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Un armario bien construido empieza por conocerse a uno mismo y saber qué es lo que mejor sienta a cada cuerpo.

Se suele decir que el armario femenino ofrece muchas más opciones a la hora de vestir que el masculino, y también es más complicado. Sin embargo, la ropa de hombre está rodeada de normas casi protocolarias que marcan el buen vestir.  Un aspecto que, por muy superficial que pueda parecer, está directamente relacionado con el éxito en relaciones personales y profesionales, según el sastre Bere Casillas.

Casillas es un sastre español originario de Granada (sur de España). Habla del “poder de vestir con éxito” y  ha escrito “Hombres con estilo”,  un libro donde revela  muchos secretos del armario masculino, desde el  estado de las prendas hasta la manera de vestirlas.

Saber combinar americanas con pantalones, formales o informales, e incluso saber los botones que se deben abrochar, revelan quién sabe “vestir bien”, y quién no, dice. Bere Casillas enseña que las americanas se clasifican según los botones en rectas, cruzadas y trajes con chaleco o de tres piezas. La americana recta de dos botones es un clásico.  

El largo de la chaqueta de traje, masculina, debe alinearse con los nudillos de la mano en la primera articulación de los dedos, y  la manga debe mostrar, al menos, un centímetro y medio del puño de la camisa.

Figura 

Si se elige una americana de  tres botones, el botón de en medio siempre debe ir abrochado, el inferior nunca, y el superior, según el gusto de cada uno.

El largo del pantalón debe apoyarse ligeramente en el zapato, sin arrugarse en exceso, porque los pliegues acortan las piernas.

Estas recomendaciones son válidas para prendas “casuales” que se combinan con pantalones chinos o incluso vaqueros.Sobre todo hay que saber que a los cuerpos atléticos y de hombros anchos, o gruesos, no les van bien los cuadros grandes o las rayas horizontales, y sí los colores oscuros. 

Los hombres delgados deben optar por colores claros y buscar partes de arriba ligeramente amplias, para ganar volumen.

Y los afortunados con una complexión normal pueden permitírselo todo, aunque, ¡cuidado!, la forma del rostro determina qué cuello de la camisa es el que mejor sienta.