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Avances en la cura de la tuberculosis

Foto por: ARCHIVO / END

Según la Organización Mundial de la Salud, sin un tratamiento adecuado, mueren hasta dos terceras partes de los enfermos.

Investigación. Una toxina "suicida" de la tuberculosis abre la pista de nuevos tratamientos.

La bacteria de la tuberculosis produce una toxina que es mortal para ella misma si no se neutraliza con una proteína antídoto, lo que abre las puertas a tratamientos inéditos contra una enfermedad que sigue siendo de las más mortíferas en el mundo, según un estudio que publica este jueves Molecular Cell.

El objetivo ahora es aprovechar ese mecanismo de "suicidio" con fines terapéuticos, explicó en un comunicado el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS).

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En el trabajo han estado implicados investigadores de centros de Alemania, Reino Unido y de la universidad francesa Paul Sabatier de Toulouse, que han ejercido de coordinadores.

Su estudio ha observado que las bacterias responsables de la tuberculosis generan moléculas que les resultan tóxicas cuando el entorno es desfavorable, de forma que ralentizan el crecimiento bacteriano en espera de condiciones más beneficiosas.

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En situación normal, las bacterias también dan lugar a unas proteínas que neutralizan el efecto de esas toxinas y actúan como antídotos.

Los científicos han identificado y bautizado como MbcT la toxina que cuando no es neutralizada por el antídoto MbcA ataca y mata a la bacteria que la ha generado.

El equipo que dirige Olivier Neyrolles, del CNRS, ha puesto en evidencia el interés terapéutico de ese mecanismo "suicida" infectando células humanas y de ratones con una cepa de tuberculosis en la que podían activar artificialmente la producción de la toxina MbcT.

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Comprobaron que eso disminuye drásticamente el número de bacterias que infectaban las células, lo que aumenta la supervivencia de los ratones.

Unos resultados que permiten augurar nuevos procedimientos para tratar la que es una de las diez principales causas de mortalidad en el mundo, y que cobran particular importancia ante la creciente resistencia a los antibióticos de ciertas cepas de la tuberculosis.

Según la Organización Mundial de la Salud, sin un tratamiento adecuado, mueren hasta dos terceras partes de los enfermos.

La tuberculosis está causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, que casi siempre afecta a los pulmones, y se transmite de persona a persona a través del aire, cuando el afectado expulsa bacilos tuberculosos al toser, estornudar o escupir.

Los esfuerzos del equipo investigador se centran, en un primer momento, en el establecimiento de compuestos capaces de separar la toxina de su antídoto. Esas moléculas podrían ser útiles para abordar otras infecciones puesto que se han observado sistemas similares en otras bacterias patógenas.