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El verano es un tiempo donde nos alejamos de la rutina y caemos en las garras de la desconexión, buscamos lugares placenteros para estar junto a nuestras parejas o buscamos esa mujer que nos dé afecto. Por ello, si no estás en esta temporada se crea el ambiente y muchos optan por viajar a países que siguen disfrutando de esta estación.

En este tiempo, las relaciones sexuales se disparan. Susana Cañellas psicóloga sexual y directora del departamento de Psicología Clínica en el Centro de Urología, Andrología y Salud Sexual de la Clínica Rotger de Palma de Mallorca, explica el porqué. Según la experta, los factores que influyen en el aumento del deseo sexual en verano son:

Factor biológico: Las altas temperaturas hacen que suba el nivel de testosterona, melatonina y endorfinas.

Factor psicológico: La época veraniega nos llena de tiempo libre, por lo que la actitud y la predisposición de la persona cambian.

Factor sociocultural: “En verano, la gente está más en la calle, se relaciona más, cambia de ambiente, con lo cual hay más posibilidad de conocer gente nueva”, explica la doctora.

Sentidos alterados

“Cada persona tiene asociado algo al verano. Para algunos es una época de diversión, para otros lo es de amor o de relajación. El significado que se le atribuye a la sexualidad en verano es distinto al del resto del año”, apunta Cañellas. Dentro de los activadores externos se encuentran:

Vista: La mirada es un elemento de seducción muy importante. “En verano se lleva menos ropa, hay más colorido y más transparencias. En definitiva, por los ojos entran más colores y tenemos una forma distinta de ver las cosas”, afirma la psicóloga.

Olfato: Es sabido que el perfume del ser querido estimula el deseo y tenemos recuerdos de momentos emotivos, gracias a las informaciones olfativas. Destacan los olores frescos, como jazmín y lavanda; sin embargo, son las feromonas las que juegan un papel fundamental en la atracción sexual. ”Muchas veces, podría tener la atracción sexual una explicación bioquímica, ya que el sentido del olfato detecta la feromona, envía una señal al cerebro y este hace que se produzca un efecto estimulante. Con ello, aparece una cascada de emociones que influyen en el comportamiento”, indica Susana Cañellas.

Oído: Es el receptor de la palabra y de los sonidos. “En verano, la música está presente en todas partes. Los sonidos melódicos producen dopamina, que es un neurotransmisor clave en la obtención del placer”, dice.

Gusto: Este sentido también se agudiza. Los sabores se vuelven más dulces y los amores de verano hacen que la pasión se despierte gracias a los besos. “El intercambio de saliva es un estímulo más que lleva a mantener relaciones sexuales”, añade.

Tacto:

Hace calor y, por supuesto, la piel está más al descubierto. “Las caricias son fundamentales en el estímulo del placer, con lo que durante estos meses, estas se convierten en uno de los pilares sobre los que se asienta cualquier tipo de relación”, señala la especialista.

Una encuesta reciente en 35 países del mundo refleja que al final del periodo vacacional, se dan más conflictos entre las parejas y sube el índice de separaciones.

35 países destacaron que 29,000 personas durante las vacaciones aumentan sus relaciones sexuales.