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La violinista Mónica Rodríguez Espinoza, de 19 años, el chelista Ira Bermúdez Cisne, de 15, y la bailarina Sonia Meynard Belli, de 30, formaron parte de una comitiva de 30 personas que salió de Nicaragua del 6 al 13 de septiembre pasado para representar la cultura nacional en El Salvador y Guatemala. Estos jóvenes interpretaron composiciones de José de la Cruz Mena, Camilo Zapata, Carlos Mejía Godoy y otros compositores nacionales, adaptadas a instrumentos de orquesta y acompañadas por coreografías de baile en homenaje al mes cívico de Nicaragua. Luego de una apasionante y demandante aventura, los tres amigos nos cuentan sus anécdotas.

¿Qué se siente saber que la música y la danza los hace conocer otros países?

Sonia: A mí me llena de orgullo ser una embajadora representante de la cultura de Nicaragua, en específico de la danza, pues hago parte del Ballet Folklórico Macehuatl. Tuvimos que esforzarnos para dejar el nombre del país en alto.

Mónica: En mi caso es uno de los sueños que siempre quise cumplir y que, en estos momentos, en estos últimos años, se ha cumplido gracias a la música.

Ira: Yo me siento feliz por haber representado la cultura nicaragüense en dos países extranjeros. Y el hecho que tengo a mi hermano en la orquesta y a mi padre como director, me hizo sentir más confianza.

¿Cuántos músicos componen la OSJRD?

Mónica: Somos 45 miembros, pero a la gira fuimos una comitiva de 30, contando a los del Ballet Folklórico Macehuatl, a los directores y al staff. De la orquesta fuimos 20.

Durante la gira, ¿cuántos conciertos hicieron?

Mónica: Hicimos seis. Tres en El Salvador y tres en Guatemala. En El Salvador, el primero fue en un edificio que era un antiguo cine de la ciudad de San Miguel, que posiblemente lo convertirán en un teatro. El segundo fue en el Teatro de Santa Ana, en una localidad del mismo nombre, y el tercero fue en el Teatro Presidente de San Salvador. En Guatemala, el primero fue en la Aula Magna “Iglú”, de la Universidad de San Carlos; el segundo fue en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala y el tercero, en el atrio de la Iglesia San Francisco el Grande, de La Antigua Guatemala. Este, a pesar que no era un lugar idóneo para la acústica, por lo abierto de su estructura, fue el concierto más bonito. El público estaba feliz, aplaudía con mucha fuerza y nos pedía más y más canciones.

Sonia: Otra cosa que fue muy lindo y nos sorprendió fue que de las tres presentaciones que tuvimos en Guatemala, yo recuerdo haber visto las mismas caras tanto en el conservatorio como en el atrio de la iglesia, y eso significa que a la gente le gustó tanto que quiso ver de nuevo el espectáculo. De hecho, había una señora de Bolivia que la llamaron “la bailarina del público”, porque ella se emocionaba, se levantaba y se ponía a bailar sin pena entre la audiencia.

En Guatemala incluso aparecieron en un programa de televisión, ¿cómo estuvo eso?

Mónica: Seleccionaron a 9 integrantes de la orquesta y fuimos a un canal de televisión de allá, a Guatevisión; allí tocamos algunas de las composiciones de la gira, como “La Mora Limpia” y el “Acuartillado”. Eso fue en la mañana del segundo día en Guatemala y nos gustó mucho, fue una experiencia diferente.

Esta fue la primera vez que el Ballet Folklórico Macehuatl acompañó a la OSJRD en la Gira Internacional, contanos un poco de tu experiencia, Sonia.

Sonia: Nosotros este año nos unimos a la gira gracias a una invitación del Teatro Nacional Rubén Darío. Fuimos dos parejas, dos hombres y dos mujeres. Por lo general el espectáculo se aprecia mejor cuando son al menos 4 parejas. Entonces tuvimos que trabajar el triple de lo que se hace generalmente, porque entre más gente hay, más se fijan en el conjunto y en los detalles. Por ejemplo, en la Universidad de San Carlos, el espacio estaba diseñado para que tocara solo la orquesta. A nosotros nos tocó una especie de pequeño pasillo circular y tuvimos que adecuarnos a él. Algo que nos conmovió bastante fue que el rector de la universidad se nos acercó y nos felicitó diciéndonos que se notaba nuestro profesionalismo, porque bailamos a gran nivel, incluso en ese espacio reducido. Además, nosotros fuimos solos y sin director, así que nosotros mismos debíamos gestionar cómo lo haríamos, valiéndonos de nuestra experiencia.

¿Algunas anécdotas para rescatar?

Mónica: En las ruinas, en El Salvador, el guía nos hizo reír mucho porque en los jeroglíficos olmecas había representaciones de rostros que se parecían a algunos de nuestros compañeros (risas). En El Salvador, yo compré un perrito de juguete que era como mecánico y le puse el nombre de “Tova”. Ladraba y caminaba para adelante y para atrás, y esa fue la mascota de la gira (risas). Yo la andaba como si fuera una perrita de verdad. Si iba a hacer algo, la envolvía en una camisa y le decía a un compañero: “Teneme a la Tova”, que no se caiga.

Ira: También fuimos a ver a la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala, en un homenaje que le brindó a Fidel Funes, quien fue un ejemplo para la música regional. Le hicieron un tributo grande y muy bonito. Y tuvimos la oportunidad de conocer el teatro nacional de ese país.

 

 

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