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Tokio, capital de Japón, fue escogida el 7 de septiembre de 2013 por el Comité Olímpico Internacional, COI, como la sede de los trigésimo segundos Juegos Olímpicos de verano.

En ese entonces, Shinzo Abe, Primer Ministro de Japón, declaró: “Al escuchar la palabra ‘Tokio’, me sentí embriagado de emoción. La alegría fue incluso más grande que cuando fui escogido Primer Ministro. El COI le ha dado una inmensa oportunidad a mi país, y comenzaremos a trabajar inmediatamente en ella”.

Casi un año después, en una noticia publicada por la agencia de prensa nipona, Jiji Press, Abe anunció que le gustaría que en paralelo a los Juegos Olímpicos de Tokio, se disputaran las Olimpiadas de robots. “En 2020 me agradaría reunir a todos los robots del mundo y crear unos Juegos Olímpicos en que estos compitan en habilidades técnicas”, dijo.

Como es lógico, los “atletas-robots” no competirían con los atletas humanos, sino que se desempeñarían en una competencia aparte, en diferentes disciplinas. Los laureles, entonces, serían distribuidos entre equipos de científicos e ingenieros en robótica. Esta idea, según Abe, es parte de la estrategia de crecimiento económico que busca su país.

El mandatario afirmó: “Queremos hacer de la robótica un pilar de nuestra economía. Una revolución en robótica podría ayudar al crecimiento de Japón”.

Sin duda, y de llevarse a cabo satisfactoriamente, esta ambiciosa idea de juntar robots con deporte mostraría al mundo que la estrategia de la que habla Abe es tan seria como factible.