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La historia del aspartame es parecida a un capítulo de los “Expedientes X”, producido por Michael Moore, en el que intervienen más los abogados que los médicos o los nutricionistas. Se remonta a 1965, cuando James Schlatter, quien trabajaba para G.D. Searle, Centro de Arbitraje y Mediación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), en la búsqueda de un remedio para la úlcera, probó accidentalmente el dipéptido (una estructura de proteínas) que estaba desarrollando y se dio cuenta de su alta dulzura, 180 veces mayor que el azúcar. Sin embargo, pasaron varios años hasta que la empresa lo pudo sacar al mercado. El principal obstáculo se dio en 1973, cuando un equipo médico encontró que el producto podía generar tumores cerebrales, según las pruebas que se hicieron con animales. Esto llevó a la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) a descartar la comercialización del aspartame. Hasta 1981 fue aprobada la licencia para la venta de aspartame, valiéndose más de procedimient
os políticos que técnicos.

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 El aspartame está compuesto por tres elementos: ácido aspártico 40%, fenilanalina 50% y metanol 10%, los dos primeros son aminoácidos (los mismos que aparecen en las proteínas) y el último es un alcohol que puede ser tóxico al consumirse en altas cantidades. Según lo detalla el doctor H.J. Roberts, autor del libro “La enfermedad del Aspartame, una epidemia ignorada”, en el que explica “Todos los componentes señalados sufren un cambio químico al estar a una temperatura determinada, transformándose en ácido fórmico, el que llega a ser letal en un momento y que va afectando al ser humano con una gran serie de trastornos, que finalmente pueden provocar la muerte”.

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Una epidemia ignorada

La toxicidad del aspartame a menudo se manifiesta por medio de desórdenes que afectan el sistema nervioso central, daños al sistema inmunológico y sus aminoácidos se encuentran combinados con otros elementos que facilitan la asimilación y evacuación. Al presentarse en la forma que salen del laboratorio, se produce la acumulación de residuos en el intestino (en forma de metanol), y en otros casos la fijación de ácido aspártico en el plasma sanguíneo, que a su vez genera exitotoxicidad; es decir, produce el deterioro de las neuronas, lo que da origen a enfermedades tales como la apoplejía y dolencias neurológicas y degenerativas como la esclerosis múltiple, alzhéimer, fibromialgia, artritis, fatiga crónica, trastornos de ansiedad, lupus sistémico, parkinson, depresión, diabetes, linfomas o hipotiroidismo. El caso de lupus sistémico, es casi como el de la esclerosis múltiple, y es ocasionado por el consumo de aspartame, especialmente en los habituados refrescos de “dieta” y sodas “light”.  

El aspartame se puede encontrar en más de 5,000 productos y como aditivo en más de 150 marcas internacionales, los productos “light”, como sodas de dieta, bebidas atléticas, goma de mascar, café, té, gelatinas, vitaminas para niños, antibióticos, postres, lácteos congelados, yogur y muchos otros productos alimenticios. El aspartame es el aditivo alimenticio más polémico de la historia. 

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La evidencia más reciente indica que este edulcorante artificial nunca debió haber sido lanzado al mercado y menos aún permitir que permanezca en la cadena alimenticia. Si podemos preocuparnos por nosotros y nuestras familias y tomar las medidas correspondientes, estaremos sin duda prolongando la vida de nuestro grupo familiar.