•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Pablo Antonio Cuadra había cumplido 60 años. Una gran fiesta se celebró en su honor en los jardines del Hotel Intercontinental. La intelectualidad nicaragüense se dio cita convocada por el doctor Carlos Tünnermann Bernheim, y por un comité integrado por connotadas personalidades.

40 años después del terremoto de ManaguaEl 21 de diciembre del inolvidable 1972 la literatura reinó. “Ahí todos pensaban y hablaban en lengua nicaragüense para decir cuánto admiramos y agradecemos la inmensa obra nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra: liberales, independientes, constitucionalistas y gobiernistas, conservadores, socialcristianos, marxistas y a la cabeza la iglesia católica y las tres instituciones universitarias.

El doctor Carlos Tünnerman Bernheim, más que un discurso, leyó un extraordinario ensayo sobre Pablo Antonio Cuadra”, escribió el ya fallecido periodista José Francisco Borgen, citado por el doctor Tünnerman Bernheim en su texto La última gran noche de la Managua preterremoto.

La generación traicionada

Además de las seis décadas de PAC, en el plano cultural se estaba viviendo la fuerza de la llamada Generación Traicionada, encabezada por Edwin Yllescas, y estaba en su esplendor la tercera etapa del grupo Praxis, liderado por el pintor Alejandro Aróstegui.

A propósito de Aróstegui, esa noche del 21 de diciembre, una joven de clase media alta se había quedado dormida mientras veía televisión. Al aproximarse las diez de la noche, abrió los ojos y los dirigió hacia el aparato.

“En ese momento vi a un joven bien parecido, con barba recortada y anteojos rectangulares oscuros, muy intelectual. Estaba viendo al pintor Alejandro Aróstegui. Vi la entrevista y sus cuadros, que me gustaron mucho. Además me gustó mucho su físico y su forma de expresarse.

Por eso la noche antes del terremoto, lo digo con toda franqueza, fue una de las más bonitas de mi vida, porque conocí al que hoy es mi esposo. Esa noche yo pensé que Alejandro Aróstegui era el nombre más hermoso del mundo”, recuerda 40 años después la escritora Mercedes Gordillo.

Una historia de amor en vísperas

Efectivamente, el joven que brindó la entrevista televisiva era el líder principal del grupo que según Gordillo “cambió la pintura nicaragüense, porque antes solo se pintaba primitivismo. En ese sentido habíamos quedado estancados”.

“Cuando Alejandro regresó de estudiar en Europa recorría toda Managua y le gustaba la belleza del lago, del Momotombo y del Momotombito, además del horror de Acahualinca.

Alejandro desvió su atención hacia la realidad, empezó a pintar ese país y empezó a hacer el paisaje que él veía, plasmaba no solo la alegría sino la tragedia, elementos que narró a través de la técnica del collage, que consistía en pegar metales como símbolo del desastre. Fue el primero que recicló”, recordó Gordillo.

Génesis de Praxis

Además, afirmó que Aróstegui se fijó que en la Escuela de Bellas Artes de Rodrigo Peñalba, que es el padre de la pintura nicaragüense, había jóvenes con mucho talento. Así se reunió con un grupo de ellos y formaron Praxis, más allá del hecho de que todos pintaban diferentes.

“El grupo Praxis, como vanguardia artística, trata de conjugar en sus creaciones nuevas formas de expresión estética junto con la búsqueda de una identidad nicaragüense”, afirma la doctora María Dolores G. Torres, en el libro La modernidad en la pintura nicaragüense. También resalta que dentro de la modernidad del grupo destacan el medio pictórico, o sea los materiales empleados, la tendencia expresiva y los temas abordados.

Mercedes Gordillo recuerda a Praxis conformada por Alejandro Aróstegui, fundador; César Izquierdo, Amaru Barahona, Leoncio Sáenz, Orlando Sobalvarro, Genaro Lugo, Róger Pérez de la Rocha y Michel Najlis. Aunque el doctor Jorge Eduardo Arellano también menciona la incursión de Francisco de Asís Fernández y de Mario Selva.

Lo interesante de aquella entrevista a Aróstegui que Gordillo vio el 21 de diciembre, es que le permitió enterarse de que Praxis había abierto una exposición para reunir fondos para las madres de los reos políticos.

El encuentro

El 22 de diciembre, Mercedes Gordillo, la “joven quedadita” que con más de 30 años permanecía soltera, se fue al salón de belleza a peinarse porque iría a la Galería Praxis a conocer a Aróstegui.

