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Ser tratadas de manera individualizada, con respeto y afecto, y con una adecuada comunicación con el equipo médico a cargo de su parto, es para las mujeres y sus familias una experiencia positiva. 

En 1985 la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió la Declaración de Fortaleza (Brasil), en la que se rescató y defendió el papel de las mujeres en su propio parto, cambiando el modelo de atención del embarazo que se brindaba en esa época y descartando la visión que lo consideraba como un mero acto médico.

Bajo ese concepto se estableció el “parto respetado”, que consiste en una atención del alumbramiento en la que se toma en cuenta el derecho de los padres y los recién nacidos durante el parto, considerando las necesidades y requerimientos de la familia, a quien se le reconoce el papel protagónico de esa ocasión tan especial.

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El derecho de los pacientes

La Joint Commission International (JCI) considera que cada paciente es único, con sus propias necesidades, fortalezas, valores y creencias, por lo que las instituciones hospitalarias deben trabajar para ganar la confianza de las personas que buscan atención de salud, mediante una comunicación abierta para comprender y proteger sus valores culturales, sicosociales y espirituales.Otro aspecto importante es el acompañamiento de un familiar durante el parto, especialmente el padre del bebé.

Especialistas en atención de salud estiman que los resultados en la atención mejoran cuando los pacientes y, según sea adecuado, sus familias o quienes toman decisiones en su nombre, participan de las decisiones y procesos de atención de un modo que se adecua a sus expectativas culturales.

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“Un trato impersonal y simplemente técnico al momento del ingreso hospitalario, puede ocasionar un estrés muy grande que hace daño a la mamá y al niño, por eso es importante estar conscientes de que la bienvenida debe proyectar tranquilidad y un trato amable para lograr que la madre y el niño por nacer tengan el mejor entorno posible y una asistencia de calidad en un momento tan especial”, dice la licenciada Alicia   González, jefa de la Sala de Ginecobstetricia del Hospital Vivian Pellas (HVP).

La licenciada González indica que el personal de enfermería debe aprovechar el momento de la recepción para orientar a la mujer en asuntos tan simples como dónde están los baños o a quién tiene que llamar para tener ayuda.

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“Tanto la madre como el padre, o quien la acompañe, van a sentirse más cómodos si se les explica el funcionamiento de cualquier aparato o tecnología que desconozcan, para que no se sientan intimidados y tratar en lo posible que tengan confianza en el personal y el hospital”, añade.

El trato personalizado vs. la uniformización de la atención

Estandarizar la atención hospitalaria y no tomar en cuenta la particularidad de la mujer que va a dar a luz es un concepto que va quedando atrás, por lo que el cuidado de la salud que se brinde debe considerar los intereses de la paciente y de su familia.

“La lactancia materna, por ejemplo, es un tema que depende de la decisión de la madre, independiente de que se le informe debidamente de los beneficios que tiene para el bebé, pero ese es un asunto que no se le puede imponer a la paciente. Igualmente se respeta la decisión de la familia de usar fórmulas, en ambos casos se sugiere y se recomienda lo más adecuado, pero no se le puede obligar a tomar una decisión”, señala la licenciada González.

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Otro aspecto importante es el acompañamiento de un familiar durante el parto, especialmente el padre del bebé. “En el HVP estimulamos el apego precoz del niño con sus padres, quienes pueden estar con su niño o niña los primeros momentos después de nacido, y si así lo han convenido, se le pide a la madre que le dé el pecho al bebé”, explica la licenciada González. 

“Si el recién nacido se encuentra en óptimas condiciones, el HVP le da la posibilidad a la madre de compartir habitación con su bebé, algo que consideramos de gran importancia para ambos”, añade.

Control de infecciones

El control de infecciones en el HVP se aplica en todas las áreas de la institución, pero en el caso de los recién nacidos hay procesos específicos para evitar cualquier tipo de contaminación.

No solamente se restringe el ingreso a la sala de neonatos, al que solamente puede entrar personal autorizado que se maneja con estrictos protocolos de asepsia, sino que también la ropa del recién nacido es proveída por el Hospital.

“Al bebé no le ponemos la ropita que lleva la familia, sino que aquí le ponemos ropa hospitalaria esterilizada, previamente lavada en una lavadora exclusiva para los recién nacidos. Esta es una de las medidas que tomamos para evitar que se produzca una infección”, indica Hernández.  

El código rosado

La seguridad del recién nacido es fundamental. Es esencial que la enfermera y otros cuidadores verifiquen la identidad del recién nacido comparando los números y nombres de los brazaletes de identificación de la madre y el niño antes de entregárselo a uno de los padres, indica la licenciada Ivania Hernández, jefa de la Sala de Neonatología del HVP. 

“Si es una niña se le pone brazalete rosado y uno celeste si es niño, en los dos casos debe llevar los apellidos de la madre, la fecha de nacimiento del bebé, su peso y número de expediente. Los apellidos de la madre y del niño tienen que coincidir. En una hoja del expediente se pone la huella plantar del niño y la huella digital de la madre con todos los datos del nacimiento”, dice la licenciada Hernández.

Debido a que el bebé ha permanecido en la Sala de Neonato para su observación, el proceso de traslado a la habitación de la mamá tiene un protocolo específico que consiste en la firma de un documento que indica quiénes del personal trasladan al recién nacido, fecha y hora. “La mamá debe firmar el recibo del niño y se le presenta al equipo de enfermeras que de manera exclusiva estarán a cargo del bebé”, expresa Hernández, enfermera especialista en Neonatología.

El egreso de un niño recién nacido o de la Sala de Pediatría está rigurosamente vigilado y ningún adulto puede sacar a un niño de las instalaciones hospitalarias sin que muestre el brazalete que debe coincidir con el del infante, explica.

En caso de que un niño se extraviara dentro de las instalaciones, se enciende el Código Rosado mediante el cual se ordena el cierre de todos los ingresos al HVP, incluso los portones de entrada, en tanto una red de cámaras brinda información de todos los movimientos en cada área del edificio.

“Aunque semestralmente hacemos simulacros de Código Rosado, afortunadamente nunca hemos tenido un caso de niño extraviado”, indica.