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En el centro de belleza es el paso imprescindible de cualquier protocolo de rostro. Pero en casa las relegamos al ostracismo. Y la única razón que se nos ocurre es la falta de tiempo. Confiesa que es solo pereza y recupera el amor por las mascarillas. Requieren, como mucho, 10 minutos a la semana y un momento de calma que vas agradecer. Ellas te devolverán el cariño en forma de activos potentes que penetran mucho más, limpiezas profundas, rehabilitación para tu piel e hidratación casi con superpoderes.

Elige con cabeza

Hay tantas mascarillas en el mercado como tipos de piel, problemas y necesidades. No te lances a comprar sin saber qué necesita tu rostro: -¿Un plan detoxificante? Busca una con arcilla, ingrediente purificante por excelencia.

-¿Una limpieza profunda? Pídele que tenga algún activo termorregulador para eliminar todo lo que les sobra a los poros.

-¿Antiedad exprés? Lo que probablemente necesitas es una inyección de retinol.

-¿Manchas que empiezan a hacerse patentes? Atrévete con ingredientes aclarantes como el ácido láctico.

Manual de instrucciones

Lo bueno es que cualquiera que sea la fórmula que requiera tu rostro, esos 10 minutos de aplicación intensiva le van a servir para reparar los daños de siete días. Pero si quieres sacarle el máximo partido a esos minutos de relax beauty, sigue estos consejos al pie de la letra:

1 Exfolia primero. Sobre una piel limpia y libre de células muertas, los activos penetran más profundamente.

2 Aplica sin remilgos. Date una buena capa uniforme de producto, evitando el contorno de ojos; para esa zona hay mascarillas específicas.

3 Con tisú, mucho mejor. Las máscaras de tejido impregnado sellan la superficie de la piel y permiten que los ingredientes penetren mejor.

4 De dos en dos. Después de una mascarilla purificante debería ir siempre otra hidratante.