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Las causas del asma aún no se han dilucidado completamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) expone que los principales factores de riesgo son la combinación de una predisposición genética con la exposición ambiental a sustancias y partículas inhaladas que pueden provocar reacciones alérgicas o irritar las vías respiratorias. Entre ellas están los ácaros del polvo, la caspa de los animales de compañía, la contaminación, los pólenes, los mohos, el humo del tabaco o irritantes químicos presentes en ciertos lugares de trabajo. Existen, además, otros desencadenantes como el aire frío, las emociones fuertes o el ejercicio físico.

Algunos medicamentes también pueden desencadenar ataques de asma. Es el caso de la aspirina y otros antiinflamatorios no esteroideos y de los betabloqueantes, que son fármacos que se utilizan para tratar la hipertensión arterial, algunas enfermedades cardíacas o la migraña, detallan desde la OMS.

Mujeres, mayor predisposición

Esta entidad destaca que el asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia. Es más habitual en los niños que en las niñas. Sin embargo, cuando llegamos a la edad adulta, hay más mujeres con asma que hombres. Eva Martínez Moragón, miembro del Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), explica que el asma en la mujer tiene unas connotaciones especiales debido a distintas razones, entre las que se encuentran las hormonas sexuales femeninas o la influencia de los factores ambientales sobre unas características genéticas específicas. Estos motivos, “en especial las hormonas sexuales, influirán en la prevalencia de asma a lo largo de las diferentes etapas de la vida de la mujer”, apunta.

El ciclo menstrual

La neumóloga señala que el ciclo menstrual puede influir en algunas enfermedades padecidas por la mujer en edad fértil y entre ellas se encuentra el asma. “La influencia del ciclo menstrual en el asma de la mujer se puede manifestar especialmente en el empeoramiento cíclico de los síntomas de asma en un momento específico del ciclo menstrual. Es el período premenstrual el que destaca por su frecuencia y por su significación clínica”, manifiesta la neumóloga.

La especialista aclara que no todas las asmáticas padecen asma premenstrual, pero algunas sí que notan que su asma empeora inmediatamente antes de iniciar la menstruación o en el primer día de la misma. “Las variaciones de las hormonas sexuales femeninas a lo largo del ciclo menstrual parecen ser la hipótesis más sugerente para explicarlo. Dichas hormonas podrían ejercer influencia en distintos mediadores inflamatorios o metabólicos. No obstante, no se conoce con certeza la razón por la que esto sucede”, comenta.

“Lo que sí sabemos es que es importante identificar a las asmáticas que padecen este empeoramiento con la menstruación para tomar medidas terapéuticas que lo prevengan. Habitualmente se les recomienda que aumenten su medicación y que estén atentas a los signos y síntomas de alarma ante una posible crisis, para iniciar cuanto antes los tratamientos pertinentes”, añade.

La doctora Martínez Moragón señala que la influencia parece ser bidireccional, pues tanto puede influir el asma en las características del ciclo menstrual de las mujeres asmáticas como el propio ciclo menstrual en las características del asma.

“Cuando se ha comparado a mujeres sanas con mujeres asmáticas, estas últimas han presentado mayores alteraciones de las hormonas femeninas, lo que puede conllevar alteraciones del ciclo menstrual. Sin embargo, son más preocupantes los empeoramientos del asma con la menstruación, dado que algunos casos pueden ser graves”, advierte.

Asma y embarazo

La neumóloga indica que durante el embarazo el asma puede mejorar, empeorar o mantenerse más o menos estable. “En términos generales, los estudios sugieren que las mujeres asmáticas tienen un mayor riesgo de neonatos con bajo peso al nacer, partos prematuros y complicaciones gestacionales como preeclampsia, hemorragias, hipertensión arterial, placenta previa y necesidad de parto por cesárea”, subraya.

Martínez Moragón afirma que es común que las exacerbaciones del asma en la embarazada se asocien a un bajo cumplimiento del tratamiento de la enfermedad. De hecho, subraya que el asma “mal controlada o grave puede incrementar la morbimortalidad tanto materna como fetal”. La especialista destaca que el feto es especialmente sensible a los cambios respiratorios de la madre que suceden durante una agudización del asma.

En este sentido, asegura que un mal control del asma materna conlleva un mayor riesgo para el feto que los posibles efectos adversos de los fármacos. Por lo tanto, afirma que “es conveniente que la gestante no abandone los tratamientos necesarios para controlar su enfermedad”. La neumóloga detalla que los fármacos que se emplean habitualmente para tratar el asma pueden usarse durante el embarazo y han mostrado su seguridad.

“No obstante, siempre es aconsejable que el especialista valore a la mujer que padece esta enfermedad en el primer trimestre de la gestación para que pueda evaluar la gravedad del asma y ajustar el tratamiento medicamentoso”, apunta.

“Para no tener complicaciones, también es muy importante que la asmática embarazada no fume ni tenga una ganancia ponderal excesiva, pues ambas cosas se han asociado a un mayor riesgo de exacerbaciones de asma”, asegura.

Menopausia

Otras etapas importantes en la salud reproductiva de la mujer son la menopausia y la perimenopausia. “El declinar de la función ovárica se acompaña de profundos cambios en la secreción hormonal. Una de sus consecuencias es una reducción acusada de la producción de estrógenos lo que, con frecuencia, hace que la ovulación no llegue a producirse”, manifiesta la doctora Martínez Moragón.

“Con la ausencia de ovulación, los niveles de progesterona se encuentran en el margen inferior de la normalidad o incluso por debajo. Esta situación hormonal y sus posibles consecuencias en la evolución del asma bronquial en el sexo femenino o su responsabilidad en el debut de la enfermedad ha llamado menos la atención de los investigadores que la menstruación o el embarazo. No obstante, algunos trabajos muestran que alrededor de la menopausia, es decir, en la llamada perimenopausia, hay un agravamiento de la situación clínica de las mujeres asmáticas e incluso una elevación de la incidencia de nuevos casos en el sexo femenino. Está demostrado que en algunas pacientes el asma debuta precisamente con la menopausia”, subraya la neumóloga.