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Cuando se viaja de Managua hacia el norte del país, al pasar por el kilómetro 70, ante la vista del viajero pasa la imagen de una laguna donde flotan bandadas de patos migratorios, mientras caminan sobre las hojas de lechugas acuáticas pequeños piches y aves del zarzal.

Por la mañana, pero más frecuente por la tarde, es común ver grupos de jóvenes y adultos metidos en medio del humedal o inmóviles, sentados sobre una piedra, con una cuerda de nylon amarrada a la punta de una vara de jícaro, a la espera de un “jalón”, indicativo del “piquete” de un guapote, porque aquí la pesca, más que un deporte, para muchos es una necesidad, aunque para otros un tranquilo entretenimiento que a veces es recompensado con una buena “piña” de tilapias, guapotes o, cuando menos, una docena de mojarras para hacer un buen “sopón”.

Esta laguna se llama Las Playitas y junto a Moyuá y Tecomate, distantes 2½ y 2 kilómetros más adelante, constituyen un sistema de lagunas de formación geológica perteneciente al vulcanismo terciario, formadas hace miles de años. Por su biodiversidad y bellezas naturales, estas lagunas son unos de los principales atractivos turísticos del departamento de Matagalpa.

 

Alimentos y verduras

En La Curva, como también es conocida esta playita, existen comedores donde ofrecen vaho, comida corriente, pescado frito de la laguna de al lado, quesillos y tiste.

Aquí mismo, durante el verano, en época en que la laguna baja su nivel y permite el cultivo de hortalizas, los pobladores venden pipianes, tomates, cebollas, pepinos y melones, entre otros.

2 kilómetros adelante se encuentra la comarca Puertas Viejas. Caminando menos de un kilómetro hacia la izquierda de la Carretera Panamericana se encuentra la laguna de Moyuá, que tiene una extensión de 5 kilómetros cuadrados de superficie y se encuentra a 400 metros de altura sobre el nivel del mar, la que constituye una extensión del llamado Valle de Sébaco y la Cordillera Central de Nicaragua.

 

Cacería incontrolable

La laguna de Moyuá tiene dos islas, isla Honda e isla Seca, la primera llena de vegetación y con una altura máxima de 30 metros sobre el nivel del agua y la otra con 20 metros en su parte más alta. Debido al despale indiscriminado y la cacería incontrolable, la fauna mayor de la zona está casi exterminada, sobreviviendo solo algunas especies de reptiles como garrobos, iguanas, zorros, conejos y en menor cantidad venados cola blanca.

Lo que sí es abundante en esta laguna son las aves, como las palomas cola blanca, tórtolas, guises, urracas, oropéndolas, chocoyos, correcaminos, chichiltotes, carpinteros, gorriones, querques, pocoyos, garzas, zarcetas, piches y otros. Además, existen serpientes cascabel, corales, boas, bejuquillas, ratoneras, voladora, castellana, raneras y culebras micas.

 

Turismo dominical

Gerardo Antonio Tórrez Avendaño cuenta que todos los fines de semana a esta playa vienen decenas de personas de Ciudad Darío, Calabazas, Sébaco, Matagalpa y hasta de Managua, a pasear en lanchas y a pescar con anzuelos, mientras que otros llegan para pasear en botes o simplemente a comer guapotes fritos en los comedores que hay a la orilla de la carretera.

“Los domingos aquí se pone bonito, la gente trae sus calderitas y ahí nomás cocinan los pescados que sacan de la laguna, hacen sopa y la pasan tranquilos”, afirma Tórrez Avendaño.

 

Los duendes y los misterios de la laguna

Julio César Castro Reyes, nativo de Puertas Viejas, cuenta que cuando sale a pescar llega a la playa a las 4:00 am, y trabaja hasta las 10:00 de la mañana; “solo pesco en abril y en temporada de invierno, cuando la pesca se pone buena, pero de noviembre a febrero no vengo porque se pone mala la pesca, mejor me pongo a sembrar hortalizas, tomates, pipián y sandía”, asegura Castro Reyes.

Agrega que alrededor de la laguna de Moyuá existen más de 50 pescadores que tienen unos 35 botes de madera y remos, con los que trabajan casi todos los días del año.

Castro Reyes cuenta que sobre esta laguna y sus alrededores existen muchas historias de duendes y espíritus burlones, como la que ocurrió en la casa de su tío, una vieja construcción de tablas y techo de tejas de barro, levantada en el borde de una colina que tiene vista a las aguas de la laguna y de fondo la isla Honda.

