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“La carreta nagua”, con sus tétricas calaveras montadas sobre una desvencijada carreta halada por los esqueletos de dos bueyes y alumbrada por viejos candiles de carburo, va sembrando el terror con el traquetear de sus ruedas sobre las calles empedradas y adoquinadas de la ciudad.

Detrás le siguen otras horribles figuras que también han llenado de pánico a generaciones enteras en todo el país, como “La Mocuana”, “La Llorona”, “El Cadejo Blanco y el Negro”, “La Mona Mica”, “La Chancha Bruja”, “El Padre sin cabeza”, “La Taconuda”, “Los Duendes” y hasta el mismo diablo de cachos puntudos.

Esta espeluznante procesión, conocida como “La Noche de los Agüizotes”, en Masaya, es la más grande cita de espantos de todas las leyendas de Nicaragua, y como tradición popular forma parte de la herencia cultural de los nicaragüenses.

Contrario a lo que alguien pueda pensar sobre el terror que estos personajes causen en la población, esta es la procesión más alegre y multitudinaria de espantos del país, y tiene su origen en la oscura noche del tiempo de la colonia española.

La tradición

Esta tradición empezó hace siglos en el barrio Monimbó, pero la celebración se extendió a toda la ciudad y a todos los estratos de la sociedad, no solo de Masaya, sino de habitantes de otras ciudades que llegan a presenciar y a participar de esta original festividad, llena de humor negro y de sátira irreverente, y acompañada de música de chicheros.

Hombres, mujeres y niños de toda Masaya sacan de sus viejos baúles y armarios, máscaras y disfraces de las más espantosas criaturas del averno.

Las máscaras son hechas por decenas de artesanos locales, quienes usan para su elaboración papel maché, almidón, yeso y pintura. Varios usan cachos de vacas, de venados y de otros animales cornudos para provocar mayor espanto y algarabía entre los asistentes a esta festividad, la cual, cada año se celebra el último viernes de octubre.

Jorge Iván Espinoza, artesano, con 22 años de elaborar máscaras de agüizotes, cuenta que al inicio esta procesión era una actividad solo del barrio Monimbó, y que después del triunfo de la Revolución Sandinista se fue hasta San Jerónimo, de donde luego se extendió a toda la ciudad, y ahora viene gente de todas partes del país y hasta del extranjero.

“El año pasado participaron más de 30,000 personas en la procesión, que salió a las 8 de la noche de la Plaza Magdalena y regresó como a la una de la madrugada”, asegura Espinoza.

En la casa de Jorge Iván funciona uno de los muchos talleres donde se elaboran máscaras de agüizotes, actividad en la que participan todos los miembros de su familia, incluidos niños.

Allí venden máscaras de todo estilo, tamaño, color y precio. Una con cuernos de papel maché tiene un valor C$350; una de Iron Maiden vale C$500; de payaso diabólico, C$400; de zombie con cachos, C$400; Scary Movie, C$250; calavera, C$300; diablo azul C$700; duende verde, C$500; bufón, C$500; lobo, C$350; traje completo de “La mocuana”, C$500 (máscara y cotona), y Padre sin Cabeza, C$700.00.

También se pueden comprar máscaras en el Mercado de Artesanías ubicado a un costado de la Policía Nacional, en el mercado de la terminal de buses de Managua, y en los pueblos blancos.

Y aunque Espinoza elabora las mascaras de ceguas y lloronas, no olvida que cuando era niño, con solo escuchar el nombre de estos personajes, era suficiente para pasar una noche de pesadillas, sobre todo porque en aquella época no había calles, sino caminos, y tampoco había luz eléctrica.

La historia que más se escuchaba era que “La Cegua” le había salido a algún poblador que regresaba por la madrugada a su casa después de una noche de parranda; que a otro le había salido “La Llorona” por andar de infiel, y a otro “La Carreta Nagua” por andar de vago con los amigos a medianoche. Él sabe que estos son mitos y cuentos de camino, pero aun así se cuida de no llegar muy noche a su casa, no vaya a ser que esto tenga algo de cierto.

