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Ana María Castro se ha pasado la mayor parte de su vida habitando una casa abandonada de dos pisos. Cuenta que llegó a vivir ahí el 26 de diciembre de 1972, tres días después que el terremoto destruyera Managua.

40 años después del terremoto de ManaguaEs un viejo caserón donde funcionaba un almacén ubicado cerca de la Calle Trébol. Ahí ha pasado 40 de sus 58 años de vida esta mujer bajita, morena, rolliza de hablar pausado y de andar rápido.

Cuando ocurrió el terremoto su esposo la hizo salir desesperada hacia Managua para buscar a su mamá. “Trajimos poco dinero y casi nada de ropa, fue algo rápido”, comenta.

Se dieron cuenta que la señora estaba viva y pensaron quedarse en la capital mientras todo se normalizaba, pero a su esposo le ofrecieron cuidar la vieja casa, donde vive desde entonces, y nunca volvieron a su natal Jinotega.

“La dueña del local lo contrató para cuidarlo, aunque ya habían saqueado todo”, dice Castro, mientras señala unas viejas casas cercanas que se mezclan con nuevas casas construidas después del terremoto.

Ella recuerda que su esposo, fallecido hace algunos años, trabajó en la limpieza de escombros y le contaba cómo encontraba cuerpos calcinados debajo de los viejos edificios derrumbados.

Esta mujer, que entonces tenía 18 años, se pasaba el día encerrada en la vieja casa porque le daba miedo salir a ver la destrucción que dejó el terremoto. A los pocos días que se mudaron a vivir a ese lugar la ciudad fue cercada.

Hace algunos meses el Gobierno le ofreció trasladarla a unas casas que estaban regalando, pero ella se negó a irse.

“Estoy mejor aquí que todo me queda cerca, en vez de irme lejos”, insiste. Aunque sabe que la vieja casa se puede caer en cualquier momento, ella quiere que le ayuden a reconstruirla.

Sola y desesperada

Cándida Alvarado tiene 72 años y aún vive en los escombros de la vieja Managua. Cuando quedó viuda, durante la guerra de los años 80, se tuvo que ir a vivir acompañada de todos sus hijos a un viejo edificio ubicado contiguo “donde fue el famoso club El Charco de los Patos”.

Actualmente vive con sus dos nietas, porque su hijo falleció recientemente y la madre de ellas las abandonó.

“Estoy desesperada por irme de aquí”, insiste mientras muestra las viejas ruinas de este edificio de tres plantas.

Alvarado dice que duerme con miedo todas las noches porque encima de su cuarto queda una enorme plancha de concreto que la puede sepultar.

Cerca de su casa, a media cuadra, vive Ismael Sánchez. Tiene 12 años de alquilar una casa donde en algún momento fue el Hotel El Pueblo en los años 80, pero ahí funcionaban los Juzgados de Managua.

“Aquí hemos vivido entre ruinas, porque la misma necesidad nos llevó a buscar un hogar a muchos de los que veníamos de los departamentos y no encontramos otro lugar”, menciona.

Las paredes estaban cayéndose

Durante 35 años Petronila Urbina vivió entre los escombros. Cuando se divorció de su exmarido se quedó prácticamente en la calle. Con el primero de sus hijos se fue a buscar posada donde su hermana, que vivía en un viejo edificio blanco ubicado frente al Ministerio de Gobernación.

Después tuvo que comprar el “derecho de posesión” a una señora guatemalteca que vivía en ese mismo edificio.

“Fue duro estar todo ese tiempo ahí, porque cuando temblaba teníamos que dormir en la calle. Era preocupante la situación, las paredes prácticamente se estaban cayendo”, dice.

Las posibilidades de comprar casa propia eran “remotas”. Así que aprovechó ser incluida, al igual que otras 100 familias, en el proyecto habitacional “Villa La Concha”, donde fueron trasladados todos los que vivían en tres viejos edificios del antiguo centro de Managua.

Ahora viven cerca de la entrada principal de Ciudad Sandino, después de cuatro años de negociar ese traslado. “No me vine triste, Ya no quería estar allá”, comenta.

Urbina recuerda que los primeros días fueron difíciles porque toda la gente creía que “llegaba solo gente vaga de los escombros”.

Fue un infierno

Maribel Castro vivió 13 años entre escombros, lo que define como un infierno. Ella es originaria de Xiloá pero se fue a vivir a Managua con su esposo al famoso edificio verde en la vieja Managua.

Comenta que dormía mal porque pasaban unas ratas enormes, pero despedirse del que fue su hogar lo define como nostálgico.

No tuvo la despedida que se imaginó porque de un día a otro le dijeron que serían trasladados y tuvo que alistar todas sus cosas.

“En la televisión nos mirábamos felices, pero por dentro nos sentíamos tristes de dejar nuestro hogar”, dice.

Después el Gobierno demolió los tres viejos edificios porque era un atentado seguir utilizándolos como vivienda.

Cuando llegaron a sus nuevas viviendas fue difícil, porque la gente de Ciudad Sandino les tenía miedo y a sus hijas les decían “drogadictas”.

Luis Arturo de Trinidad asegura que vivían en una “sucursal de perdición” porque había ladrones, prostitutas y drogadictos en ese sector.

“Aunque no éramos todos, la gente nos llegó a tener miedo como que fuésemos una plaga”, insiste.

El miedo quedó atrás

Virginia Williams llegó desde Puerto Cabezas a vivir a los escombros. No recuerda la fecha pero lo hizo porque en su ciudad no encontraba trabajo. “Allá solo se puede vivir del mar y no soy ni pescadora”, dice.

Primero empezó posando donde una prima que vivía en los escombros de Managua, pero tenía problemas con el abastecimiento del agua y dormía en un cuarto chiquito.

Se dedicaba a lavar ropa en los barrios cercanos al viejo edificio donde vivía, pero ahora en el nuevo barrio no ha podido encontrar a quien trabajarle. “Nos tiraron en el desierto”, comenta.

Para Connie Ballesteros, originaria del municipio de Quezalguaque, irse de los escombros es lo mejor que les ha pasado.

Vivir en los escombros era “como estar viviendo el terremoto de 1972”. El viejo edificio se movía y ella sentía un miedo “terrible”. Cuando llovía, su cuarto se inundaba, las paredes se humedecían y las grietas se abrían cada día más.

“Ahora no estamos con el miedo de pensar que va a temblar”, dice.

 

Nicaragua en cifras en 1972

200 años cumplió el 18 de marzo el volcán Masaya de haber hecho erupción por segunda ocasión en 1772.

21,090 abonadosde líneas telefónicas registrados en Nicaragua.

4% fue el crecimientode la economía de Nicaragua, de acuerdo a cifras de Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal.

3er. lugar de los países más hipotecados ocupaba Nicaragua en América Latina, de acuerdo a un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

80 emisoras había en toda Nicaragua.

150 mil desocupados en Managua, según la Organización Internacional del Trabajo, OIT.

600 mil era la Población Económicamente Activa ese año.

15 de cada 100 nicas estaban sin empleo de acuerdo al Ministerio de Trabajo.

 

"Villa La Concha"

El proyecto habitacional donde fueron trasladadas las 100 familias que vivían en los viejos edificios del antiguo casco de Managua, tuvo un costo de 14 millones 631 mil 602 córdobas, y fue financiado con fondos destinados al programa oficial Casas para el Pueblo, ejecutado por el Gobierno.