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En la década de los 20 años el ser humano alcanza su mejor rendimiento físico, entusiasmo y energía. Sin embargo, la manera en que se trate la salud a los 20 será determinante para el resto de la vida, y a su vez, la forma en que se llegue a los 20 dependerá de cómo se manejó la adolescencia y la niñez. Un aspecto que preocupa actualmente en esta etapa es la manera en que inciden en la salud pautas alimentarias alteradas por patrones culturales y la consecuente aparición de patologías como la anorexia y la bulimia, incluso en etapas tempranas de la adolescencia.

El rol de la familia en este período es crucial, porque los adolescentes no son conscientes de los efectos adversos de una mala alimentación como forma de llegar a una imagen idealizada buscada bajo intensa presión social.

¿Qué hacer si se sospecha que un joven padece alguna de estas patologías? La búsqueda de ayuda profesional es la primera opción para padres de familia preocupados, los que deben tener información adecuada para hablar con sus hijos e hijas sobre este problema que puede llegar a ser mortal.

“El chequeo anual es de gran importancia, porque muchas veces creemos que tenemos buena salud, pero quizá a veces podemos tener una enfermedad oculta”, advierte la doctora Socorro Álvarez, especialista del Centro de Cardiología y Hemodinamia del Hospital Vivian Pellas (HVP).

“Llegar entonces a los 20 con buena salud, es importante porque esta década es la ideal para concebir en el caso de la mujer, donde consigue el pico máximo de fertilidad y luego comienza a declinar levemente hasta llegar a los 35 años”, indica la especialista.

Salud y equilibrio a los 30 años

Las mujeres, dice la doctora Álvarez, logran un equilibrio de sus hormonas en la década de los 30 y realmente la mayoría de los cambios que observan en su cuerpo se deben más a un estilo de vida que les lleva a aumentar de peso, o bien, a verse afectadas por el estrés laboral. Los embarazos también contribuyen al aumento de peso y flacidez de los músculos. 

Aunque, para concebir, los 35 años son el punto de inflexión, ya que comienza una disminución importante de la fertilidad en la mujer. La explicación está en que esta nace con una determinada cantidad de óvulos y estos nunca más se dividen, es decir, que los óvulos tienen la misma edad que la mujer. Después de los 35 años, la capacidad del óvulo de fertilizarse es naturalmente menor. Lograr un embarazo puede llevar más tiempo de lo esperado. 

La maternidad postergada

Según los expertos, si bien en la década de los 30 la mujer sigue siendo fértil, cuando se comienza a buscar un embarazo a los 35 años, las oportunidades son menores.

En los últimos tiempos se ha instalado a nivel mundial, una sensación de supuesta disminución en la fertilidad de las mujeres o, dicho de otro modo, la idea de que habría un aumento en la cantidad de casos de mujeres que no pueden lograr un embarazo por vías naturales.

Sin embargo, señalan estudios, lo que sí ha ocurrido es que se ha incrementado progresivamente la edad en la que las mujeres comienzan a buscar un embarazo. En otras palabras, se está postergando cada vez más la maternidad y esto termina por complicar las chances de embarazo.

Después de los 38 años hay un cambio importante, tiene que ver con la capacidad celular de regeneración. Después de los 41 años la fertilidad baja muchísimo porque la edad natural de la mujer para ser madre termina más o menos a los 41 a 44 años.

Al pasar esta edad clave se hace más difícil lograr un embarazo, pero si finalmente este se logra, cuesta más retenerlo y que no se interrumpa el proceso por la alta tasas de abortos espontáneos. La causa natural es que hay menos óvulos y estos, además, al ser de mayor edad, tienen mecanismos celulares menos perfectos para corregir los defectos que normalmente ocurren en los embriones y es más frecuente que haya embriones genéticamente anormales. El aborto espontáneo aparece, entonces, como un mecanismo de preservación de la especie (no necesariamente es una enfermedad).

Los hombres y su incidencia en la carga genética

Así como con el paso de los años aumenta en la mujer el riesgo de aborto espontáneo, de tener hijos con síndrome de Down o patologías similares, en el caso de ellos también ocurre que después de los 38 años el riesgo de problemas genéticos en la descendencia es más importante. En el hombre se nota menos porque hay millones de espermatozoides y, por tanto, la selección siempre es “más fácil” debido a que hay millones entre los cuales elegir.

