• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

El uso de las redes sociales puede convertirse en un juego peligroso. Muchos usuarios nicaragüenses son víctimas de comunicaciones arriesgadas que se dan en los entornos digitales. Por ello debemos ser cautelosos con el contenido que compartimos en nuestros chats y biografías.

Algunas situaciones que nacieron en las redes sociales trascendieron a planos mediáticos, y eso permitió que fueran capaces de llamar la atención de las autoridades. Otros malos usos se han normalizado. Nadie los penaliza. Son perjudiciales porque involucran la burla y el desprestigio colectivo.

En esa realidad debemos plantearnos dos cosas: ¿Hasta qué punto es bueno que desconocidos tengan mucha información sobre nosotros? ¿Cómo actuarías si sos parte de un meme viral? END

Los usuarios nicaragüenses son muy dados a compartir fotografías en Facebook e Instagram sobre los niños. Es una práctica “normal”. Se convierte en peligrosa cuando damos más información de la que podemos controlar. Una foto puede estar cargada de datos que van desde el colegio donde estudian tus hijos, las horas de salida y de entrada, la edad y las personas con quienes se relacionan. ¿Por qué la gente que no conocemos debe saber sobre esos datos?

La información que viaja en las redes de nuestros perfiles puede ponernos en situaciones vulnerables. Podemos recordar cuatro sucesos que marcaron las violaciones de seguridad y privacidad en nuestro país. Fueron delitos espeluznantes.

1.En octubre de 2015, un nicaragüense utilizó Facebook para estafar a un migrante indio. El pinolero le ofreció la oportunidad de llevarlo a Estados Unidos por una cantidad de dinero y no cumplió con el acuerdo.

2.Hace un año un joven de León hizo dos perfiles falsos en Facebook y logró tener comunicación con cinco muchachas a quienes abusó sexualmente.

3.En febrero de 2016, circularon en Chinandega (a través de Facebook y WhatsApp) cientos de fotografías de niñas y adolescentes sin ropa.

4.A mediados de junio, la Policía detuvo a un nica acusado de ser parte de una red internacional de explotadores sexuales. Distribuía, a través de WhatsApp, contenido de pornografía infantil.

Si bien estos son casos extremos, también hay otras prácticas que se han normalizado en las redes sociales y que nos ubican en situaciones de riesgo.

La gente se burla de otros como parte de una cultura del desprestigio. Una fórmula especial de esa cultura es lo que resulta de la suma de un contenido morboso que se presenta en televisión, hace eco en las redes sociales y viraliza memes destructivos.

Entre los temas que escalaron primero en formato noticioso televisivo y luego en las redes, se encuentra la presentación de una mujer que dice sentirse dichosa por ser cortejada por dos varones, un hombre que dice sentirse robado porque el narcótico que compró parecía ser falso, una candidata de certamen de belleza a la que se le pregunta una fórmula matemática que no puede contestar, entre otros.

¿Cómo actuarías si un día te equivocás por algo tonto, esa acción llega a miles en las redes sociales y te convertís en blanco de una lluvia de memes?

El meme diseñado para la burla tendrá un poder destructivo como la misma nota presentada en formato noticioso audiovisual. El usuario protagonista no podrá defenderse ante una comunidad dispuesta a propagar el desprestigio.

Las redes sociales deben integrarse para estar en constante comunicación con amigos, familiares y contactos. Deben eliminar distancias, informarnos y hacer valer nuestras opiniones, no para que cada día seamos más vulnerables ante delitos y prácticas peligrosas.