede tener alguna consecuencia grave para la vista?

Lo que pasa es que, cómo vas a rendir al cien por ciento si estás con problemas de ardor en los ojos. Los ojos rojos, tener que estar apretándolos  para enfocar, es lo que los americanos llaman el síndrome del vampiro, quiere decir que al final del día terminás  con los ojos rojos y ardientes por estar tanto tiempo sin parpadear, porque ese es el problema,  cuando te concentrás,  llámese lectura, llámese computadora, parpadeás la mitad de lo normal, entonces hay fricción sobre el ojo, que al final se inflama,  hay gente que tiene horarios de 12 horas del uso de la computadora, entonces cuando viene a la casa solo quiere cerrar los ojos y dormirse. 

¿Qué enfermedad es la más delicada en su especialidad?

Hay una entidad que se llama glaucoma, a todo el mundo le suena esta palabra, el problema del glaucoma  es que es imperceptible para la persona, no lo va a sentir hasta que  está en las etapas finales, entonces hay una norma que estableció la Organización Mundial de la Salud, que señala que a los niños, el primer examen se lo hacen los neonatólogos o pediatras cuando nacen, para ver si todo está bien, pero ya el examen formal, hecho por un oftalmólogo, no en óptica,  es a los 5 años de edad y a partir de allí,  si está sano y no tiene ningún problema,  cada 2 años hasta los 35, y a partir de los 35,  se aconseja cada año, para evitar que pase sin detectar una patología como el glaucoma, que puede llevar a una ceguera irreversible por no ir donde un oftalmólogo que le tome la presión y vea si tiene problemas. 

Después, está la patología que es clásica hoy en día, la catarata, la población envejece más, vive más y de allí viene la catarata. Gracias a dios la tecnología de ahora nos permite hacer cirugías a través de 2.4 milímetros de heridita, no hay sangre, solo se usan unas gotitas de anestesia, la persona está despierta y no mando ni panadol para el dolor porque no duele nada y en tres días la persona está que es una maravilla, todo eso lo hacemos aquí. 

¿Qué satisfacciones le ha dado esta profesión?

Diría que todas,  una vez operé a una anciana de 97 años, de Siuna, y cuando le quité el vendaje, una de sus biznietas  le dice  ‘mamita, y qué tal ve’- y ella, alegrísima le respondió -‘¡Amor, pero que linda que sos!’-,  parece que ni se acordaba cómo era de tantos años sin verla, y cuando iba por esa puerta agarrada de las dos biznietas decía: ‘¡Qué linda es la vida! ¡Qué linda es la vida!’

¿Para usted, qué es el éxito?

El éxito es poder ayudar a los demás.

¿Si no hubiera existido esta profesión, ¿qué otra  hubiera estudiado?

Estuve allí por hacerme cura, cuando estaba en España estudiaba en un colegio de curas y teníamos una congregación mariana, soy marianista de la Virgen del Socorro, mi madre también, yo iba a misa y comulgaba diario, entonces ya vas un poco tirando hacia ese lado, y cuando vine a Nicaragua, como  de 15 años, en el Colegio Centroamérica de aquel entonces existían los grupos de reflexión de vida y como que iba hacia eso, pero ¡lo que son las cosas de la vida¡ estuve en  esto, o estudiás Medicina o para cura,  lo mío era la Medicina y me quedé en Medicina.

¿Qué aconseja para no llegar a padecer de glaucoma?

En la clínica Barraquer tienen una frase que dice- “dos ojos para toda una vida”, - a la gente se le olvida que el ojo es un órgano tan importante como cualquier otro, pero tal vez más delicado. Y cuando las personas comienzan a pensar que no ven bien siempre creen que es anteojo y de pronto  ¡sorpresa! no miran. Es una enfermedad de la mácula, se arruinó y ya está, ya no hay nada  que hacer. O sea, no se confíen con que siempre hay anteojos, hay cosas que pueden ser más serias, gracias a Dios, casi siempre es el anteojo, pero, ¿y si no lo es?