Los 40: la segunda juventud

La década de los 40 es muy importante para la mujer, ya que tienen definida su vida personal y profesional y se dan tiempo para redescubrirse en distintas facetas.

No hace mucho, cumplir 40 era convertirse en una señora mayor que se vestía y se comportaba conservadoramente. Hoy los 40 son los nuevos 30, sobre todo considerando los avances médicos que aumentaron la expectativa de vida.

No obstante, en la cuarta década pueden aparecer síntomas premenopáusicos causando sorpresa en algunas mujeres que no los esperaban hasta los 50. 

“La mejor manera de reducir los síntomas es hacer ejercicio y eliminar el azúcar, el alcohol y sobretodo el cigarro, comer alimentos con ácidos grasos omega 3 y abastecerse de vitaminas para combatir la depresión”, aconseja la doctora Álvarez.

La especialista del HVP considera que este es un momento en que la mujer debe interesarse más por su salud cardíaca, debido a que está demostrado que los infartos son la primera causa de muerte en las mujeres.

“Las mujeres premenopáusicas suelen presentar con mayor frecuencia síntomas atípicos de infartos, más que las posmenopáusicas, por lo que esta es una edad clave para prevenir cualquier posible riesgo de enfermedades cardíacas que compliquen la salud de la mujer al entrar de lleno a la menopausia”, explica la doctora Álvarez.

Los 50, la década de la menopausia

Los 50 son una etapa decisiva para la mujer con la entrada de la menopausia y la manera de entrar en este período dependerá de la situación de salud y experiencia de cada mujer.

“A los cambios hormonales y la caída de los niveles de estrógeno, se suma la ansiedad, posible depresión, obesidad periférica (alrededor de la cintura), huesos más débiles. Solamente la prevención puede ayudar a las mujeres a llevar esta etapa con calidad de vida y tomar en cuenta que esta actitud en cada momento de su vida será decisiva para la forma en que se llegue a la vejez”, recomienda.

La prevención para una longevidad saludable comienza en los años jóvenes, ya que envejecer es un proceso acumulativo muy ligado al curso de la vida y aunque el envejecimiento es un proceso irreversible, su ritmo y velocidad son modificables, indica esta especialista del Centro de Cardiología y Hemodinamia del HVP.

El envejecimiento marca la edad cronológica (la que dice la cédula), mientras que la velocidad del envejecimiento marca la edad biológica (la edad de nuestro cuerpo). Esta velocidad se acelera con los factores de riesgo: las alteraciones de la glucosa, el colesterol, la presión arterial, el sobrepeso, el cigarro, el sedentarismo y el estrés, agrega la doctora Álvarez.

De acuerdo a las estadísticas, en el planeta cada dos segundos alguien cumple 50 años y mientras en el año 2000 los centenarios llegaban a cien mil, hoy esa cifra se ha quintuplicado.

La juventud es un conjunto de mecanismos biológicos que con gran esfuerzo ha tenido que aprender la selección natural, a fin de llegar a la edad reproductiva con la mayor perfección biológica y vitalidad. 

“El envejecimiento no es igual a artrosis. Es verdad que los mayores tienen múltiples patologías y polifarmacología, (que muchas veces son automedicadas), pero son todas acumulaciones que se van dando desde los años de juventud y adultez”, añade la doctora Álvarez.

Las enfermedades ligadas al envejecimiento celular y de aparición tardía son solo dos: las demencias tipo Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. Ambas se radican en el cerebro. Por eso, se impone un cuidado especial de la salud cerebral, para que los años que ya se le han agregado a la vida sirvan para vivir más tiempo en el club y no para morir más tiempo en el asilo.

Envejecer no depende completamente de la genética

Estudios anteriores con gemelos han demostrado que tan solo un 20% puede atribuirse a los genes. El resto, el 80%, depende de factores ambientales.

De hecho, en los 18 biomarcadores que estudiaron, vieron que resultaban claves para mantenerse jóvenes hábitos como una dieta sana y equilibrada, baja en grasas y en sal; mantener un peso adecuado; reducir el estrés; contar con un sistema inmunitario fuerte; y hacer ejercicio regular.

No fumar o dejar de hacerlo también era un factor que influía positivamente.