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Un soldado y un poeta son los testigos fieles de lo que ha sido una ciudad. “Montoyita”, con sus pies descalzos, el pantalón recogido, señalando con el índice derecho mientras sostiene el fusil en la mano izquierda, es quizás el habitante más antiguo de Managua.

En 1909 iniciaron sus días en el Parque Central, frente a la Plaza de la República. Ahí estaba vigilante cuando en 1931 un terremoto sacudió Managua y la dejó completamente diezmada. En ese sitio permaneció impotente, limitado, hasta que en 1945 fue trasladado a la Avenida del Ejército, según don Nicolás López Maltez.

40 años después del terremoto de Managua

En 1933 cerca del Palacio del Ayuntamiento se “instaló” don Rubén Darío, escoltado por un ángel de alas desplegadas y a sus pies la góndola de la poesía.

Cuando la madrugada del 23 de diciembre de 1972 apenas empezaba y algunos managuas dormían, tanto el hombre del fusil como el amo de la palabra vieron con horror cómo la tierra bailó al ritmo impuesto por los 6.2 grados Richter.

Managua se derrumbó, ardió y casi se extinguió ante estos dos personajes que hoy permanecen en sus pedestales, como dispuestos a seguir siendo testigos silencios de la historia capitalina.

Esa Managua del 72 ya era milenaria, según el arquitecto Porfirio García Romano, porque era herencia de la Managua indígena que fue originalmente un poblado ubicado a la orilla del lago, manto acuífero del que vivían.

“El lago les daba el sustento, era el medio de comunicación y el centro de la ciudad, un lugar sagrado. Cuando los españoles llegaron también establecieron el centro con una plaza que miraba hacia el lago y que tenía alrededor los edificios principales y luego hicieron el trazado de manzanas en una forma reticular, es decir, en forma de redes”, manifestó el arquitecto.

Desde entonces, según García Romano, los edificios apuntaban hacia el lago y el centro se desarrolló con casas que eran de referencia colonial, predominando las de adobe, aunque las principales eran de piedra, “de ahí que cuando se dio el terremoto del 31 de marzo de 1931 Managua sufrió daños porque las casas de adobe que no tenían buen mantenimiento se cayeron, mientras que las de piedra, una vez que la pared perdió su centro de equilibrio, se fueron al suelo también”.

Del Neoclásico al Art Decó

Según García Romano, es a partir de ese terremoto que se reconstruye Managua, sin embargo, no se logró edificar con mejores materiales que los precedentes, porque entonces no había cemento.

“La Managua del siglo XIX ya tenían los edificios del centro, su Palacio del Ayuntamiento, con estilo ecléctico, y por entonces el templo no era la Catedral de Santiago que hoy vemos en ruinas, sino la parroquia la Asunción, pues estaba en construcción la Catedral”, resaltó.

Además, afirma que arquitectónicamente el Palacio del Ayuntamiento era un edificio neogriego, con frontón y columnas dóricas y jónicas.

“Ese tipo de arquitectura era empleado para hacer sentir la democracia que se supone es heredada de los griegos. Los edificios griegos sirven para representar que vivimos en una República. En ese entonces, tenía el palacio un edificio neogriego y se cayó, así que en 1942 se levantó el nuevo”, afirmó.

Al margen de las instituciones estatales, García Romano señala que después del terremoto las casas empezaron a construirse con taquezal, que consiste en hacer las paredes teniendo como base una especie de jaula de madera que se rellena con piedras sueltas y finalmente se sella con lodo. No obstante, a partir de 1940, cuando aparece la Cementera, surgen nuevas construcciones.

Con los nuevos materiales también vino un cambio en los estilos, pues las edificaciones dejaron atrás las tendencias neogriegas y dieron paso a la conocida como art decó, que estaba de moda en Francia.

“Los edificios pasaron del neoclásico al art decó, y como ejemplo de esas construcciones podemos citar el Palacio de Comunicaciones, que se resistió al terremoto de 1972 y todavía está en pie, también La Fosforera, el edificio de la Aguadora, la Farmacia Managua, los laboratorios Bengoechea, el cine Margot y el cine González”, ilustró García Romano.

En esa misma línea arquitectónica señala el palacete o kiosko del parque y sostiene que las primeras decoraciones art decó se hicieron en el interior del Palacio Nacional.

Después de la boga de esta tendencia arquitectónica, Managua pasó a ser urbanizada siguiendo los lineamientos del estilo internacional moderno.

“Cuando se empieza con el estilo internacional nacen en Managua edificios como el antiguo Banco de América, que resistió con 19 pisos (plantas), el edificio del Banco Central, aunque fue golpeado, y el Hotel Intercontinental.

Esos edificios se consideran menos rígidos y representan realmente la resistencia al sismo, sobre todo el Banco de América que era el más alto de Managua y quedó solo con algunos daños”, resaltó.

