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En Nicaragua, de acuerdo con el Mapa de padecimientos de la Salud del Ministerio de Salud, en el año 2017 se registraron 193 muertes debido al cáncer de mama, un 9% menos que en el año 2016. Además, según las últimas estimaciones de la Asociación Nicaragüense de Oncología, al año se diagnostican 1,000 casos nuevos de cáncer de mama en el país.

Ante esta alarmante realidad Payless ShoeSource, sirve en todas las tiendas de Latinoamérica y El Caribe, pone a disposición de sus clientes durante octubre, tenis marca Champion, una pulsera y un par de medias de la colección especial identificados con el color alusivo a la campaña. El dinero recaudado por la compra de estos productos es donado a las fundaciones apoyadas en cada país. Además, cada cliente que adquiera los artículos identificados recibirá un cupón equivalente a 20% de descuento en su próxima compra en Payless.

“Nos emociona ser parte de esta campaña y nuevamente apoyar a la Clínica del Cáncer de mama de la Fundación Ortiz Gurdián, porque realizan una labor sobresaliente con los pacientes de cáncer, una enfermedad que afecta tanto al paciente como a la familia. Sabemos que esta campaña no es más que un granito de arena con el que la familia Payless en Nicaragua contribuye con aquellas personas que necesitan nuestro apoyo para luchar contra esta enfermedad”, expresó Ronnie Aguilar, Gerente País de Payless ShoeSource.

Una guerrera

Una mujer jovial, luchadora y optimista, así es doña Martha Ligia Bermúdez, a quien la vida le cambió cuando el cáncer tocó a su puerta.

Originaria de San Jorge, Rivas, es casada y tiene dos hijos. Su mundo trastabilló cuando en la axila se sintió una pelota del tamaño de una almendra. Por lo que acudió donde un amigo que trabaja en un hospital y al día siguiente ya estaba frente a un médico quien le indicó que tendrían que hacerle una cirugía menor para extraerla.

“Cuando me operaron dijo el doctor, yo hubiese querido que esto no fuese un ganglio. Eso me inquietó y le pregunté qué quería decir y me preguntó que si podía hacerme la biopsia lo más pronto posible, porque tocar un ganglio es tocar un centinela. Yo salí llorando y mi madrastra me preguntó qué me pasaba y le respondí que el doctor me dio a entender que me sacó algo malo. Ella me dijo que tuviera fe y mi amigo del hospital me llevó donde una patóloga”; recuerda.

La biopsia estaría lista en 15 días, pero pasó el tiempo y no recibía llamada para darle el resultado. Su madrastra la llamó para decirle que cuando fuera ella la acompañaría, pero una de sus hermanas le dio la noticia de que había dado positivo para cáncer.

“Cuando a uno le dicen que tiene cáncer, cree que el mundo se le va a acabar ahorita. Es una palabra tan fuerte. La patóloga me dijo que tenía cáncer y que el otro problema era que se trataba de un carcinoma poco diferenciado y no se sabía dónde lo tenía. Dios me puso ángeles en el camino y ese mismo día los doctores me hicieron estudios y el cáncer no me salía por ningún lado. En ese momento uno de ellos me dijo que su mamá era sobreviviente de cáncer y que la habían atendido en una fundación muy buena en Managua, era la Fundación Ortiz  Gurdián”, relata. 

Ella se dirigió a la FOG pero la directora estaba fuera del país, por lo que no pudo ingresar, así que se fue al hospital Bertha Calderón, donde le hicieron todos los exámenes y el cáncer no aparecía. Le indicaron un estudio que solo lo hacían en privados y finalmente se lo realizó en Costa Rica y todo apuntaba a que padecía cáncer de mama.

“Allá me mandaron un ultrasonido y cuando llegué el médico me preguntó qué era lo que andaba cargando y le dije que todos los exámenes que me hicieron en el Bertha, se los enseñé y me dijo que en la mamografía se miraba el cáncer, medía menos de 1 centímetro. Me hizo el ultrasonido y lo confirmó. Con ese resultado vine de nuevo al Bertha y le dije a la doctora que quería sacar cita en la Fundación Ortiz  Gurdián y ella me dijo que para qué me había venido de la fundación, que ahí iba a estar bien. Ella me dio una nota y regresé aquí donde el doctor Ortega y le pedía ayuda, me dijo que no dependía de él sino del presupuesto y que tenía que esperar a la directora. Yo salí llorando y una paciente me dijo que hablaría con ella. Y así fue, doña Teresa me recibió cuando vino y me dijo bienvenida a su nuevo hogar”, señala sobre su llegada a la FOG.

Inició a ser atendida, le hicieron cirugía por arpón y le dijeron que su cáncer salió triple negativo, por lo que se alegró; sin embargo, el doctor le explicó que era un cáncer agresivo que no permitía quimioterapia.

