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Los trabajadores de la salud se enfrentan a riesgos de accidentes o enfermedades a causa de su ocupación. En este quehacer se señalan como riesgos frecuentes e importantes el estrés psíquico que genera el trato con personas enfermas, en espera de que la atención que reciban mejore su salud; el contagio que pueden sufrir debido al manejo de personas infectadas por enfermedades transmisibles; la exposición a radiaciones, por el uso de equipos y dispositivos que emiten rayos X; y el contacto con sustancias químicas o biológicas que pueden provenir de pacientes enfermos. 

La OMS menciona siete tipos de riesgos a los que están sometidos los trabajadores de la salud: biológicos (como la hepatitis, la tuberculosis y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida); químicos (como el contacto con glutaraldehído y óxido de etileno); físicos (como el ruido y las radiaciones); ergonómicos (como levantar objetos pesados): psicosociales (como el estrés y la violencia); y relacionados con el fuego, explosiones y contacto con electricidad.

Los trabajadores de los servicios de urgencia están sometidos a casi todos los riesgos de enfermar antes mencionados, posiblemente con mayor probabilidad que los de otras áreas de la atención sanitaria. El estrés, el contacto con sustancias biológicas nocivas y la violencia son quizás los riesgos a los que con más frecuencia suelen exponerse los trabajadores de un servicio de urgencias.

Normas de seguridad del personal hospitalario

La responsabilidad individual de cada integrante del personal sanitario, se resume básicamente a cumplir con las normas de higiene y seguridad en su puesto de trabajo, como el correcto lavado de manos, uso de guantes, gorros y mascarillas, correcta manipulación de desechos biológicos y tóxicos, entre otras pautas bien establecidas en cada centro médico.

Adicionalmente, las instituciones deben velar por el cumplimiento de las normas, proveyendo de todas las condiciones necesarias para que los trabajadores puedan ejercer su trabajo con el menor riesgo posible.

Para la Joint Commission International, tanto la institución hospitalaria como el personal clínico y administrativo, deben demostrar su “adherencia” a las normativas, o sea el punto en el que las conductas se corresponden con las guías o recomendaciones establecidas por consenso. Este término ha sido adoptado por muchas instituciones hospitalarias como una alternativa a la palabra “cumplimiento”.

La adherencia al lavado de manos, por ejemplo, se constituye en una de las principales herramientas de trabajo que le permite al personal de enfermería proteger su salud y desarrollar su labor con eficiencia, reduciendo el riesgo de transmisión de microorganismos de fuentes reconocidas o no reconocidas de infección en los servicios de salud.

Los profesionales de salud tienen formación técnica y base teórica sobre la importancia del lavado de las manos durante las atenciones, tienen conocimiento de la transmisión de microorganismos por las manos que causan diversas infecciones y que el lavado de las manos es una técnica básica en la atención al paciente y la protección de su propia salud.

Seguridad para el paciente y el personal hospitalario

El Hospital Vivian Pellas (HVP), certificado por JCI, no solamente realiza una constante capacitación al personal en las herramientas y métodos para un efectivo control de infecciones, sino que ha dispuesto una serie de medidas para contribuir a la higiene de manos de pacientes, visitantes y personal clínico, como la instalación de dispositivos con alcohol gel en todas las áreas públicas y clínicas del Hospital.

Sin embargo, hay otros aspectos que no son tan notorios, pero que juegan un gran papel en la barrera establecida para prevenir infecciones, como, por ejemplo, las normas de lavandería; el manejo de desechos sólidos del hospital; el mantenimiento de aires acondicionados libres de patógenos; el manual de higiene y manipulación de los alimentos y el de limpieza del edificio.

Desde sus inicios, el HVP ha desarrollado una cultura enfocada en la disminución de riesgos, tanto para los pacientes como para el personal, lo que le ha permitido estar certificado por la JCI, entre los hospitales más seguros del mundo.

