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Llegan de Oriente a caballo de la filosofía zen. Se llaman “Descanso Verbal”, “Sosiego Visual” y “Placidez Corporal”, y traen el mejor regalo: el remedio para las tensiones en una época en que todo va demasiado rápido y no podemos parar. La monja budista Kankyo Tannier explica cómo traerlos a nuestra vida.

En vez de oro, incienso y mirra, traen en sus alforjas remedios para calmar nuestra mente y cuerpo, salpicando nuestras actividades con pequeños toques de conciencia y concentración y recuperando la percepción del momento presente.

Esta seguidora del zen, escuela budista centrada en la meditación y el despertar de la conciencia, además es hipnoterapeuta y ha profundizado en la programación neurolingüística.

Silencio

Basándose en sus conocimientos y experiencia sobre el funcionamiento del cerebro y en sus prácticas espirituales, Tannier ha desarrollado una pedagogía del silencio como herramienta para reconectarnos con nuestro mundo interior, reducir nuestros niveles de estrés, ansiedad y carencia, y adentrarse en la senda de la felicidad.

“El silencio no tiene nada que ver con la ausencia de ruido, está más relacionado con la concentración y la plena conciencia”, asegura esta autora.

“Se trata de aprender a oír de nuevo, el espacio entre las palabras, la calma después de la tormenta y el paso del tiempo. Aprender a paladear de nuevo, el gusto de un instante, el sabor de un plato, la espuma de los días y el calor del fuego. Aprender a sentir de nuevo el contacto de las manos, un corazón palpitante, el espacio que se abre y el tiempo que se detiene”, explica Tannier, quien recomienda relajar la mandíbula y hacer un gran esfuerzo para no hablar durante cinco minutos, concentrando la atención en la lengua y aprender a relajarla totalmente.

Sosiego visual. “Cuando saltamos de una pantalla a otra -de la tableta al televisor, pasando por el teléfono-, de manera automática y a lo largo de todo el día, estamos atrapados en una realidad virtual que, la mayoría de las veces, nos reaviva las carencias y las fragilidades emocionales y nos genera una especie de inquietud, de estrés”, explica Tannier.

Tannier describe a Efe un ejercicio que puede ser muy útil para relajar la vista:

“Ponerse todas las mañanas las palmas de las manos sobre los ojos durante uno o dos minutos, lo cual va a tener como efecto llevarnos a nuestro interior, creando una especie de burbuja que nos rodea y dentro de la cual podemos relajarnos y soltar las tensiones”, asevera.

Placidez corporal. Muchas veces no somos conscientes de la importancia del cuerpo, no solo desde una visión estética, sino desde la certeza de que está en estrecho contacto con la realidad y de que, además de respirar y digerir, experimenta emociones y resuena con ellas, comenta Tannier.

“Estirarse cada vez que uno pueda es muy importante para sentir que se está vivo”, enfatiza a Efe.