•  |
  •  |
  • Edición Impresa

En este tiempo de la crisis en Nicaragua,  de tranques,  marchas,  muerte,  represión, quisiera hablar del costo del hombre y su rol paterno desde un enfoque de nuevas masculinidades. 

El hombre, cuyo precepto del rol del guerrero y del protector masculino lo mandata a ser fuerte,  imponerse ante otros, demostrar con coraje que no te rindes, pero ante este contexto del país hay que ver qué costo trae para los hombres cuando no todos optamos por la violencia, cuando las estadísticas confirman que la mayoría de muertos y heridos somos hombres. 

En lo  personal, cuando estás ahí haciendo vigilancia en tu barrio, protegiendo a los tuyos, a tu familia, sosteniendo un palo o un machete y te dices internamente ojalá no  vengan los grupos de choque y no toque que enfrentarnos a ellos, te humanizas, sientes miedo y te das cuenta de que ese precepto de protector tiene un costo.

Como padre, el temor expectante y sostenido en todo este tiempo de ser el padre protector,  estar con la incertidumbre y la expectativa de que mis hijos o los de mi vecino sean  otro de los caídos en esa lucha, cuando internamente  dos posturas se entrechocan en tu mente y corazón, como decirle a mis hijos jóvenes no se expongan cuando entiendes que el contexto lo requiere, lo demanda, que deben sumarse a una lucha justa, popular, que encierra valores que has infundido en tus hijos, como justicia, libertad, sentido crítico, unido al ímpetu juvenil de cambiar el mundo en que viven y por otro lado el temor de que  tus hijos  engrosen las estadísticas de los  muertos. 

En silencio, a veces, por mantener esa imagen de guerrero no tiras la toalla y  entras en el  pánico que como padre y hombre vives internamente, así sea por unos segundos, tenés derecho de quebrarte, de  tener temor, de sentir miedo a perder a los tuyos, de que tu vida  pueda cambiar tan radicalmente ante ese hecho y que te supere.  

Deseos

Decir que no sientes miedo es mentira, decir no importa morir es otra falacia, porque aun deseo estar aquí entre los míos, ver crecer a mis hijos, compartir con ellos, pero en la esquina, junto con otros pobladores a la espera de cualquier ataque hablo con Erick, un tipo grande, fuerte, que de vez en cuando toma el liderazgo del grupo,  pero que en la confianza que se desarrolla después de días juntos en la vigilancia comunitaria me  confiesa  al momento de compartir un  cigarrillo juntos,  sentir temor y  me pregunta con qué nos defenderemos si vienen los saqueadores,  esa muestra de que el macho alfa en el fondo no deja de tener temor, y qué bien que puedas conectarte con ese sentimiento y desmitificar que eres el hombre todopoderoso.

Estamos aquí protegiendo a nuestras familias en tranques improvisados, unidos por  la esperanza de una Nicaragua mejor, pero con el temor, como cualquier hombre y mucho más como padres de familia, como  supuesta cabezas de hogar, a veces incapaz de expresarle tu miedo a  tu pareja o amigos, cuando cuesta hablar con honestidad y decir  estoy muy tenso, me siento impotente, frustrado, tengo miedo,   necesito tu apoyo, hijo,  compañera, esposa, amiga o amigo, pero cuesta hablar porque te aferras a ese mandato de protector  y te vez  exigido, pero estamos aquí por un bien mayor, por nuestra familia, por nuestra patria, toca por el contexto; no apoyo la violencia,  no estoy a favor de las agresiones, pero la situación me supera. 

Cómo cambiaría mi vida si muriera uno de mis hijos, constantemente pienso en las familias que han  tenido que ofrecer un muerto en esta lucha, ¿cómo están esos padres?

Se hizo la marcha en solidaridad con las madres y me parece muy loable, pero poco se habla de los padres de esos caídos, vi en televisión a un padre llorar cuando llegó por el cuerpo de su hijo al Instituto de Medicina Legal (IML), ese padre que  repudiaba a los que asesinaron a su hijo. Pienso cómo está ese padre y el resto de los padres que han perdido un hijo, sentirán que fracasaron como hombres padres, ya que no pudieron cuidar a sus hijos, que no fueron lo suficientemente valientes para ser ellos y no sus hijos los que murieran en esta lucha. 

Nosotros los hombres que vivimos y sentimos nuestra paternidad,  al igual que las madres amamos a nuestros hijos, ¿cómo estamos en medio de esta crisis?

Trabajo

Otro rol que se ve enfrentado es el de proveedor, hombres que por temor a perder un empleo en el Gobierno, el cual  les provee un salario con el que aportan a la economía  familiar,   prefieren quedarse callados y  no opinar o no ser activista en esta lucha. Internamente existe esa división  que va  desde los extremos de mantener mi empleo o  sumarme a la protesta, ser el padre proveedor o ser el  ejemplo a mis hijos en esta  lucha inquebrantable de no rendirte por miedo, de ser íntegro como persona. 

Otro punto de consideración es cómo el propio hombre  va ganando o perdiendo espacios de poder o prestigio, vigor y fuerza en la socialización masculina a razón de la edad, cuando eres contrarrestado por el joven hijo que con valentía defiende aquellos ideales y valores que le inculcaste y él sí va a la marcha, a la lucha, y tú te quedas en casa con el corazón en la mano, preocupado,  preguntándote ¿debo ir?, ¿ ya estoy viejo?,  ¿soy incongruente entre mi hacer y mi sentir?,  cómo le  pides a tus hijos que se cuiden o que no sigan apoyando las marchas por miedo a que mueran, pero reconoces que es una causa justa  y  también reconoces que su vida vale lo mismo que la del compañero de lucha que cayó a su lado.

Este dolor y temor humano, que los hombres sentimos pero que procuramos callar entre un montón de frases hechas y nos vemos pegando gritos en un tranque, o anestesiando el sentimiento con los traguitos de ron, la ansiedad reflejada en el fumar constante de aquel cigarrillo, pero cuando haces un  poco de tiempo para sentirte internamente y que estos sentimientos encontrados se revuelvan en tu interior hasta logra el equilibrio, deberás encontrar qué es lo correcto entre el hombre, el padre y el poblador.

Honestidad

Pero qué podemos hacer los hombres para contrarrestar esta olla de presión emocional, lo más importante y valioso que puedo compartir es ser honestos con nuestro propio sentir, expresar nuestros sentimientos, hablar con nuestros hijos y decirles cuánto los amamos, cuánto temor sentimos de que les pase algo, qué impotentes somos,  pautar algunas  condiciones de seguridad ante cualquier ataque preservando la vida sobre todo y evitando caer en provocaciones que inciten a la agresión como medio de demostración de la hombría, evitando ver constantemente solo  noticias dolorosas de este contexto, procurar dormir, comer, y tener, así sea brevemente, espacios de sosiego,  solo así podremos tener el equilibrio emocional para poder continuar adelante, no es tirar la toalla, no es renunciar a la causa justa,  es aprender y reflexionar en cada oportunidad que la vida nos da, es procurar  ser mejor ser humano cada día. 

Autor: Un poblador