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Ubicada en el corazón de la rotonda universitaria, “La casita de arriba” –mejor conocida como Uruk Kalli– es un café concert que surgió en la ciudad capital hace un par de años, con el propósito de dar cabida a las bandas musicales del país que no tenían espacio para presentarse a tocar, asegura Chema Castillo, propietario del lugar.

En Uruk Kalli, mejor conocido como el “bar de los músicos”, todas las noches de miércoles a sábado, hay una banda de chavalos sobre el escenario descargando toda su energía a través de la música. Desde bandas internacionales, como Adhesivo y Cienfue, hasta solitarios músicos de jazz que deleitan al público.

El lugar es ideal para bailar, cuenta con una pista y suena la música toda la noche. Lo mejor es que después de la medianoche, siempre tiene una dosis de música electrónica a cargo de los nuevos DJs nacionales.

Menú musical

Uruk Kalli, explica Chema Castillo, es un espacio donde los chavalos pueden llegar a deleitarse con lo mejor de la música nacional, pues los días en que abren sus puertas, hay una banda nacional sobre el escenario. Agregó que todas las noches cambian de agrupaciones y tras un concierto, cierran con música electrónica hasta la madrugada.

Para los jóvenes de los años 80 el bar ofrece las noches de “Lobojack”, cada mes y medio. Y en esas noches, el local ofrece música propia de esa época.

Tragos propios

La “casita de arriba” también ofrece a sus visitantes dos tragos originales para deleitar el paladar. Estos son: el mango shot, un refresco de pulpa de mango con ingredientes secretos, y “corazón de dragón”, que es elaborado a base de pitahaya. Ambas bebidas son gratis y se entregan cada cierto tiempo a los presentes en el local. El local además ofrece promociones de cervezas nacionales.

Exposición de fotos

Para los amantes de las artes plásticas y la fotografía, Uruk Kalli monta exposiciones fotográficas periódicamente, con el fin de promover a los nuevos talentos nacionales y para llevar el arte a sus visitantes. En el local, se pueden apreciar pinturas creadas por los talentosos pintores Jean Calvet y Xabier Garay.

La entrada a Uruk Kalli va desde los 30 córdobas hasta conciertos en los que vale 100 “pesos”, destacó el dueño del local. “Nosotros cobramos precios simbólicos, porque la música no puede ser gratis”, finalizó Chema Castillo.

30 y 100 córdobas oscila la entrada al local por noche.

No existe código de vestimenta para acceder al local.