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Todo va bien con tu cabello, pero de repente el color comienza a cambiar. ¡Ojo, es una emergencia! En algunos casos el cabello luce de color naranja y no en castaño dorado como cuando saliste de la peluquería. Sucede por una reacción química entre los activos de tu tinte y el cloro de la piscina, sal del mar o la exposición al sol. Pero, si lo tuyo son los caobas, tampoco te libras.

Así destiñe el sol el cabello

Los rayos UV blanquean los pigmentos del cabello, tanto si es natural como coloreado. Destruyen los pigmentos y la melanina, y como ambos desaparecen del pelo, este queda mucho más claro. "A mucha gente le encanta este efecto, pero hay que tener en cuenta que, en realidad, genera una pérdida de color, pero también se come el brillo y desequilibra la hidratación", sentencia María Castán, experta científica global de Wella Professionals.

Y así lo hace el agua

“El agua contiene metales que se acumulan en el cabello y aceleran el proceso de oxidación. También atacan la keratina y hacen que el pelo se vuelva poroso y pierda color. En verano, el contacto con el agua es constante y sucede aún con más intensidad”, asegura María Castán.

¿Cómo se protege?

Hay que lavarlo con productos adecuados que disminuyan la cantidad de cobre en el cabello.

Lleva sombrero o gorro también para ahorrarle a tu melena el exceso de rayos UV.

Protege el cabello de la exposición al sol con productos específicos de protección solar.