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HansKurz tenía 34 años cuando agarró su Volvo, lo llenó de combustible, se aprovisionó de agua, y se vino a Managua para ayudar con la reconstrucción tras el terremoto que asoló la capital en 1972.
Pocos días antes había estado en Nicaragua reunido con Anastasio Somoza Debayle. Esa fue la primera de muchas reuniones con el dictador, quien cedió una parte de su jardín en El Retiro para que se instalaran las oficinas del PNUD.

 

40 años después del terremoto de ManaguaHans Kurz recordaba Managua por calurosa, pequeña y colonial. Para él, un alemán políglota de 34 años que recién se había estrenado en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, la capital nicaragüense hubiese sido espléndida de no ser porque el calor era sofocante.

Pero la noche del 24 de diciembre de 1972 no se preocupó por el calor. Un día antes, viendo la televisión supo de una noticia estremecedora que lo hizo tomar su Volvo y pedirle a un conductor de la oficina regional del PNUD, radicada en San Salvador, que manejara el carro. Llenó el vehículo de recipientes de agua y viajó hacia Managua. La ciudad estaba derrumbada. Y aunque Kurz sabía que se iba a encontrar con un panorama desolador, no estaba preparado para ver cadáveres por doquier.

“Yo tengo la suerte, algunos dirán que la frialdad, pero no me dejo impactar demasiado”, confiesa hoy, 40 años después.

Kurz era un aprendiz improvisado que trabajaba en la oficina regional de PNUD, a quien le habían asignado atender Nicaragua. Pocos días antes del terremoto estuvo en Managua acompañando al Subdirector para América Latina.

“Estábamos presentando el primer programa de cooperación técnica para Nicaragua. Había una iniciativa de PNUD a nivel mundial de tener un programa para cada país, vino un jefe de Nueva York. En ese tiempo había un triunvirato, pero ninguno se quiso reunir con nosotros. Uno dijo que tenía que lanzar la primera bola, el otro que tenía que ir a una finca. No recuerdo la excusa del tercero”.

“De casualidad –continúa-, el ministro de Planificación se reunió con Somoza y le mencionó que había gente de Nueva York y no había nadie que los pudiera recibir. ‘¿De cuánto estamos hablando?’, preguntó Somoza. El ministro contestó que de US$5 millones. Nos citó para el día siguiente, a las 11:00 am en el búnker”.

Hans Kurz arribó a Managua el 24 de diciembre, rozando las 6:00 pm. Lo primero que hizo fue buscar a los aproximadamente 40 funcionarios del PNUD. Tres de estos se habían salvado de puro milagro.

Las calles estaban desoladas, llenas de muertos. Pero más allá de eso, lo que más atrajo su atención fue el optimismo de los terremoteados.

“Impacta lo que ves, pero yo no me quedé paralizado. La primera noche cuando no funcionaba ninguna radio, solo una jesuita, se escuchaban mensajes de la gente: 'Si alguien nos escucha en Los Ángeles, hagan el favor de llamar a la familia tal, a tal número’. En los mensajes la gente decía que había perdido todo, pero que estaba bien. Los mensajes eran ¡púchica!, se fue todo al traste pero estamos bien. Los siguientes días, se miraban letreros donde no había nada, letreros que decían: se repara tal cosa. Enseguida la gente se puso a hacer algo y ese espíritu fue muy importante”.

El primer día durmieron en la casa de un experto del PNUD, quien trabajaba en un proyecto de geotermia. Cuatro días después se fue y regresó luego acompañando a un delegado del representante general de la Organización de Naciones Unidas.

“Lo tenía que llevar donde Somoza y aproveché para abrir la primera casa del PNUD en El Retiro, porque no existía formalmente”.

De todas esas reuniones con Somoza recuerda especialmente cuando le comunicaron de la donación de 50 toneladas de leche en polvo ofrecidas por Suiza. “Por pura casualidad, un laboratorio ruso había descubierto en ese momento que existían probabilidades de que si la leche en polvo de una vaca con aftosa era consumida por una vaca, esta se contagiaba de la enfermedad. Entonces, Somoza dijo que no quería la leche”.

“Un funcionario nuestro le dijo al Ministro de Agricultura: parece que para ustedes son mas importantes las vacas que los hombres. Lo declararon persona non grata. Yo me di cuenta que había una gran inundación en Ecuador. Consultamos si estaban interesados, mandaron aviones de la Fuerza Armada y se llevaron la leche. Luego descubrí que habían dos toneladas de la misma leche suiza pero donada por Rusia, la empacamos sin decirle a nadie y la mandamos a Ecuador”.

A criterio de Kurz, el mal manejo gubernamental de la tragedia influyó de alguna forma en la caída del régimen. “El comportamiento de los hijos (de Tacho Somoza), ellos mandaban, se les veía por todas partes. Eso se decía, eso nos decían a nosotros. Lo cierto es que había mucha irritación de la gente porque las cosas no estaban siendo manejadas correctamente”. Como ejemplo de este mal manejo comenta que una vez, en una de las reuniones en El Retiro, a las que acudía la comunidad internacional y los delegados del Gobierno, la persona a cargo del Distrito Nacional informó que el sistema de buses iba a reanudarse. Somoza pidió que se indicaran los detalles y orientó cambios en las rutas. “El jefe de Estado manejando las cosas a ese nivel micro. Era fascinante pero no podía ser para nada efectivo”.

“El único que una vez en esas reuniones le contradijo fui yo. Somoza dijo que acababa de recibir una carta del PNUD que prometía tal y tal cosa. Esa carta la había escrito yo desde El Salvador, con la firma de mi jefe, y la había entregado ese día. Él la lee pero la interpreta como le da la gana, entonces yo me levanté y le dije, no, que eso no era lo que queríamos decir. Solo se rió”.

Hoy Hans Kurz tiene 74 años, está retirado del PNUD, vive en Costa Rica y de todos los países en los que ha estado, tiene sobre todo gratos recuerdos de Paraguay, adonde llegó cuando caía la dictadura de Alfredo Stroessner. En Asunción hizo muchos amigos, algunos de los cuales recuerda con los ojos llorosos, entre ellos Roa Bastos.

Kurz estuvo esta semana de visita en Managua para reunirse con sus compañeros del PNUD. Recordó cómo se fundó la oficina de esa organización hace 40 años. La visita fue efímera. El calor de Managua le alborotó su hipertensión.

Optimismo nica

“Los días siguientes al terremoto, donde no había nada, la gente colgó letreros: se repara esto, se repara lo otro. Era increíble, enseguida se pusieron a hacer algo. Ese espíritu, ese espíritu fue muy importante”. Hans Kurz.

El no de Somoza

Somoza rechazó 50 toneladas de leche en polvo donadas por Suiza, por temor a que las vacas contrajeran fiebre aftosa. Un funcionario del PNUD comentó: “Les importan más las vacas que los hombres”. De inmediato fue declarado non grato.

 

 

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