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La Casa del Campo no es sólo un sitio propicio  para degustar la comida nicaragüense o latinoamericana,   y pasarla bien un rato.  El lugar se presta para mucho más.

Desde el primer momento impresiona  con su “paisajismo gourmet”  y estilo rústico, pues en la Casa todo lo decorativo tiene una utilidad culinaria y agrícola.   El jardín y  sus corredores concentran  desde árboles frutales, como icacos, hasta  algunas hierbas.

El “patio”, además, tiene un huerto orgánico. Allí el visitante puede  observar y aprender sobre  la  siembra de   tomates, rosa de jamaica,  yuca,  achiote, maíz, frijol rojo  y negro, café e higo. Así como 50 variedades de frutas, como papaya, piña, guayaba,  la fruta de pan,  caimito y  mango,  entre otros,   hasta árboles frondosos como el Panamá.

El cerco de la Casa,  pronto se levantará con palos coyolito.  “Así que, aparte de tener el cerco, vamos a aprovechar el coyolito en la cocina (para  postres)”, adelanta Amelia Elizondo, quien junto a Agustín Lara, es la propietaria de La Casa.

“Todo es parte de las cosas en las que creemos—agrega-- creemos en la agricultura  orgánica,   en la relación armónica con el medio ambiente, en nuestros vecinos, en la comunidad  y es lo que queremos compartir con los nicaragüenses  e igualmente con los turistas extranjeros”, refiere  
 
Caminatas al aire libre
Los visitantes suelen recomendar el sitio boca a boca.   Los clientes, en verdad,  son “fieles” al  lugar, desde que lo conocen, según indican, se “enamoran”.
 Argumentan, por ejemplo, que  tiene   “buena atención” y   personal  “calificado” para el servicio que brindan.   A lo que suman  el “aire fresco” que tiene, la “tranquilidad” y   la “buena” comida. Ellos no mienten.  

En La Casa cada plato se sirve con esmero: desde un pollo hasta un churrasco y pescado.  Por otro lado, es de los pocos lugares en el país donde siempre tienen refresco de la fruta de temporada; y postres muy nicas como los buñuelos de yuca: crujientes y servidos con miel de higo.  

Aunque La Casa también es apta para personas  más activas.   Si  quiere  caminar o montar a caballo, por ejemplo,  allí lo puede hacer.  En La Casa hay un sendero de más de un kilómetro que le permite recorrer toda la propiedad, y si tiene suerte, apreciar los monos que asoman por La Casa.

El sendero es cómodo.  Aunque si lo camina es aconsejable que lo haga con tenis o botas bajas de cuerdo o de hule,  por las lluvias de la época.  Durante el recorrido puede descansar en la parte alta de la propiedad, en bancas de madera.    

Pero si su cuerpo da para más, puede  terminar de recorrer el sendero y tomar un respiro en la terraza: en una mesa hecha con  un tronco de árbol, peculiar por su forma,  con   una vela, Internet gratis  y música  instrumental.   

O bien puede optar por sillas mecedoras, tomar un capuchino o café caliente de primera calidad,  y  de paso aprovechar para  conversar con los dueños del lugar.

 

“Nosotros nos vemos como una ventana de lo que el país ofrece, La Casa es nuestro proyecto de vida, refleja las cosas en la que creemos y la forma en la cual queremos vivir: en armonía con la comunidad y con el medio ambiente”, Amelia  Elizondo.

 

¿Cómo llegar?
La Casa  del Campo está ubicada entre Jinotepe y Nandaime, Carretera Sur.  En el kilómetro 61.  Para llegar al sitio, si no tiene vehículo propio,  puede tomar un bus en el Mercado Huembes y pedir la parada en el kilómetro descrito.  
La Casa opera de 9 de la mañana a  5 de la tarde.   Sin embargo, viernes y sábado el horario se extiende hasta las 10 de la noche.

 

 

* Editora de página