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Si comes alimentos muy salados vas a tener mucha sed. En las primeras 24 horas tras la ingesta sí, pero luego no. Esta es una de las conclusiones a las que han llegado científicos alemanes y de la Universidad Vanderbilt (Nashville, Estados Unidos). ¿La razón? Tu organismo se siente menos sediento porque, ante el exceso de sal, comienza a conservar y producir más agua. 

El trabajo, publicado en la revista Journal of Clinical Investigation, aporta novedades sobre la respuesta del cuerpo al exceso de sal en la dieta y puede dar pistas para tratamientos más eficaces de tres males casi epidémicos que azotan a las sociedades desarrolladas: la obesidad, la diabetes y las cardiopatías relacionadas con el estilo de vida.

Jens Titze, profesor de Medicina, Fisiología Molecular y Biomedicina, y uno de los principales autores del trabajo, recuerda que en un experimento con astronautas rusos, él y sus colegas hallaron que cuando la cantidad de sal diaria presente en la dieta de los cosmonautas pasaba de seis a doce gramos, bebían menos agua, y no más. Eso sugería que estos hombres conservaban más líquido elemento o que producían mayor cantidad. 

En un estudio posterior con ratones, los investigadores comprobaron que demasiada sal llevaba a que los roedores produjeran más glucocorticoides, hormonas que ayudan a romper las proteínas musculares y extraer energía de ellas, algo necesario cuando el organismo hace un esfuerzo extra para eliminar la sal sobrante. Esas proteínas se convertían en urea en el hígado de los animales, y la urea ayuda a los riñones a prevenir la pérdida excesiva de agua cuando se orina.

Obtener la energía de los músculos es mucho más arriesgado y costoso que conseguirla a través de la comida, y por eso los astronautas rusos tenían más hambre durante el experimento mencionado.

En cualquier caso, una continua ingesta exagerada de sal genera una dinámica peligrosa. Para eliminarla, el organismo comienza el proceso que hemos relatado, y produce muchos glucocorticoides, hormonas que participan en la regulación del metabolismo de carbohidratos y tienen un papel confirmado en el desarrollo de dolencias como la diabetes, la obesidad, la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares.

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