“Eran unos ‘duendales’ los que había en esa casa, que no es jugando, vea; sacaban las cuajadas y se las tiraban a uno en la espalda, y cuando uno buscaba, no había nadie. Tiraban los zapatos, las medias y los sombreros; a los perros como que les pegaban con un garrote o una vara, y buscábamos y no había nadie, entonces mi papá decía: ‘Esos son los duendes, no les ponga mente hijo, porque si usted los torea, se ponen peor, le hacen zanganadas y más lo atacan a uno, mejor quédese callado, hijo’, nos decía”.

Para él, esta laguna tiene un gran misterio: “Cada 14 años la laguna se seca sin nada de agua, queda en polvo, tanto que hasta la recorren en vehículo aquí adentro, entonces la gente se pone a sembrar pipianes, sandía y hortalizas. Yo he visto 3 veces seca esta laguna, pero ahorita tiene como 10 años que no se seca, eso nos causa problema a los que tenemos ganado, porque tenemos que hacer pozos para aguar las vacas”, lamenta Castro Reyes.

 

Las ollitas

Adolfo Castro Suárez, 73 años, habitante de la casona de tablas, cuenta que desde chavalo a él le gustaba visitar la isla Honda, donde dice que una vez encontró enterradas un montón de ollitas de barro.

“Eso fue en 1982, cuando yo estaba preparando un área para sembrar tomates, y con el azadón sentí algo en el suelo, y cuando veo, eran 24 ollitas de todo tamaño, grandecitas y chiquitas, las trasladé a la casa y tomé una para echar moneditas”, asegura Castro Suárez, quien tambien narra su experiencia con los duendes.

Recuerda que el 24 de junio de 1982, día de San Juan Bautista, su papá no estaba y después de acostarse sintieron que empezaban a tirar piedras contra la casa, y como es de tabla, aquello se oía, ¡pla!, ¡pla!, ¡pla!, y dice mi hermano mayor: ‘Oye, levantémonos a ver quién es, uno se va por aquí y el otro por allá’. Había Luna clara, vimos, y nadie había. Al rato nos acostamos y de nuevo las pedradas. Cuando vino mi papa le contamos lo ocurrido, y no pasaron 15 días cuando otra vez las pedradas sobre la casa”.

Su papá se levantó entonces de madrugada, salió y dijo a voces: “Si ustedes creen que me van a sacar con el ruido, están equivocados, a mí me cuesta mi casa con el sudor de mi frente; vuelen todas las piedras que quieran, pero de aquí no me van a sacar”, y así dejaron de molestar. Todo es tener el valor, afirma Castro Suárez.

Un par de kilómetros adelante de Puertas Viejas se encuentra la laguna Tecomate, un humedal rodeado de cerros a la orilla de la carretera que sirve de refugio a decenas de especies de aves migratorias y nativas, así como también es un sitio donde existen peces y tortugas que alcanzan gran tamaño.

 

Proyecto turístico de comunitarios

Para conocer las bellezas naturales de la laguna de Moyuá existe un proyecto turístico gestionado por los comunitarios, quienes construyeron dos ranchos para que las familias lleguen a disfrutar de un día a la orilla de paradisíacos paisajes naturales.

Tomás Moreno, guía turístico y socio comunitario, explicó que ellos tienen dos pangas de fibra de vidrio con motor fuera de borda, para trasladar hasta 20 personas al otro lado de la laguna, donde existen, además de las cabañas, hamacas, cocinas y trastos para cocinar.

Moreno dijo que ellos hacen excursiones a las islas Honda y Seca, así como también recorridos a lo largo de la laguna para pequeños grupos de turistas nacionales y extranjeros a precios accesibles. Un viaje de 4 kilómetros para cruzar la laguna cuesta C$50 por persona (este precio es para grupo) un almuerzo de comida corriente cuesta entre C$60 y C$80. Para contactos: 8976-5557 y 8979-8989.

 

Dónde comer pescado frito

“Pescafrito” es el comedor más grande de la zona, tiene como especialidad el pescado frito y también ofrece comida corriente.

Leydi Moreno, administradora, explicó que aquí preparan guapote de la laguna de Moyuá, así como tilapia y róbalo traídos de la isla de Ometepe. Los precios van desde C$100 un pescado frito o encebollado, hasta C$300 un gran lagunero. La comida corriente cuesta C$90.

 

Cómo llegar

En el Mercado de Mayoreo abordar uno de los buses que van hacia Matagalpa o Estelí; bajarse en el kilómetro 70. Allí se puede contactar con Tomás Moreno o con cualquier otro pescador que tenga bote, para que le haga un tour por la laguna.