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Enviado especial, Petén, Guatemala

 

Mi equipo solo consistía en una mochila, mis gafas para el sol, un repelente para los zancudos, bloqueador solar, una botella de agua y la infaltable cámara, para tomar todas las fotos posibles del lugar. Mi misión: conocer y recorrer el famoso Parque Nacional Tikal, donde aún se observan las ruinas de esta antigua ciudad de la civilización maya que se levantó en esta zona selvática de Guatemala.

La experiencia inició el viernes 31 de mayo a las tres y media de la mañana en Antigua, Guatemala, desde donde partí con un grupo de colegas centroamericanos y estadounidenses rumbo al Aeropuerto Internacional La Aurora, donde nos esperaba un avión que nos trasladaría a Petén, un departamento que está a 500 kilómetros de la ciudad de Guatemala. El vuelo partió a las siete de la mañana.

Una hora más tarde estábamos en Petén, el cambio de clima es impresionante, del frío de la colonial Antigua, al calor sofocante de Petén. Salimos a las ocho y media de la mañana y nos enrumbamos en un microbús turístico hacia las ruinas de la antigua ciudad maya denominada Tikal.

“Es importante que cuando lleguemos al Parque Nacional Tikal, ninguno de los turistas que están a mi cargo se aleje del grupo, es muy peligroso, si se pierden sería muy difícil encontrarlos”, indicó Roberto Guillén, el guía turístico que nos fue asignado por el Instituto Guatemalteco de Turismo, Inguat. Guillén explicó que esto se debe a que estas ruinas se encuentran en medio de la selva tropical de Petén.

Desde que uno llega al sitio, es imposible pasar desapercibidas las incomparables e incontables bellezas naturales que nos regala la selva virgen que aún existe en el lugar. Cada turista paga US$20 por ingresar al Parque Tikal y desde la propia entrada se pueden ver las señales a lo largo de la carretera, que indican la velocidad máxima a la que pueden correr los vehículos, 40 kilómetros por hora, esto debido a la abundante fauna silvestre que existe en la zona.

“Es por la cantidad de animales que cruzan estas carreteras, y como es un área protegida, los animales son intocables”, indicó el guía Roberto Guillén.

Experiencia inolvidable

Al llegar al parque me embargaba el entusiasmo por conocer probablemente, una de las construcciones arquitectónicas más famosas y antiguas del mundo maya y de las tierras bajas de Mesoamérica. Lo primero que nos encontramos en la entrada principal es una maqueta de la antigua ciudad maya, con la ubicación exacta de cada uno de los monumentos existentes.

En esa zona los guías reúnen a las turistas y les explican un poco sobre la historia de la antigua civilización y cuál es el significado de cada uno de los monumentos.

El lugar, pese a contar con una extensa masa forestal, es muy caliente, y es recomendable que los turistas lleguen con ropas desahogadas y zapatos tenis, así como con repelente para los mosquitos, y una gorra y crema para protegerse del sol.

La verdad, es uno de los lugares más impresionantes que he visitado, pirámides sobresaliendo entre la espesura de la selva, glifos espectaculares, construcciones increíblemente elaboradas que hacen que uno se pregunte el cómo y el porqué del origen de las mismas.

El viaje desde la entrada del parque hasta llegar a la zona central, donde se encuentran las torres, se hace a pie y tarda aproximadamente una hora, pero vale la pena. Al llegar al sitio el turista se encuentra con uno de los mayores yacimientos arqueológicos del mundo y que un día fue el principal centro urbano de la civilización maya. Actualmente el Parque Nacional Tikal es Patrimonio de la Humanidad, declarado así por la Unesco en 1979.

En el lugar es común ver a indígenas descendientes de los mayas ofreciendo todo tipo de artesanías hechas a mano y con precios dolarizados.

El guía turístico nos explicó que todos los visitantes extranjeros que llegan a Guatemala quieren conocer el Parque Nacional Tikal, pero que muchos no lo hacen por la lejanía del lugar y el costo económico que implica.

Sin embargo, es notorio observar el peregrinar de hombres y mujeres, especialmente norteamericanos y europeos, en una búsqueda constante por escudriñar desde el propio centro de Tikal, los misterios de la antigua civilización maya.

El recorrido por el mundo perdido de los mayas inició a las diez de la mañana y finalizó a las tres de la tarde, la hora del almuerzo. A las cinco de la tarde partimos hacia el aeropuerto de Petén, sin embargo, no fue sino hasta las siete de la noche que abordamos el avión, producto de un fuerte aguacero que azotaba la zona. Una espera que, como dije antes, valió la pena.

El Nuevo Diario visitó el mundo perdido de los mayas, atendiendo una invitación del Instituto Guatemalteco de Turismo, Inguat, para asistir a la II Cumbre Centroamericana de Cruceros, y de paso visitar esta monumental obra arquitectónica cuya existencia se remonta al siglo IV antes de Cristo.

 

Curiosidades de las ruinas mayas de Tikal

El Templo del Gran Jaguar o Templo I, es un templo funerario-ceremonial construido en el año 700 por la civilización maya, siendo la construcción principal de la ciudad más grande del período maya.

Esta situado en la gran plaza de Tikal y tiene una alzada de 45 metros, la altura actual de un edificio de 9 a 10 pisos.

Actualmente su estado de conservación es bueno y está restaurado parcialmente, no es posible que los turistas suban por su escalera principal, debido al riesgo que existe. Tikal fue una de las ciudades más grandes y pobladas de la civilización maya y —según los historiadores— era la Nueva York de aquellos tiempos.

La extensión del Parque Nacional Tikal es de aproximadamente 576 kilómetros cuadrados y es considerado el sitio arqueológico excavado más grande del continente. Los historiadores señalan que entre los años 200 y 850 de la era actual, algunos palacios de la élite fueron quemados, y la población gradualmente decayó hasta que el sitio fue abandonado a finales del siglo X.