Asimismo, García Romano recordó que el Teatro Nacional Rubén Darío, construido en 1969, también resistió porque es de concreto armado, sin olvidar el edificio de la Empresa Nacional de Luz y Fuerza, Enaluf, donde ahora es el Ministerio de Gobernación.

Por otro lado, resaltó que ya en Managua se usaba un estilo posmoderno, por ello el TNRD tiene apariencia de templo griego por sus columnas pero es moderno porque hay juego de volumen puro.

¿Por qué se derrumbó Managua?

Aunque García Romano reconoce que el terremoto fue intenso, considera que una respuesta para comprender lo que pasó en Managua se encuentra en el hecho de que tenía malas construcciones, desde grandes hasta pequeñas.

“Aquí no se trataba de que si el edificio era alto o no, sino de la calidad con que el inmueble había sido construido, además no tenían diseños específicos”, apuntó.

Algo similar a la observación de García Romano encontramos en el libro “Managua 1972”, de don Nicolás López Maltez, quien escribió que “antes del terremoto de 1972 era generalizada la opinión de que la calidad de las construcciones de taquezal y de las de bloques de cemento o ladrillo de barro cocido y estructuras de cemento armado, hacían imposible una destrucción de tal magnitud que la de 1931, atribuyendo la debilidad de aquellas al uso de la piedra cantera y al adobe…

El exceso de confianza en los sistemas de construcción de bloques y cemento armado fue una trampa mortal para la ciudad y sus habitantes, pues incluso los grandes edificios no fueron diseñados para resistir los movimientos crepitatorios ni oscilatorios”.

El terremoto y la disgregación de Managua

El terremoto de 1972 destruyó las manzanas del centro, así la ciudad se disgregó, aunque en realidad el arquitecto García Romano considera que desde antes ya se había disgregado, porque la trama colonial reticular no era suficiente para cubrir el acelerado crecimiento de la población que poco a poco se fue separando de la plaza central para ir constituyendo barrios.

Para 1972 en ese centro se congregaba prácticamente toda el área comercial y cultural. Don Nicolás López Maltez afirma en su libro que “la destrucción se concentró en el área altamente poblada y urbanizada comprendida entre el volcán Tiscapa y el Lago Xolotlán, área reducida en la que se condensaban en alto grado construcciones y población, considérese que la Avenida Central recorrida en toda su extensión por una falla geológica… Esta avenida contenía todos los bancos, gran parte del comercio y los principales edificios capitalinos de entre 4 y 20 pisos”.

Esa madrugada los mapas de Managua quedaron inutilizados, como si un puño gigante hubiese estrujado la ciudad, hasta borrar sus estrechas avenidas y convertirla en una sola masa de polvo, humo y lágrimas. De sus casas de taquezal cubiertas por las tejas artesanales solo recuerdos y fotos se conservan.

Después su esplendoroso centro devenido a escombros fue cercado por órdenes de Anastasio Somoza Debayle, quien hizo que la fuerza del terremoto también pulverizara el triunvirato gubernamental integrado por Alfonso Lovo Cordero, Roberto Martínez Lacayo y Fernando Agüero, que supuestamente ejercía el Poder Ejecutivo, desde mayo de ese año.

Museo de objeto perdido

Para el arquitecto Porfirio García Romano, 40 años después del terremoto, Managua se ha vuelto una ciudad de objeto perdido porque tras el sismo, además del cerco, apareció de la nada una empresa de demolición y “destruyeron muchos edificios que no habían sido tan golpeados por el terremoto, pero había que alimentar la nueva empresa, con eso Managua fue arrasada también”.

“Las políticas que se tomaron arrasaron con todo. Cerraron el centro, le quitaron sus tierras a la gente, imposibilitaron que se volviera a construir ahí. Han pasado 40 años y no se ha vuelto a recuperar el centro de Managua y aquí es válido preguntarse por qué se reconstruyó de 1931 a 1972 y no se ha podido rehabilitar en este periodo”, reflexionó García Romano.

Con evidente nostalgia, el profesional del diseño arquitectónico dijo que hoy Managua es una ciudad en la que no se puede vivir, no se puede caminar, no se puede salir a “fresquear” en las aceras, como antes del terremoto.

“Hoy la gente no se conoce, esta es una ciudad para los vehículos y ante el riesgo de recurrencia de terremoto no hay que perder de vista que se deben supervisar las construcciones, evitar la debacle no es solo cuestión de usar buen diseño sino de combatir y prevenir los famosos vicios de construcción”, concluyó.

Malas construcciones

En 1972 en Managua coexistían las casas de taquezal con los edificios modernos que apuntaban hacia el cielo, por la cantidad de plantas que tenían. La mayoría se vino abajo por malas edificaciones.

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