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Cuidar de otro ser humano es, sin duda, uno de los más grandes actos de amor que podemos realizar, debido a que nos olvidamos de nosotros mismos en algunos momentos para servir de la mejor manera posible a quien nos está necesitando.  

Al inicio de nuestra vida, requerimos el cuidado de las personas que nos aman y que esperaron nuestro nacimiento con ansias, y es así que también al final del ciclo terrenal también necesitamos el amor y cuidado de los nuestros. 

Sin embargo, no todos tenemos el privilegio de estar rodeados del cariño de los propios en los momentos más difíciles, cuando las enfermedades crónicas estrujan nuestro cuerpo y lo dirigen hacia el final inevitable, pues muchos fallecen en hospitales, en un vano intento por ralentizar el desenlace.

Existe en la medicina un concepto que poco a poco se fue abriendo paso hasta instaurarse en muchos países alrededor del mundo y es el de cuidados paliativos (CP), el cual muchos erróneamente confunden con eutanasia, pero en realidad se relaciona con mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades crónicas.

El 11 y 12 de octubre se realizó el primer  encuentro de Alto Nivel de Cuidados Paliativos, Fortaleciendo el Sistema Sociosanitario, en el que periodistas, especialistas en CP y autoridades de salud de Latinoamérica se dieron cita en Lima, Perú.

Según los datos proporcionados, cada año más de 25 millones de personas fallecen con un sufrimiento grave relacionado con la salud, con enfermedades limitantes que comprometen la vida. Otros 35 millones no fallecen, pero viven con similares condiciones de sufrimiento grave.

Es en esas circunstancias que los CP ayudan a aliviar el sufrimiento, proporcionando cuidados físicos, sicosociales y espirituales, tanto a los pacientes como a sus familias.

“Los cuidados paliativos son un medio de humanizar nuestra medicina, es una exigencia ética, no es una moda ni un recuerdo trasnochado incompatible con los avances científicos”, señala la MSC. Sdenka Maury Fernández, del Ministerio de Salud de Bolivia.

En una charla muy emotiva, el doctor Emilio Herrera, con 30 años de experiencia en CP, explicó que las dimensiones de esta especialidad son: sanitaria, social, comunitaria y compasiva.

“Los médicos que hacemos CP  vemos que hay una falta de foco en el sistema sanitario, porque este nació para la necesaria curación, pero también debe estar para cuidar. El envejecimiento apunta que en 10 años habrá más de 10 mil millones de personas mayores y el problema es la soledad, porque no hay cuidadores, por ello es necesario crear un sistema de cuidados basado en la compasión e integrado por un equipo multidisciplinar”, apunta Herrera.

Además, enfatiza que CP no es solo una disciplina sanitaria, sino que es un modelo sanitario, social y comunitario en el que prima el concepto de “humanidad compartida”, porque la relación no es de médico a paciente, sino de humano a humano.

“Servir no es sencillo y compasión no es tener lástima, compasión es movilizarme para ayudar al que está sufriendo. En medicina, en CP, si no podemos curar, podemos cuidar y darle una vida digna hasta el final a nuestro paciente”, enfatiza el doctor Herrera. 

Asimismo, este médico de familia aboga porque los pacientes deben vivir lo mejor posible, para ello es necesario que exista un marco legal que lo posibilite, así como que haya acceso a medicamentos para aliviar el dolor, entre ellos la morfina, así como un cuidado adecuado en manos de profesionales y de sus seres queridos.

“Los cuidados paliativos son ejemplos de valor en salud, un modelo de cuidados integrados y sociales, necesario. Al paciente debemos hacerle saber que estar con él privilegia nuestro mundo”, señala Herrera.

Intervenciones terapéuticas 

La doctora Tania Pastrana, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Cuidados Paliativos, asegura que se trata de lograr que el paciente tenga dignidad al final de la vida, por medio de intervenciones terapéuticas a nivel físico, sicológico y social.

“Los cuidados paliativos debemos verlos como un modelo de atención que mejora la calidad de vida de pacientes con enfermedades de pronóstico letal y de su familia. También tenemos que pensar que no están dirigidos solo a pacientes con cáncer, sino también a aquellos con diversas patologías y que necesitan atención en diferentes momentos”, señala.

Uno de los ejes fundamentales de los CP es que el paciente no sufra dolor, asimismo, también buscan evitar las denominadas hospitalizaciones innecesarias, abogando por que el paciente, en la medida de sus posibilidades, pueda ser tratado en casa, donde además de los médicos, terapeutas y enfermeras, puedan cuidarlo sus familiares, incluyendo los niños.

El doctor Nicolás Dawidowicz señala que los CP son una disciplina necesaria, pues cuando curar no es posible, hay que darle otras respuestas al paciente.

Dawidowicz presentó un cuadro, en el que se evidencia el consumo desigual de opioides en Latinoamérica y en Europa, siendo este último continente, un lugar donde este tipo de pacientes muere con un sufrimiento mínimo.

“Debemos evitar la normalización del dolor, así se manifestó en 2016, en una sesión especial de la Organización de Naciones Unidas sobre drogas y se dejó por sentado que la lucha contra el narcotráfico generaba barreras al acceso de fármacos útiles en salud”, dijo.

“El dolor no tratado es tortura. Garantizar la disponibilidad y accesibilidad de los analgésicos opioides no es solo una medida razonable, sino una obligación legal en virtud de la Convención Única de 1961 sobre estupefacientes”, cita el especialista que considera que “cuando no hay nada que hacer, hay mucho que hacer”.