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Los nuevos estilismos vienen repletos de toques étnicos, faldas, sandalias de tiras, prendas vaqueras y estampados de rayas y estrellas.
La nueva temporada se nutre de modelos atrevidos, femeninos y sensuales, que no pierden de vista el patronaje masculino y nacen con la vocación de vestir a la mujer elegante a la par que casual. El resultado son las novedosas piezas confeccionadas en tejidos de última generación que dan vida a originales formas y texturas confortables y agradables.

Un año más, el estilo “boho” y los aire “hippies” se instalan en el armario femenino con vaporosos vestidos, amplias túnicas y prendas con toques campestres y bucólicos que invitan al relax.

Los chalecos de antes, las sandalias de cuero, los sombreros de paja y los bolsos grandes colgados al hombro se encargan de revitalizar estas prendas “vintage”.

Pero hay que distinguir entre el estilo “boho” y el “hippy”. Si en el primero se mezclan prendas campestres, bohemias, hippy y étnicas, bien sean de la cultura árabe o de los indios navajos, el segundo admite vestidos largos hasta los pies, pantalones de pata de elefantes, zuecos de maderas, camisetas con frases reivindicativas y rebecas de croché.

Al hilo de esta tendencia, vuelven a surgir los pantalones de campana y las maxifaldas. Los pantalones de pata de elefante, aquellos que dieron la vuelta al mundo en la década de los 70 y que lució Farrah Fawcett como nadie, vuelve a instalarse en la ciudad gracias a las propuestas de Louis Vuitton, Diane Von Furstenberg, Céline o la firma Mango.

Un año más, el estilo “boho” y los aire “hippies” se instalan en el armario femenino con vaporosos vestidos.