“Él se tardó mucho. El pintor Vanegas me llevó a su estudio y me enseñó dos cuadros bellísimos, enormes, que no participaron en la exposición porque solo vendieron pequeños. Son dos obras de lo más bello que se ha hecho. Él se dio cuenta de que tenía sensibilidad para el arte así que decidió regalármelos”, recordó.

Cuando Aróstegui llegó, el encuentro fue rápido, Vanegas los presentó, pero el artista solo dio lugar a un escueto saludo porque “es un hombre serio, moderado, intelectual, comedido, es solo expresivo en su pintura”.

La premonición de Vanegas

Curioso dato proporciona Gordillo al recordar que cuando Leonel Vanegas le ofreció sus cuadros le dijo: “Algo terrible va a pasar aquí que yo no sé que es. Estos yo quiero dárselos a usted”, pero ella no los aceptó porque apenas lo estaba conociendo.

Al margen de la visita a Praxis, Gordillo resaltó que era época navideña y en las tiendas callejeras “reinaban las pelotas brillantes y las estrellas plateadas, sin olvidar a la gente proveniente del Norte que vendía helechos y musgos para el nacimiento, sin embargo, algo extraño se percibía en el ambiente. No olvido que una buena amiga de mi mamá no podía ocultar su tristeza, y eso que se había ganado el premio mayor de la Lotería. ´Yo no sé, pero este premio no me ha alegrado´, dijo la señora, como presintiendo lo que venía”.

Millonaria por horas

En la madrugada llegó el terremoto, “parecía que íbamos cabalgando. Luego llegó la terrible tristeza, la desolación y la desesperanza. Ese sismo mató a la nueva millonaria, a ella le cayó una viga, presintió su muerte y por eso no disfrutó el premio mayor”.

Después, al pasar por el lugar donde estaba Praxis vio que solo quedaron los dos cuadros de Vanegas guindados, y lo demás era el aire.

“Fue difícil asimilar la tragedia. La gran tragedia. Los lamentos. Quedamos viviendo en casas ajenas, posando. Mi hermano vivía en el primer barrio que se hizo fuera de Managua, en Las Colinas. Dormíamos en el patio porque estábamos aterrorizados", subrayó.

Después Gordillo se sumó como voluntaria a la Cruz Roja y “me dieron uno de los grandes premios que he recibido: una casa de campaña, lo que significó mucho porque dormíamos en el suelo, era como un hotel de patio, por eso cuando dormí otra vez con techo fui feliz”.

De Praxis a Tagüe

Entre sus comentarios acerca del suceso, Gordillo afirma que “el terremoto de 1972 no solo terminó con Managua, sino que también extinguió al grupo Praxis, porque los pintores quedaron damnificados y se dispersaron.

Vanegas se fue para Masachapa porque su esposa tenía familiares ahí, Sobalvarro emigró a Tipitapa, Leoncio se fue para Matagalpa y Aróstegui se quedó aquí, pero luego fue invitado a exponer en los Estados Unidos, como pintor damnificado.

Sin embargo, los pintores llegaron a buscar a Mercedes Gordillo a la casa de su hermano y le llevaron unos cuadritos. “Yo tomé los cuadros y contacté a algunas amistades que no habían sufrido grandes daños y los pude vender. Después me llevaron otros y otros y los vendía, finalmente eso se convirtió en la galería Tagüe”.

Y surgió el amor

Años después, cuando se lograron reunir los pintores Praxis, la Galería Tagüe fue el centro de atracción y ahí surgió el amor entre Aróstegui y Gordillo, a pesar de que él dijo que solo iba a estar casado con la pintura y de que ella se había escapado de casar varias veces.

El saqueo de un cadáver

Mercedes Gordillo recuerda anécdotas y sobresale en su memoria una que ilustra el horror por el saqueo. “Había un pobre chino joven que tenía un restaurante con su mamá, que era una viejita. Ellos llegaron procedentes de Bluefields y hacían flores decorativas para las comidas. Poco a poco agrandaron el restaurante. Para el terremoto la señora estaba sola en el local que quedaba cerca del Oriental. Terminada la sacudida de la tierra, el joven fue a buscar a su mamá y la encontró muerta. Una viga la mató. Él pensó ir a buscar un ataúd y no quiso dejar el cuerpo tirado, así que lo encerró en un ropero. Al regresar de su búsqueda infructuosa porque los ataúdes se agotaron, se encontró con la sorpresa de que los saqueadores se habían llevado el ropero con el cadáver incluido”.