• Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

Doña Carmela Álvarez es originaria de Sébaco, y a sus 43 años ya ha tenido que enfrentarse a uno de los grandes temores de las mujeres: el cáncer de mama.

Es madre de dos hijos y su vida dio un vuelco, no solo por el impacto de la noticia, sino porque tuvo que volver a su ciudad natal tras 18 años de vivir y trabajar en Costa Rica.

“Yo nunca me revisaba porque me dedicaba a trabajar, pero un día sentí que tenía calentura y luego me agarró dolor en el seno izquierdo y yo pensaba que tenía una seca, como decimos, pero me hice el examen y me dijeron que me tenía que hacer una biopsia y me salió que era cáncer”, recuerda de sus primeras manifestaciones clínicas.

En Costa Rica le indicaron que tenía que examinarse y luego se trasladó para Matagalpa, donde le hicieron la mamografía, para seguirse atendiendo, fue remitida a la Fundación Ortiz Gurdián, donde le practicaron la biopsia y le diagnosticaron el cáncer de mama.

“Fue una noticia muy dura, creo que nadie está preparado para algo así, pero ya con el tiempo me dije que tenía que luchar. Necesitaba el apoyo de mi familia, pero al final fui yo la que terminó dándoles ánimos a ellos. Cuando andaba haciéndome el examen andaba con mi hermana y mi hijo. Cuando salí me preguntaron qué pasó y les dije, sí, tengo cáncer. Mi hermana prácticamente se me desmayó ahí, mi hijo solo se agachó. Nos fuimos a la casa, les di la noticia a los demás de la familia y lo tomaron como si yo ya iba de viaje”, recuerda sobre el impacto que la noticia tuvo en sus seres queridos.

Después empezó a asistir a la FOG, donde le dieron ayuda sicológica, lo que le permitió tomar la determinación de que batallaría contra esa enfermedad, “no es ahora que me voy a dar por vencida”, se dijo a sí misma.

Con honestidad, confiesa que las quimioterapias fueron difíciles, “hubo momentos en los que me caía, era algo muy duro el día que me las hacía, al día siguiente no salía del cuarto, pero de pronto me levantaba y decía voy a salir. Algunas personas que me conocen me decían que yo era fuerte y en verdad así se tiene que actuar contra esta enfermedad, porque nosotros debemos doblegarla, no ella a nosotros”.

AGRADECE APOYO

Dos años han transcurrido desde que inició el tratamiento que implicó quimioterapia y cirugía, siendo esta última uno de los tratamientos que le causó mayor impacto.

“Es duro también cuando ya lo operan a uno y se ve que ya no tiene el seno, pero eso es lo que nos salva la vida. Ahora, anualmente nos hacen ultrasonido y mamografía y por el momento voy bien, voy ganando la batalla”, dice con una alegría que se refleja en su limpia mirada.

En medio de las dificultades, celebra poder conocer a otras mujeres que han enfrentado o están enfrentando el cáncer de mama.

“Aquí uno se encuentra con todas las que padecemos lo mismo, en Sébaco conozco a algunas que tienen la enfermedad y se dicen que no van a luchar, pero yo les digo que no deben dejarse vencer. Hace poco llegó una muchacha a la casa que la diagnosticaron y me preguntó que cómo hacía para ser fuerte. Yo le digo que debe luchar porque tiene hijos chiquitos, si nos afligimos perdemos la batalla contra la enfermedad. Es duro, pero lo importante es creer que sí podemos vencer al cáncer”, señala.

Por otro lado, doña Carmela expresa un profundo agradecimiento hacia la Fundación Ortiz Gurdián, porque asegura que sin el apoyo de ellos no sabe si hubiese podido librar la batalla contra el cáncer.

“Cuando uno está sano tiene trabajo, pero cuando aparece una enfermedad como esta ya no se tiene, así que sin la fundación no tendría recursos para luchar contra la enfermedad”, enfatiza.