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La aventura empezó desde que el bote de madera con motor fuera de borda salió a lago abierto, justo donde terminan las isletas de Granada, que protegen de los vientos que vienen con fuerza del extremo este del Gran Lago de Nicaragua.

Cinco estudiantes de la Universidad Americana (UAM), a cargo de la profesora Mariana Castro; Rafael Córdoba, el dueño de la embarcación, con su esposa y sus dos hijos; Charly, el perro juguetón de la familia; el motorista y este servidor, de pronto nos vimos subiendo y bajando las crestas de las olas del lago más grande de Centroamérica, que este día amaneció “picado”.

El recorrido desde la Marina Cocibolca, en el puerto de Asese, hasta la isla Zapatera, es de solo una hora, pero con el fuerte oleaje parece una eternidad, sobre todo para las jóvenes universitarias, que en más de una ocasión gritaron eufóricas al sentir la cortina de agua cayendo sobre sus espaldas. Si el lago hubiese estado calmo, quizás el viaje habría sido aburrido.

En nuestro viaje, siempre nos acompañó, a la derecha, la imponente silueta del volcán Mombacho. Al llegar, fondeamos en un muelle de madera que termina en los escalones del Ranchón del hotel ecoturístico Bahía Zapatera, cuyas cuatro habitaciones familiares fueron construidas a la orilla de la costa.

Son habitaciones frescas que tienen al lado de las puertas marcos con cedazo fino para que no entren insectos voladores, y solo deje entrar el aire fresco que traen las olas que llegan a morir a la orilla de la playa.

Aquí no hay ruido de carros, ni música estridente ni televisión. Hay una inenarrable paz, que solo se puede entender durmiendo en una de las acogedoras hamacas colgadas en el porche de cada habitación.

La eterna juventud

Sin dejar enfriar el cuerpo, salimos a pie rumbo a la laguna volcánica, donde la gente no llega a bañarse sino a cubrirse cara y cuerpo con el lodo volcánico del fondo, el que según Rafael, guarda el tesoro de la eterna juventud, ya que el que se cubre de este barro, rejuvenece 10 años en solo media hora, y su piel se torna tierna y suave como la de un niño.

Después de un relajante descanso, almorzamos el plato típico del hotel: unos, mojarras fritas con tostones, arroz, frijoles y ensalada de tomates con cebolla frita encima, y otros prefirieron las tentadoras piernas y pechugas de pollo asado con curry, y fresco de tamarindo.

Por la tarde fuimos a la isla El Muerto, donde existe una piedra gigante en forma de plancha, de 50 metros de largo por 25 metros de ancho, con más de 120 figuras grabadas unos 650 años antes de Cristo.

Con la puesta del sol regresamos a cenar y luego nos dispusimos a dormir. Aquí, solo basta acostarse para que el suave y monótono vaivén de las olas, junto al fresco aire que se cuela por el cedazo, más la suavidad de la cama, le quite a uno todo el estrés acumulado y le haga dormir profundamente.

Al siguiente día salimos a caballo en expedición al cerro Zapatera, distante 5 km del hotel, donde en su cima, de 624 metros de altura, se encuentra lo que se cree fue un centro ceremonial, formado por siete enormes rocas con figuras y símbolos esculpidos hace más de 1,000 años.

En la subida vimos que el bosque se mantiene casi virgen, y pudimos escuchar el alboroto de las loras verdes y nuca amarilla en un robusto árbol de pochote; también vimos pavas, urracas y otras aves.

Zapatera es como un museo al aire libre, donde a cada paso se encuentran vestigios de su pasado aborigen, pero también es un sitio de paz donde se puede descansar tranquilo en una rica hamaca frente al lago.

Contactos:

zapateratour@gmail.com; 88840606

 

Hotel en bahía de la isla

Santa María Ecolodge Spa.

Contacto: 2277-5299-88837533, con Katia Córdoba

santamariaisla

zapatera@gmail.com

 

Cómo llegar:

Salida de Marina

Cocibolca. Granada.

Puerto de Asese.

 

25 ídolos de piedra encontrados en Zapatera se exhiben en el museo-convento San Francisco, de la ciudad de Granada.

16 km de distancia hay entre Granada y la isla Zapatera.

100 ídolos o más se han sacado del Parque Nacional Isla Zapatera.

25 venados entre adultos y juveniles, viven libres en la isla El Muerto.

 

* ovalenzuela@elnuevodiario.com.ni