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La juventud, bien lo decía Rubén Darío, es un divino tesoro que, en la mayoría de casos, cuando la tenemos en las manos no la sabemos apreciar; no obstante, cuando se nos va, la añoramos tanto que nos cuesta superar su ausencia y queremos ir tras ella.

Cuando la juventud empieza a ser pasado, la norma social tiende a estigmatizar a la mujer haciendo chistes y aludiendo a la menopausia, sin embargo, se deja a un lado un elemento tan real como el climaterio, que afecta a los hombres: la crisis de los 40 o de la edad media. 

Todos tenemos un amigo o conocido que ya entradito en años empieza a vestirse con estilo juvenil, se corta el pelo según las últimas tendencias, otros hasta se ponen aretes y se hacen tatuajes, y los más extremos empiezan a salir con jovencitas que hasta podrían ser sus hijas. Todos esos “síntomas” ilustran de manera práctica qué es la crisis de los 40. 

Según el sicólogo Yamill Cajina Machado, esta crisis, aunque no afecta a todos los hombres, sí se da en un grupo representativo.

“Desde los 30 comienza la etapa bendita, por decirle de algún modo. Se caracteriza porque eres mayor pero te sientes joven y esto tiene que ver con saber quemar etapas de la vida, desde la formación de los padres hasta tener bien claras las etapas del desarrollo personal. Por lo general, si algunas de nuestras etapas no fueron superadas, las repetimos. La madurez viene de la experiencia y del conocimiento, eso nos forma la personalidad”, señala.

Impacto 

Una de las tendencias más “peligrosas” de esta crisis es la de caer en el ridículo y esto lo explica el sicólogo con el hecho de que muchos se empiezan a vestir como adolescentes, negándose a su realidad biológica. 

“Esa negación de la edad puede llegar a ocasionar problemas en el matrimonio si esta etapa no es bien gestionada, porque el hombre quiere repetir las experiencia de la juventud, pero se da cuenta que no es igual y puede llegar a caer en depresión. Es obvio que ya no tienen la misma agilidad física, aunque mentalmente crean que sí. La virilidad también puede afectarse y ya tú sabes cómo es el machismo”, apunta Cajina Machado.

Para el especialista, lo más importante es trabajar el autoestima, valorar los logros,  reconocer las etapas del desarrollo humano y aceptar que la vida está en otra etapa, porque en caso contrario el hombre puede sufrir ansiedad debido a los cambios y a la presión social, pues señala que al ver que anda sintiéndose “chavalón” la gente puede empezar a burlarse. 

“Vas a ver a algunos que quieren ser siempre el punto de atención o están en constante lucha por ganarle a un joven, les da celos si un chavalo logra un éxito y dicen frases como ‘en mis tiempos  o  yo lo hacía así’. Esto lo escuchas en deportistas casualmente, nunca dan créditos a los jóvenes y creen que si ellos estuvieran ganarían más fácilmente, por ejemplo.

Otros dicen ‘este chavalo lo pudo hacer por la tecnología y antes no teníamos nada de esto, antes era a puro arroz y frijoles o no teníamos computadora, teníamos que leer todo el libro, ahora solo copiar y pegar’. En fin,  no aceptan los logros de los jóvenes”, continuó.

Esto claramente afecta más  a los hombres que  no lograron sus éxitos, por ejemplo, los que no obtuvieron el trabajo que esperaban, los que no tienen familia ni casa, ellos valoran el éxito y el fracaso, ellos se preguntan qué pueden ofrecer o qué tienen para dar.

Finalmente, el sicólogo apunta a que como estos hombres buscan mujeres jóvenes, las infidelidades son parte de su vida y terminan con la ruptura de matrimonios que llevan años juntos.