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Las microalgas, plantas microscópicas presentes en todos los ecosistemas acuáticos, no solo son un eslabón clave de nuestra vida al proporcionarnos parte del oxígeno que respiramos a través de la fotosíntesis que efectúan, sino que, además prometen mejorar cada vez más nuestra existencia.

Estamos familiarizados con algunas, como la chlorella, la spirulina y la dunaliella, usadas en productos de higiene o belleza y complementos nutritivos, aunque se calcula que existen más de 60 mil especies de microalgas.

Debido a su composición rica en proteínas, carbohidratos y lípidos, estos microorganismos de rápido crecimiento y capaces de generar una biomasa (materia orgánica de origen vegetal) de color verde, son fuente de muchos productos en diversos sectores, desde la nutrición humana y animal hasta la agricultura, la acuicultura y la cosmética. Hay en marcha diversas investigaciones que plantean el empleo de microalgas como depuradoras de agua o como sumideros de CO2, mientras aumentan sus aplicaciones en campos como la farmacología o la producción de celulosa para papel.

Pero, en un futuro no muy lejano, las microalgas generarán energía limpia y biocombustibles procedentes de residuos de cultivos, subproductos de las industrias alimentaria y forestal o cultivos destinados a ese fin, señalan desde AlgaEnergy, compañía dedicada a la investigación y desarrollo de microalgas.

Esta firma ha desarrollado cepas de microalgas que se usan para reforzar alimentación de peces en piscifactorías; bioestimulantes agrícolas para aumentar rendimiento, resistencia y calidad de los cultivos; complementos nutricionales de consumo humano; concentrado para animales y extractos cosméticos. Además, ha producido biocombustible de microalgas “con un alto poder energético y otras propiedades sobresalientes” y ahora trabaja para optimizar la fabricación de biomasa “destinada a los biocombustibles y reducir los costos de la producción para hacerla industrialmente rentable”. 

“Aunque todavía es caro propulsar aviones con combustibles provenientes de algas, esto terminará por ser viable”, aseguran desde AlgaEnergy, añadiendo que su combustible ya tiene las condiciones apropiadas.

Compuestos clave

La composición de las microalgas las convierte en una materia prima sin par, rica en compuestos convertibles en biocombustibles, según la compañía con sede en Madrid. “Para obtener biocombustibles son particularmente interesantes aquellas microalgas capaces de acumular grandes cantidades de lípidos y de carbohidratos y que, a su vez, crezcan rápido”, señala Carlos Rodríguez-Villa, director general de AlgaEnergy.

Para este propósito –dice– se investigan dos vías de manera independiente y combinada: el denominado screening de nuevas cepas, que se buscan y aíslan de la naturaleza, y la mutación genética de las cepas existentes y conocidas con el fin de mejorar su comportamiento. 

Añade que su compañía puso en marcha en 2010 el proyecto de investigación propio Genetdiesel, que concluyó con la generación de cepas de microalgas mutadas, mediante ingeniería genética, que lograban duplicar la concentración de lípidos, lo que ha generado un gran impacto en la reducción de los costos del biocombustible del futuro.

Dependiendo del tipo de combustible, se seleccionan las microalgas en función de su composición, tasa de crecimiento celular y tasa de acumulación de lípidos o carbohidratos, añade. “Si nos interesa obtener bioetanol, seleccionaremos estirpes con mayor contenido en carbohidratos, pero si nos interesa obtener biodiésel, optaremos por microalgas con un alto contenido en lípidos”, explica, para añadir luego que también se puede obtener biogás a partir de la biomasa o de un residuo de esta. 

“De hecho, tenemos patentado un proceso de extracción que aprovecha el ciento por ciento de los componentes de la biomasa microalgas”, precisa.

Cultivos controlados

“Otras variables que hacen de las microalgas una de las materias primas más prometedoras para biocombustibles son que durante su cultivo se captura CO2, pueden cultivarse usando aguas residuales, no compiten con otras fuentes de alimentación humana al no requerir terrenos con valor agrícola o que son tan productivas que permiten hasta una cosecha diaria –recalca–. Nuestras investigaciones van orientadas a obtención de biocombustibles versátiles que posean un elevado poder energético y otras sobresalientes propiedades y puedan ser utilizados en aviones y cualquier medio de transporte, así como en otros sectores e industrias como la construcción”.

Rodríguez-Villa también explica que están centrando sus esfuerzos en reducir los costos de producción, para lo cual cuentan con el apoyo de entidades de la aviación comprometidas con la innovación sostenible. “De hecho, hemos instalado en la terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, nuestra plataforma tecnológica de experimentación, que es probablemente la herramienta de investigación privada en el sector de las microalgas más potente a nivel mundial”, enfatiza Rodríguez-Villa.

Dice que es difícil hablar de un plazo para usar los biocombustibles de microalgas porque depende de los avances y los precios del combustible que se quiere reemplazar.

“En los últimos cinco años hemos logrado abaratar los costos a un tercio, y ahora sabemos con certeza que un biocombustible obtenido de microalgas es eficiente; por tanto, estamos en la buena dirección”, concluye.