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A solo 15 kilómetros de la ciudad de Diriamba, en el departamento de Carazo, el visitante encontrará la cascada de San Juan, también conocida como Salto El Zopilote, un destino turístico muy bien resguardado por los pobladores de la comunidad San Juan de la Sierra.

En el fondo de una hondonada cubierta de un ralo bosque y a solo unos 500 metros de San Juan de la Sierra, las aguas del apacible río Guayacán se precipitan abruptamente sobre el filo de una muralla de roca, para caer más de 20 metros formando una torrentosa cortina blanca, la que es muy visitada por su singular belleza y apetecida por los diriambinos y caraceños en épocas de verano.

Se trata de la cascada de San Juan, también conocida como Salto El Zopilote, la que es resguardada por los pobladores de San Juan de la Sierra, comunidad campesina dedicada a la producción de granos básicos, verduras y la crianza de ganado para producir leche, queso y cuajadas.

En esta comunidad, donde reina un clima de trópico seco, el agua es un elemento muy preciado, por eso los pobladores tratan de proteger los últimos residuos del bosque, por donde circulan caños, quebradas y ríos como el Guayacán, que da vida a la cascada de San Juan o Salto El Zopilote.

En la parte baja de esta cascada se construyó un rancho que sirve para ofrecer comida y guarecerse de esporádicas lluvias y de los rayos del sol, además existe un área para que los visitantes se instalen al aire libre. En este lugar, las aguas que caen del acantilado forman una piscina, revestida con bordes de concreto, la que es utilizada frecuentemente por grupos religiosos evangélicos para realizar bautizos, así también para retiros y eventos sociales privados.

María Díaz, pobladora del lugar, confirmó que durante la Semana Santa, este sitio se llena de veraneantes provenientes de Carazo y de Managua, que llegan a descansar y refrescarse en esta poza y en dos represas más que hay río arriba, y que los pobladores vigilan que estén llenas.

La entrada a este destino turístico es de apenas C$20 durante el verano (menos de 1 dólar). En esa época, los propietarios reparan el camino de acceso y dan mantenimiento a la pileta, sacándole todo el sedimento que le cae durante el año.

En San Juan de la Sierra, lamentablemente, no hay hoteles ni restaurantes, pero los visitantes que quieran comer en el lugar, pueden encomendar comida casera a doña María Baltodano, que vive al lado izquierdo del portón de entrada a la trocha que baja a la poza.

Para dormir allí, los visitantes pueden llevar casas de campaña y quedarse en el bosque, cerca de la cascada, o buscar un buen hotel en Diriamba. También cobran la entrada durante los fines de semana.

El Salto La Culebra

Después de conocer el Salto de San Juan, caminando por una de las riberas del río, entre peñascos y bajo la sombra de los últimos guayacanes, genízaros, guanacastes, ceibos y matapalos, se llega al Salto La Culebra, ubicado 300 metros río abajo.

Este es un poco más pequeño que el de San Juan o El Zopilote (unos 11 metros de altura) pero con más potencia en su caída. Sus aguas descienden entre un canal natural, formando a su pie una poza de mediana profundidad, donde los visitantes se pueden bañar y disfrutar de sus frescas aguas.

A este salto también se puede llegar por el camino de tierra que va hacia otras comunidades del interior, solo se avanza menos de un kilómetro por la misma ruta que pasa por San Juan de la Sierra, y se detiene en la casa de Juan González, para dejar allí la moto o el carro si va en uno propio, y luego tomar el camino a pie que le lleva directo al plan del río Guayacán, desde donde se ve la poza y la caída de agua que sale de entre las rocas.

Basta avanzar unos 200 metros, en bajada y por la falda de la estribación montañosa, para disfrutar del paisaje y del balneario natural. Mientras se baja, se puede escuchar de cerca el canto de cenzontles, guardabarrancos, loras, urracas y por el camino ver, de vez en cuando, algunas lagartijas y garrobos que se cruzan asustados.

Para esta caminata en el campo es necesario llevar agua en botella y caramelos, el caramelo para suplir energía y el agua para combatir la sed y la deshidratación, sobre todo al regreso, durante la subida, que debe hacerse despacio para evitar la fatiga.

Otra actividad que se puede disfrutar en esta comunidad son los paseos a caballo, que se pueden alquilar en varias fincas del lugar. O si se busca una aventura original, el visitante puede rentar una carreta que es jalada por una junta de bueyes y recorrer así la campiña.

Por el momento, en este lugar no hay presencia institucional de la Cruz Roja ni de la Policía, por eso se recomienda tomar todas las medidas de precaución al bañarse en las pozas o en las cascadas, así como con el cuido de los bienes personales, pues aunque la comunidad es muy segura, de acuerdo con sus pobladores, nadie responde por los objetos robados o extraviados.

¿Cómo llegar?

En Managua hay que abordar los buses y microbuses que salen del mercado “Israel Lewites” que van a Jinotepe y bajarse en Diriamba. También salen unidades hacia Jinotepe, Carazo, desde las paradas frente a la Universidad Centroamericana (UCA).

En Diriamba se toma la carretera que va hacia La Boquita. A 1 ½ Km. se toma el desvío que va hacia San Gregorio y 7 kilómetros adelante, se dobla hacia la izquierda y se pasa por las comunidades de Zacate verde, El aguacate, Las mercedes y se llega a San Juan de la Sierra, comarca por donde pasa el río Guayacán, que tiene entre sus atractivos naturales los saltos de El zopilote y La culebra.

ovalenzuela@elnuevodiario.com.ni