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Heriberto Guevara Espinales fue una de las 61,200 personas que quedaron en el desempleo, luego que el terremoto de la madrugada del 23 de diciembre de 1972 arrasara con Managua. Él trabajaba en la embotelladora San José, cuyas bebidas en ese entonces competían fuertemente con la Pepsi-Cola y la Coca-Cola.

El edificio de dos plantas, ubicado frente a la entonces cárcel “La Aviación”, hoy Complejo Policial “Ajax Delgado”, sobre la Carretera Norte, quedó reducido a escombros, y Guevara Espinales tuvo que migrar con su familia a su natal Chinandega, a una finca en las faldas del volcán Cosigüina.

La embotelladora San José, de capital nacional, produjo y distribuyó por casi 30 años las bebidas Naranja, Uva, Champán, Banana y Tropi-Cola. Sus bebidas llegaban a todo el país, incluida la Costa Caribe, a donde el producto era enviado cada 20 o 25 días.

Según Guevara Espinales, la fórmula de la Tropi-Cola era mexicana, mientras que las del resto eran compradas en California, y el encargado de realizar las combinaciones era el químico Hernaldo Pavón.

Guevara Espinales empezó a trabajar en la embotelladora San José cuando tenía 16 años, casi siguiendo una tradición familiar, pues su padre, Francisco Guevara Fletes y sus cinco tíos laboraban en dicha empresa y eran muy allegados a su dueño, Camilo Barberena, quien la fundó a mediados de los años 40.

Recuerda que en sus inicios la empresa estaba ubicada frente al antiguo Palacio de Comunicaciones, pero en los años 50 se trasladó a Carretera Norte. El primer trabajo que desempeñó Guevara Espinales, hoy de 72 años, consistía en supervisar la planta embotelladora. “Esa máquina embotellaba despacito, despacito”, dice sentado en un sillón de su casa en la colonia Unidad de Propósitos.

Sin embargo, señala que pocos años antes del terremoto habían adquirido una máquina que procesaba 300 botellas por minuto. El último cargo que desempeñó fue el de “vendedor foráneo”, es decir, era uno de los que viajaban a los departamentos a distribuir el producto.

A él le tocaba visitar cada ocho días el departamento de Nueva Segovia y de cada viaje regresaba con 3,500 córdobas en ventas. “Había bastante demanda, pero la que más le gustaba a la gente era la Naranja”, indica.

Guevara Espinales recuerda con simpatía que todos los 19 de marzo, día de San José, se celebraba una misa en la planta, compartían un desayuno y todos los trabajadores --que eran entre 70 y 80-- se trasladaban al balneario de Pochomil.

El 22 de diciembre fue un día normal en el trabajo. Guevara Espinales, como de costumbre, salió en su carro de dos puertas a dejar a una de las cajeras a su casa, ubicada en la calle El Triunfo, y al regreso aprovechó para visitar a su papá que vivía en la colonia Maestro Gabriel. Llegó a su casa a las 11:30 pm.

A las 0:30 del 23 de diciembre cayó de su cama por un fuerte movimiento. Escuchó que alguien en la calle dijo que había sido un fuerte terremoto, y salió a buscar a sus familiares.

“Para serte sincero, yo no pensé en la empresa, salí a buscar a mi familia… hasta en la tarde que fui a ver el desastre”, dice, refiriéndose a la embotelladora San José. Guevara Espinales se quedó junto a Camilo Barberena, recuperando las cosas de valor entre los escombros.

No obstante, luego tuvo que irse con su familia y sus hijos a una finca de Barberena en Chinandega, donde le dieron la oportunidad de sacar y vender madera. Volvió a Managua hasta en 1982 para asistir al entierro de Barberena, quien fue asesinado por hombres que entraron a robar a su casa.

Guevara Espinales cuenta que la embotelladora San José no pudo volver a operar después de diciembre de 1972, porque tenía deudas con el banco.