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Bien dicen por ahí que las madres son capaces de hacer todo por el bienestar de sus hijos, así como también en general, hay mujeres que nacen con la iniciativa de ser emprendedoras y arriesgadas ante el aprendizaje de un nuevo oficio, tales casos aplican a las historias de Brenda Martínez Cárcamo, de 31 años y Darling Guerrero Medrano, de 30 años. Ambas son originarias de Managua y son mujeres comunes que desempeñan un trabajo no tan común, pero que pese a ello, han logrado salir adelante siendo además madres solteras. Sus historias son similares, el destino las cruzó al encontrar una oportunidad de empleo en la empresa especialista de lubricantes Lucalza, y el apoyo mutuo de estas mujeres ha sido incondicional, de tal forma que así han aprendido a ser fuertes ante las adversidades de la vida.

Sobre sus experiencias

Y, ¿sobre qué trata el trabajo de ambas?, pues bien, los inicios de ellas fueron los mismos, por ahora Brenda ha sido promovida y se encuentra en otro puesto, desempeñando siempre tareas dirigidas en función de ventas. Por su parte, Darling lleva menos tiempo en la empresa, pero en ese trayecto ha demostrado que ha sido capaz de luchar contra su pesimismo, pues confiesa que en un principio se sintió aterrada porque no tenía ningún conocimiento sobre vehículos. 

Básicamente lo que estas mujeres aprendieron a hacer es a especializarse en el conocimiento de lubricantes, para ello trabajan como promotoras de ventas impulsando la marca de Lucalza en diferentes puntos de lubricentros, ahí se presentan, promueven la marca, barren el espacio a ocupar, limpian los estantes y acomodan los productos para que estos tengan una buena presentación, llegan los clientes y ellas como expertas en asesoría de aceites y lubricantes les indican cuál conviene más al vehículo, haciendo un chequeo previo del motor y otras piezas, mientras preguntan a sus usuarios el año de la carrocería, tipo de motor, recorrido del vehículo y miden el nivel de aceite.

“Desde que llegamos al puesto de venta, nosotras nos volvemos un 50% personal del cliente, y consideramos que a través de nuestro trabajo, mantenemos contento al usuario, le damos un valor agregado y hemos visto que la preparación que nos ha brindado la empresa ha dado resultados positivos”, expresa Brenda Martínez. Estas chicas, que llegaron a la empresa con el interés de mejorar la calidad de vida de ellas y de sus hijos, confiesan que en absoluto, nunca les ha molestado llenarse las manos de grasa así como tampoco ponerse sus trajes de gabachas de cuerpo entero, pues comprenden muy bien de lo que se trata su empleo. Para Darling Guerrero, tocar las partes internas de la carrocería es la mejor forma de dirigirse en su trabajo y así conocer dónde están ubicadas las piezas, aparte que eso le ha dado más seguridad para argumentar a los clientes a la hora de recomendar un producto.

Brenda Martínez

“Declarar algo que queremos en nuestra vida, eso es primordial para que nuestros sueños se hagan realidad, porque además, con la intercesión de Dios se cumplirá”, es uno de los consejos que comparte Martínez. En Lucalza, ella lleva trabajando tres años y cinco meses aproximadamente. Recuerda que no le fue fácil aprender, sobre todo por los términos que tenía que utilizar, pero dice que es fácil cuando el aprendiz solo se deja enseñar y pone de su parte. 

Como promotora estuvo año y medio trabajando hasta que le llegó su ascenso al área de mercadeo, lo cual también le implicó enfrentar un nuevo reto: conseguir un carro para desplazarse a diferentes puntos. Revela que no tenía ninguna cuenta de ahorro, requisito que pide el banco, tocó puertas, pero todo parecía oscuro para ese reto, sin embargo, por su desempeño demostrado, la empresa accedió  apoyarle en la obtención del vehículo. Según ella, todo ha ido surgiendo poco a poco por añadidura. Actualmente obtuvo su segundo ascenso, esta vez al área de ventas, y ahora el desafío es vender con metas trazadas, de lo cual está confiada en poder lograrlo.

Darling Guerrero

Guerrero, madre de dos hijas, lleva trabajando un año y 9 meses en la empresa, y también le significó un reto aprender, no tenía nada de conocimiento en esta rama, su experiencia solo se remitía a la atención al cliente en puestos de ventas de productos varios. 

“Le he agarrado gusto al trabajo de impulsadora, me gusta estrechar lazos con los clientes, que se sientan bien atendidos, y le damos regalías”, comenta Darling. Entre sus recuerdos destaca que llegaba a su casa a estudiar todas las noches, mientras sus pequeñas trataban de capturar su atención, que al final, hasta ellas aprendieron algo de su oficio, cuenta entre risas Guerrero. Como consejo, Darling asegura que nunca hay que perder las esperanzas de encontrar nuevos horizontes y que hay que aprovechar a las personas que nos comparten sus conocimientos.