Los participantes de esta procesión del terror se reúnen frente a la Plaza Magdalena, del barrio Monimbó, y a las 8:00 pm inician su alegre marcha. En medio de aterradores gritos, arrastrar de cadenas, carcajadas, sones de toros y estruendo de pólvora, miles de disfrazados con máscaras de espantos, empiezan un espectáculo único en el mundo, donde la población baila al son de chicheros representando a los personajes que forman parte del inventario de mitos y leyendas de su ciudad, pueblo o comarca.

Alumbrados con antorchas, candelas de sebo, mechones de botellas con gas y bocanadas de fuego lanzadas al aire por temerarios jóvenes que usan spray encendido con chisperos, hacen delirar a los visitantes que les acompañan en el recorrido por las principales calles de la ciudad. No faltan en esta procesión los ataúdes con alegres difuntos enfundados en blancas cotonas, con sus caras pintadas de anilina roja y con pelucas bañadas de talco, así como guapas jóvenes disfrazadas de vampiresas y de diablesas.

Ana María López, recopiladora cultural y profesora de la escuela anexa “San Juan Bosco”, dijo que la procesión de los Agüizotes ya es una celebración a nivel nacional, porque llegan disfrazados con trajes y máscaras que representan las leyendas de todos los departamentos del país.

“Porque los Agüizotes significan miedo, susto, mito, aviso, representan lo nuestro, nada de Halloween, que es extranjero. Esta celebración es como un anticipo al gran ‘Toro Venado del Pueblo’, de Masaya, que se celebra el último domingo de octubre, o sea, dos días después de la noche de los Agüizotes”, explica la profesora López.

Esta alegre procesión de espantos, forma parte de las fiestas dedicadas a San Jerónimo, patrono de la ciudad, festividad que empieza con la bajada del Santo el 20 de septiembre, y luego sale en procesión por las calles de Masaya, en medio de sones de marimbas y de bailes de inditas y de diablitos.

Después se celebra la octava, con una alborada el 6 de octubre, y al día siguiente sale a diferentes comunidades. El 8 de octubre por la mañana regresa a su templo, donde permanece hasta el 28 del mismo mes, cuando el Santo es subido a su altar en la iglesia, y allí se queda hasta el siguiente año.

Durante esta festividad se realizan misas, bailes folclóricos --fuera del templo dedicado al Santo--, como el Baile de Negras y Los Diablitos, así como El Toro venado, que también son parte las fiestas de San Jerónimo, hasta que finalizan al concluir noviembre”, explicó Saúl McLean, sacristán de la iglesia San Jerónimo.

Para quedarse

Durante toda esta festividad y otras, Masaya ofrece varios lugares donde comer y dormir si llega la noche. Aquí una pequeña lista de hoteles y de restaurantes conocidos de la ciudad.

Hotel Rosalyn, 15 habitaciones, la noche con AA, US$20, con abanico U$15. Hotel Mirador de los Arcángeles, internet Wi Fi, con AA US$20, con abanico US$15.

Hotel “Yayabo”, cuatro habitaciones, con AA, TV Cable, a US$30 la noche. Ofrece comida típica cubana a C$180 el plato.

Hotel y Restaurante Cailagua: 24 habitaciones triples, la noche vale US$29. De comer ofrece filete de res, de cerdo, de pescado y de pollo a U$5.

Restaurante Aeropuerto 79 ofrece un variado menú que incluye, filete de res, a C$300; plato típico C$300, sopa de mariscos a C$180, camarón a C$250, y para la noche de Agüizotes, el trago “Padre sin Cabeza”, elaborado con receta misteriosa.

También se puede degustar comida típica nicaragüense en el tiangue de la Plaza Magdalena, del barrio Monimbó.

Cómo llegar:

En el Mercado “Roberto Huembes”, se toman los buses ordinarios que llegan hasta el mercado de Masaya. En la UCA se toman los microbuses expresos que también llegan a la ciudad de Masaya, conocida como “Ciudad de las Flores” y “Cuna del Folclor Nacional”, ubicada a 30 kilómetros de Managua.