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Marina Cárdenas, “La Gordita de Oro”, se atrasó escuchando y contando chistes en el camerino de La Guaca la medianoche del 22 de diciembre de 1972. Eso la salvó de morir pues en la madrugada del 23, justo a la hora del terremoto, debía presentarse en El Plaza, donde nadie quedó para contar el cuento que ella ahora narra.

40 años después del terremoto de ManaguaLa popular cantante se presentaba entonces como artista en el bar y restaurante La Guaca, ubicado en la que era entonces la Zona Rosa de Managua, y después tenía previsto presentarse en El Plaza, un exclusivo centro recreativo cuyo techo se desplomó encima de todos sus asistentes.

“Estaba terminando mi presentación y me fui al camerino a prepararme para ir al Plaza, pero me había atrasado porque la gente me pedía más canciones”, recuerda.

Cárdenas se entretuvo unos minutos más con los integrantes del conjunto musical que la acompañaba, porque se pusieron a contar chistes.

Debajo de los tacones de gamuza y del vestido dorado largo que llevaba, sintió que el suelo se empezó a sacudir. Cuenta que se quedó observando cómo la tierra “se hizo tucos y se movía como olas”.

“Aquello fue horrible, porque todos estaban desesperados. Recuerdo que un muchacho que se llamaba Francisco se arrodilló y me agarró de la pierna y me gritaba: ¡Sálvame!”

Todos se abrazaron hasta que el temblor se detuvo y luego salieron huyendo del negocio. Ella se quedó esperando a su marido, al que define como un héroe, porque recorrió muchos escombros para poder salvarla.

Cuando salieron para su casa, todo lo que encontraron fue destrucción. Pasaron por El Malecón, donde había una fiesta pero solo quedaba gente llorando. Muchas personas caminaban medio vestidas, otros corrían por las calles. Algunos todavía lucían elegantes porque salían de alguna fiesta.

El periodista Danilo Aguirre escribió una crónica titulada “Managua murió cantando”, en la que cuenta cómo todas las personas celebraban esperando la Navidad.

“Su masa de noctámbulos que orgullosamente pregonaban que ya Managua tenía vida nocturna, alardeando de un dudoso privilegio, apenas sí repararon en los sismos que inútilmente alertaban sobre la gran desgracia”, narra el artículo.

La daban por muerta

Cuando “La Gordita de Oro” llegó a su casa, aproximadamente a la una y media de la mañana, fue recibida con abrazos y aplausos.

Los vecinos de su barrio habían llegado a dar el pésame a su mamá, que vivía con ella, porque la daban por muerta.

“Murió aplastada como todos”, comentaban los vecinos. Pero su mamá tenía fe en Dios y se negaba a creer eso.

Además, cuenta que su mamá le había dado consejos de mantener la calma, porque ya habían sobrevivido a un sismo fuerte en el sector de la Centroamérica, en 1968.

La cantante tenía planeado interpretar “muchas canciones de doble sentido” esa noche cuando Managua fue destruida. Canciones como Guantanamera, Mi bohío, No me acostumbraste, eran parte del repertorio que preparaba para los clientes que celebraban en el Plaza.

Cárdenas comenta que estaba trabajando fuerte y tenía varios conciertos previstos porque quería “hacer billetitos”. Había planeado una fiesta en su casa para celebrar su cumpleaños el 26 de diciembre.

Pero fue un tiempo triste. No hubo que celebrar. Ese luto permaneció por varios meses, ya que ella recuerda que después que la capital quedó destruida, no tuvo trabajo por seis meses.

Tenía un amigo músico llamado Guillermo Angulo, de la Orquesta de la Guardia Nacional, que llegaba a su casa en su vehículo para llevarle cosas de comer.

“Era como mi hermano. No me dejó morir”, agrega.

Las paredes caían

César Hidalgo Blandón, actual propietario del centro recreativo Conchas Negras, recuerda que esa noche fue calurosa. Sofocado, sacó una cama para dormir en el porche de la casa de su hermana. Estaba de visita y se quedó a dormir ahí, porque era tarde.

