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La Fundación Alicia y la compañía farmacéutica Vifor Fresenius, especializada en nefrofología, han colaborado en el diseño de esta pirámide que persigue mejorar la vida de los pacientes renales crónicos, una patología que en España afecta a unos cuatro millones de personas y que aumenta con el envejecimiento: el 40% son mayores de 80 años y el 22% mayores de 64, según un comunicado.

“Una alimentación adecuada es fundamental para que los enfermos renales crónicos mantengan un buen estado de salud y puedan realizar sus actividades cotidianas, especialmente los pacientes sometidos a diálisis”, añade.

El enfermo renal necesita asesoramiento nutricional, ya que además de seguir la recomendación de una dieta equilibrada como el resto de la población, presenta algunas características específicas.

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Cuatro caras de una pirámide

La pirámide de la alimentación saludable para la enfermedad renal presenta cuatro caras, sobre una base cuadrada, que además se muestra como un recortable para crear la pirámide en tres dimensiones, una herramienta visual para el paciente y su familia.

1 Alimentación saludable:

similar a las pirámides nutricionales de dietas equilibradas y con los alimentos más recomendables en la base y los de menos consumo en la cima.

2 Alimentos en función de su contenido en potasio:

colores como un semáforo ayudan a limitar los alimentos con el fin de reducir el potasio y las técnicas para preparar y cocinar frutas y verduras.

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3 Alimentos en función de su contenido en fósforo:

al contrario que el potasio, el fósforo es difícil de reducir a través de los diferentes métodos de manipulación y cocción de los alimentos. La excesiva ingesta de fósforo en el paciente renal se relaciona con el desarrollo de enfermedades como la arteriosclerosis y el hiperparatiroidismo. Dependiendo del origen del alimento, la biodisponibilidad o asimilación por el organismo es diferente. En el caso del fósforo de origen vegetal, la biodisponibilidad es menor, mayor en el fósforo de fuente animal, mientras que el de los aditivos, la absorción es casi del 100%, siendo la peor fuente. Se recomienda evitar consumir, de mayor a menor, alimentos procesados, carnes, lácteos, frutos secos y legumbres.

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4 Actividad física:

debido a la enfermedad y al tratamiento médico de los enfermos renales, su actividad física disminuye. Por ello, se aconseja a los pacientes realizar una actividad física moderada, practicando ejercicios aeróbicos de forma rutinaria. Pero son los profesionales los que deben recomendar la dieta y el ejercicio adecuado en función de la situación de cada paciente.
Según la Fundación Alicia, “la complejidad en la composición de los alimentos, su alteración debida a los distintos métodos de cocción y el desconocimiento de la enfermedad por gran parte de la población, hace que muchas veces se complique la interpretación de dichas recomendaciones y sea prácticamente un reto integrar esta alimentación en el día a día de pacientes con enfermedad renal”.