Infraestructura segura

Con ese enfoque, la gestión y seguridad de las instalaciones fue una prioridad desde que se inició la construcción del edificio del HVP en 2002, para convertirse en un hospital seguro, capaz de reducir riesgos para sus colaboradores, pacientes y visitantes y garantizar la calidad de respuestas en caso de desastres, una de las características que le llevaron en 2010 a obtener la certificación de la JCI hasta la fecha.

El HVP cuenta con un pozo propio con sistema de bombeo estable, el que ha sido reforzado con otro pozo para garantizar el servicio de agua las 24 horas del día durante todo el año. El agua suministrada es totalmente potable y se monitorea frecuentemente su calidad.

Adicionalmente, en todo el Hospital hay 10 cambios de aire por hora, aunque en la unidad de cuidados intensivos se eleva a 14 y en el quirófano la renovación de aire llega a 20 por hora. Estos cambios significan que el aire sale completamente de la habitación y se renueva cuantas veces se necesite según el área del Hospital. Esta normativa también se ve reforzada con filtros de grado médico, para asegurar un nivel óptimo del ambiente.

Uso seguro de las sustancias peligrosas

En el hospital se realiza un manejo adecuado de materiales peligrosos que pueden poner en riesgo la seguridad del personal y los pacientes, como los combustibles, los que son almacenados cuidadosamente y con la licencia correspondiente para tal fin.

De igual manera, hay normativas estrictas para el almacenamiento y uso de los productos de limpieza y de lavandería, entre otros químicos, los que requieren medidas de seguridad bajo la responsabilidad de un personal debidamente capacitado para su resguardo y manipulación.

Control de infecciones

El Hospital también cuenta con habitaciones de presión de aire negativo o positivo, según la condición del paciente. Las habitaciones de aislamiento utilizan presión negativa para evitar que pacientes con enfermedades transmisibles puedan contaminar a otras personas. Un equipo inyecta aire a la habitación y la filtra antes de expulsarla. 

En el caso del aislamiento con presión positiva, éste se usa para proteger a personas con el sistema inmunitario debilitado, por lo que el equipo bombea aire limpio y filtrado de manera continua en la habitación para evitar que cualquier elemento contagioso entre en ella y pueda perjudicar al paciente.

El personal en contacto con estos pacientes está debidamente protegido y capacitado para cuidar al paciente de una infección, pero también para protegerse a sí mismo de contraer cualquier enfermedad.

Brigadas de emergencia

El HVP cuenta con diferentes brigadas debidamente entrenadas en planes de emergencia: la brigada contra incendios; la de evacuación; búsqueda y rescate; derrame de productos químicos o combustibles; de emergencia, integrada por personal clínico y la de mantenimiento. Esta última actúa verificando que todos los servicios básicos estén funcionando adecuadamente después de una emergencia, por ejemplo, después de un temblor.

Sistema contra incendio

El Hospital tiene un sistema contra incendio que abarca a todo el hospital con detectores de humo que permiten adelantarse a cualquier conato de incendio, así como un sistema de rociadores alimentado por una bomba que garantiza la presión adecuada a la tubería de agua conectada a los aspersores.

El Cuerpo de Bomberos de Nicaragua inspecciona anualmente las rutas de evacuación y los extintores del Hospital para certificar su adecuado funcionamiento. Evaluadores extranjeros también califican las medidas de la institución bajo protocolos internacionales.

Las instalaciones del Hospital cuentan con paredes corta fuego, bien señalizadas, para que el personal de evacuación esté seguro de la ruta más apropiada para poner a salvo a los pacientes y personal que tengan a cargo. Esta brigada sabe exactamente donde está el extintor más cercano y todo el protocolo de actuación en estos casos.

A estas medidas se añaden los códigos de emergencia interna que ayudan al personal clínico y administrativo a identificar emergencias mediante toda una gama de colores que ayudan a transmitir la información de manera oportuna para atender la emergencia en tiempo y forma.

El Programa de Prevención y Control de Infecciones del Hospital Vivian Pellas, a cargo de la Dirección de Epidemiología, ha establecido una serie de políticas, guías, normativas y manuales para el funcionamiento de áreas sensibles del hospital, las que juegan un papel importante en las medidas contra cualquier posible contaminación que pudiera afectar a pacientes, visitantes o al personal.