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Dejarse llevar y no controlar lo que va a pasar es lo que les resulta más placentero a muchos en su vida íntima. El sadomasoquismo es una conducta sexual que implica dolor físico y juegos de dominación, pero ¿dónde está el límite para alcanzar el placer?

Con el tiempo, muchas parejas se han atrevido a combatir la rutina de su vida sexual con nuevas formas de avivar la pasión. Sin embargo, algunos han llegado a extremos como adoptar los roles de amo o sumiso. José Bustamante, especialista en sexología, analiza dicho tema en este reportaje.

El sadomasoquismo se utilizaba para hablar de una patología que tiene que ver con personas que necesitan ejercer la dominación, la violencia o la agresividad para sentir excitación, o bien aquellos que necesitan lo contrario, es decir, sentirse humilladas, en una actitud sumisa o recibir dolor para conseguir placer sexual.

A pesar de ello, hay muchos casos de personas que no llegan a convertirlo en patología como tal, sino que simplemente se aficionan a este tipo de prácticas en mayor o menor medida. “Es una distinción muy importante, pues hay veces que no se trata de un trastorno y es solo una conducta sexual gratificante”, explica el experto.

La delgada línea entre trastorno y conducta

¿Dónde está el límite? Está en la necesidad. Hay quienes, para disfrutar del sexo, sienten la necesidad de incluir estos juegos y no se ven capaces de disfrutar de una relación sexual sin practicar la dominación y la sumisión. Jugar a forzar no llega a ser sadomasoquismo como tal, sino que es una práctica sexual como otra cualquiera.

“Hay muchos ejemplos de personas que han añadido dentro de sus rituales sexuales este tipo de prácticas y no supone un problema, sino que las disfrutan.

Les sirve para romper la monotonía de una vida sexual. Incorporarlo dentro de tu vida sexual no es un problema, siempre y cuando las dos partes estén de acuerdo”, dice José Bustamante.

El problema llega cuando, el que tiene la actitud masoquista, busca satisfacer la necesidad sádica fuera de su relación de pareja.

Juegos sexuales

El sadomasoquismo puede convertirse en una práctica sexual donde alguien de la pareja puede resultar con daño en su físico. Esta conducta sexual implica dos conceptos de dolor:

Dolor físico: en las prácticas más puramente sadomasoquistas, se realizan quemaduras con velas, pellizcos, ataduras realmente fuertes, golpes y bofetadas durante el acto sexual, además de mordiscos en la zona genital y en la del pecho.

Dominación: todo tiene que ver con la obediencia. El “bondage”, por ejemplo, requiere que haya ataduras en las manos y en los pies, vendas en los ojos o mordazas en la boca.

¿Tiene tratamiento?

Cuando se trata de una patología, se puede trabajar sobre ello y reorientar el deseo; es casi siempre la solución que los expertos proponen a sus pacientes. Sin embargo, sostiene Bustamante, muchas veces es difícil de dominar solo con el tratamiento psicológico y, en ocasiones, se requiere el uso de fármacos.

 

Entre los 35 y 45 años esta práctica es más común en las parejas.