Cuando empezó a temblar, salió corriendo desesperado hacia su casa, ubicada en la calle Candelaria, allá, en la vieja Managua. Él se había casado ese mismo año y encontró a su esposa sofocada intentando sacar a su hijo de la cuna donde estaba atrapado: le había caído una pared encima.

Ambos trataban de calmar al niño, en el patio de la casa, cuando de pronto volvió a temblar y con más fuerza. “¡Miré la pared de la casa rajarse como si le pegaran con un mazo, se quebró como vidrio!”, comenta.

Se quedaron paralizados por varios segundos, hasta que dejó de temblar. Después salieron de la casa, a gatas, llorando. Habían quedado sin energía eléctrica y sin teléfono.

Hidalgo Blandón recuerda que no pudieron dormir esa noche. Al día siguiente se presentó al trabajo. La primera orientación que le dieron era desalojar Managua, y llevó a su familia hacia San Francisco Libre.

Para celebrar esa Navidad del 72 había planeado hacer una fiesta familiar en su casa el 24 de diciembre, y luego hacer una gira al mar y prepararse para la despedida del año. “Pero todos los planes se cayeron, como las paredes de la capital”.

Regalos enterrados

Según la crónica de Aguirre, muchos tuvieron que correr entre muertos y heridos en la tragedia del Plaza, que cayó encima de todos los que estaban celebrando la víspera de la Navidad.

“A esa misma hora (el fallecido periodista) Manuel Eugarrios escarbaba en las tinieblas entre la montaña de polvo que sepultó a su hija, y sus manos… apenas encontraban las manos de su vecina, que también inútilmente buscaba a su madre”.

El reloj de la Catedral de Managua se quedó detenido a las 12 y 27 minutos, mientras un grupo de jóvenes ayunaban en reclamo de la autenticidad navideña.

“Protestaban por la transformación del monumento más grandioso del cristianismo en el más alto culto de la sociedad de consumo”, agrega la crónica periodística.

Hidalgo Blandón recuerda que los días que vinieron fueron de tristeza. “Nadie pensaba en celebrar, no había ánimo para nada”.

Comenta que en su casa estaban planeando una cena familiar y ya tenía empacados todos los regalos para su familia, los que quedaron enterrados bajo el polvo de las paredes derrumbadas.

“Las fiestas se arruinaron, todo lo que hacíamos era tratar de buscar a los familiares y amigos. Hacíamos un recuento de cuántos estábamos vivos y de los muertos”, recuerda.

Concierto Managua 72

El grupo de rock The Rolling Stone realizó un concierto en beneficio de las víctimas del terremoto de 1972, donde recaudaron cerca de 200 mil libras esterlinas en fondos de ayuda. En esa presentación también actuó Carlos Santana. El espectáculo lo promovió la nicaragüense Bianka Jagger, en ese entonces casada con Mike Jagger, el líder de la famosa banda británica.

Managua: fiesta y desenfreno

La noche previa al terremoto era de fiesta y desenfreno, recuerda el exdirector de Radio Sandino, Humberto Sánchez Martinica.

“Toda Managua andaba en fiesta”, dice. Él se encontraba en una fiesta con muchos colegas que trabajaban en radio.

El caos fue tal después del terremoto que muchos decidieron amanecer a la orilla del lago Xolotlán.

“Era tanto el desorden por los edificios caídos, que muchos salieron en sus carros buscando un refugio para esperar el amanecer”, comenta.

El night club Versalles, ubicado por el sector de Las Piedrecitas, presentaba ese día al grupo chileno Los Galos, acompañados de dos artistas extranjeras. Otros lugares como El Rincón Español y el Hotel Intercontinental publicaban en los diarios anuncios de sus fiestas y su menú.

El RonRon Club, Papum, Los Balcanes, El Infierno, El Adlon Club, Lacmiel, la Carne Asada del Gran Hotel, el Charco de los Patos, son algunos de los lugares de la vieja Managua que ese día tenían fiestas. Desaparecieron después del terremoto de 1972, para siempre.

 

"Aquello fue horrible, porque todos estaban desesperados. Recuerdo que un muchacho que se llamaba Francisco se arrodilló y me agarró de la pierna y me gritaba: ¡Sálvame!".

Marina Cárdenas