“Yo sentí morir. El doctor dijo que íbamos a aplacar la arrechura de ese cáncer y me pusieron ochos quimioterapias, que para mí es lo más duro. En enero de 2015 me operaron y me sacaron 19 ganglios y estaban negativos, lo que significaba que la quimioterapia funcionó. Me quitaron la mama y el cáncer no apareció, me declaré sana en el nombre de Dios. Mi familia ha muerto de cáncer, yo heredé el más agresivo. Estoy sin tratamiento y solo en chequeos. Le pido a Dios que me permita ver que mis hijos sean independientes y que después me lleve, solo eso le pido y mientras este cáncer no aparezca me declaro sana”.

Tiempo, factor clave

Doña Mónica Ferrufino es originaria de la Paz Centro, León. A diferencia de muchas mujeres, ella se hacía el autoexamen de mamá y una vez, bañándose se descubrió una pelotita “algo grandecita” en el seno izquierdo, pero en ese entonces ella cuidaba a su mamá que estaba delicada y hospitalizada en Managua, y pensó en priorizar la salud de su mamá.

Cuenta que no se decidía a ir a un hospital a valorarse la pelotita por lo distanciado que ponen las citas con los doctores, y manifestó que en La Paz Centro, una hija de una señora sobreviviente del cáncer, y que se ha dedicado a apoyar a otras mujeres, fue quien llevó sus documentos  a la Fundación Ortiz Gurdián.

“En el lapso de 15 días me llamaron, me hicieron la mamografía, ultrasonido, y después me pasaron con el oncólogo. Cuando me confirman que tenía cáncer de mama solo pensé en mis hijos, pensé que ya moría. En la primera consulta yo me desbaraté. No podía parar de llorar. Desde la primera consulta tuve que pasar con la sicóloga (…). Fue impactante. Yo me sentía como que ya me iba a morir e iba a dejar a toda mi gente. Decirle a mi gente eso es bien duro porque tenés que explicar, volver a decir todo lo que te dijeron y que duele”, confiesa.

Sin embargo, afirma que las sicólogas de la FOG le ayudaron a comprender lo que pasaba y “me explicaron cómo decirle a mi niña, a mi viejita y a toda mi gente”.

Ella asegura que recibió apoyo y palabras de aliento de su familia y amistades.

A doña Mónica le practicaron cuatro quimioterapias, después le hicieron la mastectomía en el seno izquierdo y luego le practicaron cuatro quimioterapias más. La primera quimioterapia se la pusieron a los ocho días de que le dieron el diagnóstico de cáncer de mama. “Fue bastante rápido desde que aceptaron mi caso”.

“A mí me dio alergia. En la primera quimio me vi maluca, me tuvieron que poner doble antialérgico que le ponen aquí. Además de la caída del cabello, es la pérdida de apetito, te cambia el paladar. Se me puso que sentía las cosas dulces, saladas, amargas. Un día te da diarrea, otro día te da vómito, a veces las dos cosas juntas. No podés sentir un grano de arroz en la boca porque eso te provoca unas nauseas y un malestar inmenso. En los últimos días me cansaba porque el estómago le pide comida, pero la boca no quiere que le pase por ahí y no son todas las comidas, son algunas las que una tolera y lo poquito que toleraba, yo buscaba como cosas que no fueran de grano y entonces trataba de ponérmelas al fondo de la boca y decía ‘ahora estoy como los chompipes’ (ríe) porque solo tragaba para tener tranquilo el estómago”, comparte.

Entre las primeras cuatro quimioterapias y la operación “bajó drásticamente de tamaño el tumor y por eso tuve la oportunidad de que me operaran después de las primeras cuatro quimioterapias”.

Además de la extirpación del seno izquierdo, a Mónica le sacaron 14 ganglios, y en cuatro de ellos todavía había rastros de cáncer y para eliminar cualquier rastro le aplicaron cuatro quimioterapias más.

Mónica narra —llorando— que “ese fue otro proceso, saber que me iba a quedar sin mi seno. Es difícil todavía. He aprendido a vivir (sin él), porque la verdad que todo, y en mi hogar todo está bien. Dice mi marido que no importa, gracias a Dios (…). Son momentitos en los que uno se pone nostálgico de ver qué bonitas se miran (las otras mujeres) y se pueden poner de todo, pero yo pienso que estoy viva. Estoy con mis hijos y eso me reconforta”.

En cuanto al apoyo de la FOG dijo:

“Yo siento que ha sido bien completo el apoyo. Eso que te hacen los exámenes rapidísimo es fundamental para uno. Mi cáncer ya estaba en una etapa B y 3, ya estaba avanzado e iba para los pulmones. El que te hagan todos los exámenes así de rápido, eso es fundamental para uno. Yo siento que es bien efectiva la forma en cómo lo tratan (a uno). Después de mediodía no estás aquí. Si hay gente que cree que pierde el tiempo, pues solo pierde mediodía porque es bien rápida la atención. La forma en cómo te tratan aquí se siente bien humano. Están pendiente de uno, el que tengamos la oportunidad de pasar cuántas veces se pueda con la sicóloga. Yo pasé montones de veces, pero cada vez que salía de ahí (consulta) me sentía más fortalecida y valiente. Para mí es fundamental la forma en que atiende la fundación y cómo te da todo el tratamiento la operación y después volvés y sigue el tratamiento… para uno que es pobre, eso es enorme”.