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Mi nombre es Pancho Cajina Managua terremoteada y aunque tengo mala espina yo no soy mal bozaleado, Mi nombre es Pancho Cajina pero tengo un mal apodo por trabajar en las ruinas me dicen Panchito “Escombros”.

40 años después del terremoto de ManaguaPanchito “Escombros” no se llamó nunca Francisco ni se apellidó Cajina. Tampoco era del Reparto Schick y sus amigos, otros escombreadores, no se apodaban “Cuerpo de León”, Porfirio “Caremula” ni Venancio “Sarampión”.

Sin embargo, ese hombre de pelo murruco y flaco, y sus amigos descamisados que aquel mayo de 1973 atareados buscaban algo de valor entre las ruinas, representaban al capitalino promedio tras el terremoto que asoló Managua la madrugada del 23 de diciembre de 1972.

El capitalino que pudo haber muerto a tiros al intentar transgredir el cerco de seguridad –un alambrado de púas- impuesto por Somoza después de la hecatombe para evitar que se entrara a la zona; el que no recibió la ayuda internacional de países amigos que llegó a borbollones; el que se empobreció y vio caer su casa y morir a su familia; y el que emigró de Managua.

Casi cuarenta años después de que la canción salió por primera vez al aire, su cantautor, Carlos Mejía Godoy, recuerda cómo nació este éxito de la época, y una de las melodías que lo convirtió en cantor, pues entonces solo escribía y le daba sus letras a otros para que las interpretaran.

La canción nació de la fatalidad que fue el sismo de 6.2 en la escala de Richter ocurrido la madrugada del 23 de diciembre de 1972, que provocó entre 10,000 a 20,000 muertos, alrededor de 200,000 familias sin hogares y, el desplazamiento de unas 350,000 personas, casi el 10% de la población nacional.

Hasta entonces no había ocurrido un desastre natural de ese tipo. En el apartado de Historia de Terremotos, la página web del Programa de Riesgos de Terremotos de Estados Unidos reporta que antes del sismo en Managua, hubo otro en Kingston, Jamaica, en 1962, provocando la muerte de 2,000 personas. Por tanto, el terremoto de 1972, hasta ese momento, se consideraba el más devastador del Hemisferio Occidental.

Panchito “Escombros” nació por necesidad. Para contar su historia se debe relatar también la de la ilustre María de los Guardias.

Antes del terremoto, Mejía Godoy buscaba a una mujer para interpretar esa canción, que se escucharía mal en la voz de un hombre por ser este un país con una cultura machista.

“Y no la hallé, en ese ínterin, viene el terremoto y la cinta queda atrapada en los escombros de la Radio Corporación. El “Pato Lucas”, Luis Manuel Somarriba y otros, logran rescatar unas cosas de Pancho Madrigal y allí venía la María de los Guardias, que estaba grabada de forma artesanal con Otto de la Rocha. Fue una cosa providencial. Las emisoras comenzaron a sacar copias”.

Carlos Mejía Godoy era también un “terremoteado” y por eso emigró a Costa Rica y luego a Honduras, donde se estableció hasta mayo de 1973, cuando decidió regresar a Nicaragua.

“Cuando vengo entrando por la frontera de El Espino hacia mi pueblo natal, Somoto, oigo la María de los Guardias en la Radio Pinares, de Ocotal. La oigo en las radios de Somoto, en las de Managua y yo me preocupo porque nunca quise grabar esa canción en mi voz, era contraproducente. Al llegar a Managua e investigar quién había dado permiso para eso, me dijeron: Carlos, ¿quién va a andar pidiendo permiso? Aquí estaba el terremoto. Lo importante es que no hicieron discos porque no existía el pirateo”.

Horacio Borgen, dueño de Sonorama, le propuso grabar un single, mil copias de la María de los Guardias. “Entonces yo me pregunté: ¿qué le pongo al otro lado? La María de los Guardias es un éxito, al otro lado tengo que ponerle una canción de denuncia”.

Así fue que escribió “Entre los escombros”. Pero en la preparación del single nace Panchito Escombros.

“Voy pasando por los escombros y veo a un hombre agarrando hierro, en una parte de la zona que no está alambrada. Este hombre no se llamaba Pancho Cajina, ni Francisco. Es más, ni le pregunté, previendo que hubiese problemas con los personajes. Le pregunté qué hacía y me dijo: ‘Hermanito, buscando la vida, estos hierros retorcidos los llevo para mi casita, de repente encuentro cositas, un anillo me encontré el otro día’”.

Panchito Escombros utiliza uno de los elementos vitales de la canción nicaragüense, la picardía y el refrán:

En el alboroto de este terremoto todo lo perdí/

Perdí mi casita que era tan bonita de La Tenderí.

“No menciono somocismo ni dictadura, quiero que la canción salga, si no sale la María ni el Panchito estoy listo, me dije. ¡Y va pegando el Panchito! Entonces me animé para sacar un disco grande en Navidad y como estaban los presos políticos, pensé que era adecuado hacer una canción navideña con carácter social”.

Me puse contento cuando supe el cuento que iban a venir muchas toneladas de carne enlatada para mi país, pero siempre a la sardina se la come el tiburón y el que tiene más galillo siempre traga más pinol.

El terremoto de 1972, de acuerdo a reportes publicados en boletines especializados del Servicio de Geología de los Estados Unidos, afectó seriamente un área de 27 kilómetros cuadrados y destruyó 13 kilómetros cuadrados del corazón de la ciudad capitalina.

Dado que todas las estaciones de bomberos sucumbieron, junto con los equipos, los incendios se propagaron sin control por la ciudad durante varios días, contribuyendo a una mayor destrucción. Se estimó en enero y febrero de 1973 que alrededor de 750 aulas escolares fueron afectadas por el terremoto, así como los cuatro principales hospitales resultaron inservibles (unas 1,650 camas).

Una semana después del desastre, solo el 10% de la población capitalina disponía de agua potable.

Surgieron nuevos vocablos

El terremoto provocó nuevos vocablos, como el término “terremoteado”. El lingüista Róger Matus Lazo recuerda en una de sus columnas que eso se debe a que el nicaragüense “es un gran creador de palabras y expresiones”, siempre está “urgido de nuevos significados” y es “un especialista en resemantizar vocablos y ampliar los sentidos para ajustar matices y recrear posibilidades expresivas”.
Matus Lazo explica que uno de los recursos para formar nuevas palabras consiste en tomar la voz como base y agregarle nuevas piezas al principio (prefijo) o al final (sufijo) o en ambos extremos (afijos).