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Un lugar para refrescarse en las aguas del Gran Lago de Nicaragua, saboreando chuletas de gaspar, zavalete o guapote, debajo de frondosos árboles de mango, nísperos y poponjoches, poblados de cientos de aves migratorias, es parte del atractivo natural que le espera a los veraneantes que visiten el archipiélago de El Nancital, frente a las costas de Acoyapa, Chontales.

Es un lugar donde la población ha encontrado en el turismo rural, una alternativa de sobrevivencia económica.

A 169 kilómetros de Managua, en la parte noreste del lago Cocibolca o Gran Lago de Nicaragua, 28 islas forman el archipiélago de El Nancital. Unas son rocosas y otras con tierra fértil y vegetación abundante.

Allí se observan centenares de especies de aves migratorias y nativas que hacen nidos entre las rocas o en los árboles.

En algunas de las islas existen pequeños farallones donde las olas se estrellan en las rocas. En otras hay bahías con playas de arena fina.

La mayoría son islas vírgenes y están deshabitadas. Las familias que viven en las más grandes llegaron aquí hace muchos años, procedentes de poblados del departamento de Chontales.

Los árboles frutales que prevalecen son mango, jocote, naranja, limón, guayaba, aguacate, fruta de pan y níspero. También hay cultivos de papaya, pitahaya y banano. Entre los árboles maderables están el ceibo y el guanacaste.

En el archipiélago viven 350 personas que subsisten de la pesca artesanal, porque extraen y venden guapotes, róbalos, tilapias, mojarras y zabaletes, especies lacustres que comercian en las ciudades de Juigalpa y Managua.

El Nancital es zona de descanso para miles de aves migratorias que proceden del norte de América, mientras se desplazan hacia el sur del continente.

Sobre estas isletas se cuentan historias fantásticas, como la de un bote con pescadores que aparece en noches muy oscuras, y se oyen gritos y voces que llegan del lago. Dicen los lugareños que esas voces proceden del sitio donde se hundió un barco de vapor a finales del siglo XIX, cuyos restos se pueden ver en verano cuando baja el nivel del lago.

Pescado al gusto

Aunque las islas no cuentan con hoteles ni restaurantes, los pobladores se las ingenian para atender a los visitantes, ofreciéndoles hospedaje y alimentación en hostales rudimentarios y pequeños.

Desde allí se divisan las siluetas de los volcanes Concepción y Maderas, de la Isla de Ometepe, situada en el mismo lago pero en el extremo sur.

Para visitar estas islas, es preciso contratar los servicios de un pescador que tenga su propio bote o contactar a los dueños de un hospedaje para que llegue a traer a los visitantes al muelle de La Horqueta, en tierra firme.

La Isla El Terrón, con 17 casas, es la más poblada. Cuenta con una escuela a la que asisten estudiantes de las otras islas. Es considerada por eso como la “capital” del archipiélago.

En esta isla varias familias ofrecen servicios de botes para paseos, y alimentos a base de pescado, ya sea frito, asado o en sopa, a precios que oscilan entre C$60 y C$250.

Edwin Taisigüe es uno de los que “acomodan” a los visitantes bajo enramadas a la orilla del lago, alquilándoles hamacas o preparándoles comida. Dice que tiene en proyecto construir un hotel ecológico, pero lamenta no contar con el apoyo financiero para esta obra.

“Sería bueno que Intur (Instituto de Turismo) nos apoyara, porque aquí no tenemos apoyo de nadie”, lamenta Taisigüe.

En la Isla Baja, María Lidia Reyes construyó cinco habitaciones de tabla en el segundo piso de su casa, y ahora ofrece hospedaje a parejas, por C$200.00 la noche, y cabañitas de palma a la orilla de la playa por C$150.00 el día. Aquí, un pescado frito de una libra vale C$100.00.

En otra parte de este mismo islote, Axel Mendoza ha creado su propia versión de “Isla El Paraíso”, un espacio para descansar frente al extenso lago. Son cinco habitaciones con ventanas, de donde se ve a lo lejos Puerto Díaz, y, en el otro extremo, la Isla de Ometepe.

La Isla Arenas está cubierta de árboles de mango, cocoteros y jocotes. Tiene una pequeña bahía, y junto a ella un bosquecito frondoso, colmado de frutas.

En esta isla, Kerling Correa ofrece alimentación y enramadas para los turistas.

“Aquí los atardeceres son increíbles, este es un lugar muy lindo, pero el principal problema es que reparen el camino, porque a este lugar casi nadie viene porque la carretera es pésima”, asegura Correa. Se refiere a la carretera que une al muelle de La Horqueta con el poblado de Acoyapa, en tierra firme. Las islas están frente a La Horqueta.

María Nela Murillo dice que la gente llega a las islas por el pescado, y en Semana Santa los habitantes de El Nancital aprovechan para ganar más dinero atendiendo a los veraneantes.

En la Isla La Ceiba, de 5 manzanas, Leónidas Retenes Corea, dueño del barcito y restaurante Brisas del Lago, ofrece un menú variado, que incluye iguana, tortuga y pescados guapotes.

Retenes Corea afirma que a este lugar quienes más llegan son habitantes de Chontales. Muy pocos proceden de Managua porque, según él, estas islas son poco conocidas, a pesar de estar a cuatro kilómetros de la costa.

Sus pobladores esperan ansiosos que el archipiélago sea declarado “Parque Ecológico Municipal El Nancital”, por la comuna de Acoyapa, porque “tal vez así destinan recursos para reparar la carretera de acceso y promueven El Nancital como destino turístico”, declaró Kerling Correa.

La asistente del Alcalde de Acoyapa, Rosa Amelia Orozco, dijo que “el proyecto de declaratoria del Parque Ecológico está en proceso, todavía no se ha declarado como tal”.

Cómo llegar:

El Nancital es parte del municipio de Acoyapa, Chontales. Para visitar este archipiélago se toma la carretera hacia San Carlos, Río San Juan. Después de pasar Acoyapa, se avanza hasta un empalme, en el km 182, de donde se dobla a la derecha, y se recorren 22 kilómetros hasta llegar al muelle de La Horqueta. Los buses a San Carlos salen del Mercado de Mayoreo, de Managua, pero no hay transporte público de Managua que llegue hasta La Horqueta. Lo ideal es ir en vehículo privado.